Hay partidos en que la emoción derrota al análisis racional por goleada. La épica remontada de la Selección frente a Egipto para convertir un 0-2 que lo mandaba a casa en un 3-2 para la historia fue uno de ellos. ¿Quién dijo que todo está perdido? A falta de 13 minutos para el final, más de 40 millones de argentinos. Pero este equipo siempre cree y Lionel Messi -que había jugado decididamente mal, penal atajado incluido- apareció para ofrecer su corazón, con una asistencia para el descuento del Cuti Romero y su octavo gol en la Copa para poner el 2 a 2.
La tarde en Atlanta tenía reservado mucho más para el sentimiento argento. Con el partido roto, Argentina fue a buscar el tercero y se descuidó en defensa. Cuti Romero se había instalado como número 9 y salió una contra mortal para los Faraones que tuvo un corte fantástico de Leandro Paredes que le devolvió el pulso a todo un país en un ataque de tres contra dos. Después, perdió a Salah y los descuidados fueron los africanos, que se quedaron con las manos vacías por un centro de Lautaro Martínez que Enzo Fernández cabeceó como si fuese Martín Palermo para una victoria inolvidable.
Argentina sigue viva. Sin fútbol, sin físico, con decisiones erradas y por momentos desenfocado, siempre aparece el ojo de tigre, ese plus que le permitió dar vuelta un partido ilevantable, cuando el mundo del fútbol se frotaba las manos por la caída del Campeón del Mundo. Al equipo de Lionel Messi y su guardia pretoriana no hay que darlo por muerto hasta el últmo suspiro. Egipto lo lastimó mucho, pero lo dejó vivo y la Scaloneta tiene ese plus que no se compra, solo se hereda. El vuelo de Egyptair salió rumbo a El Cairo. Argentina espera por seguir la historia en Kansas.
El partido dejó flashes. Pocos fueron momentos felices o positivos, más allá del la impactante remontada final. Hay que decirlo: Argentina está muy lejos de su nivel en Qatar. Desde lo colectivo, desde los flojos rendimientos individuales, desde un juego que no fluye. Por el resultado final, el corazón se lleva puesto al análisis futbolístico, pero Cabo Verde fue un aviso y Egipto el abismo solo a un paso de distancia.
Los Faraones se habían puesto en ventaja a través de Yasser Ibrahim y Mostafa Ziko, pero el Seleccionado revirtió la historia gracias a los goles de Cristian Romero, Lionel Messi y Enzo Fernández. Detrás de la cronología pura y dura, hay muchas cosas que modificar para el partido de cuartos de final ante Suiza.
Argentina no jugó bien pero encontró combustible en una victoria vital para el ánimo del plantel
La Scaloneta pagó muy caro un inicio liviano del partido y tuvo una notoria carencia a la hora de encontrar espacios para vulnerar a un seleccionado egipcio encontró la ventaja cuando el defensor Yasser Ibrahim le ganó en las alturas a Lisandro Martínez y abrió el marcador con un gran cabezazo tras un preciso centro del mediocampista Marwan Ateya.
Más allá de la impericia albiceleste, el arquero Mostafa Shobeir fue la gran figura de la primera mitad. Le atajó un penal a Lionel Messi (por falta clara sobre Nicolás Tagliafico), un buen cabezazo a Alexis Mac Allister y una definición de fuisilamiento de Julián Álvarez tras una pelota que le bajó Tagliafico. Además, el caño derecho salvó al conjunto africano ante un tiro libre de Messi.
En el segundo tiempo, Egipto se replegó en defensa y le generó a la Scaloneta los mismo problemas que Cabo Verde, con el agravante de una mayor calidad de sus jugadores para la contra. el equipo argentino, irresoluto en ataque, coqueteó con la eliminación porque Mostafa Ziko anotó el 2-0 que fue anulado por una infracción previa en la otra punta de la cancha. Un foul chiquito, que a la inversa hubiera generado la furia argentina, pero -al fin y al cabo- una infracción de esta era dominada por la imagen del VAR.
Parecía que Argentina había zafado, pero Egipto calcó la jugada y -ahora sí- Ziko puso el 2-0 que parecía definitivo sobre los 22 minutos de la segunda parte. Argentina sufrió el golpe y resistió como pudo. Era el final para todos, menos para uno. El 10.
Todo lo que no hizo Messi en el partido, lo hizo en los últimos 15 minutos. El crack apareció perdido durante 75 minutos, jugó incómodo y nunca se recuperó del penal fallado. Cada vez que encaró, perdió. Cada intento era una frustración, hasta que apareció el fuego sagrado, el corazón al servicio del equipo.
Todo lo que Messi no hizo en 75 minutos lo logró en el final del juego, gol incluido
Lionel Messi encontró el espacio por la derecha y mandó el centro al área, un pase a la cabeza de Cuti Romero que metió un tremendo cabezazo para el gol del descuento. Automáticamente, Shobeir dejó de ser la reencarnación de Lev Yashin, Egipto sintió el terror de haber dejado vivo al monstruo y Argentina, como todos los grandes equipos, olió sangre y atacó la yugular del rival.
Messi ganó como extremo y casi Lautaro Martínez consigue la igualdad de cabeza. A esa altura, el seleccionado era otro. Jugado en ataque, metió gente en el área rival y, tras una pirueta de Lautaro y un toque atrás de Montiel, Lionel Messi señaló el 2 a 2 con una tremenda volea que se coló arriba para dejar sin chances al golero. Desahogo enorme para Messi, que gritó el gol como pocas veces.
Quedaba el final de locos. De ida y vuelta, con dos equipos que no mensuraron riesgos ni la cercanía del alargue para replantear cosas. El cabezazo de Enzo Fernández le puso el moño a una tarde inolvidable, que será épica si la historia de este Mundial termina con gloria. Los festejos es todo el país hablaron a las claras del sentir del hincha argentino en una tarde que pinatba para drama y terminó en victoria épica.
La Selección sigue viva. Deberá mejorar, seguro, pero los rivales toman nota: Argentina está de regreso en el Mundial.
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