Las maniobras de la ciberdelincuencia siguen evolucionando y cada vez son más sofisticadas. En las últimas horas se conocieron dos nuevos casos, que comenzaron de manera diferente, aunque tuvieron un mismo desenlace: millonarias pérdidas económicas para quienes las sufrieron.
Un vecino de Berisso, de 56 años, denunció haber sido víctima de una obra de ingeniería delictiva luego de buscar un teléfono de una tarjeta de crédito en Google, episodio que derivó en una cadena de préstamos que nunca solicitó. En tanto, una jubilada de 77 años, con domicilio en Gonnet, explicó que tras contactar una falsa promoción de una cadena de supermercados, sufrió abultadas transferencias, que le vaciaron su cuenta bancaria (ver aparte).
Ambos casos ahora quedaron bajo investigación judicial y vuelven a poner en evidencia el avance del delito cibernético.
En el primero de los episodios expuestos, el damnificado denunció haber sido víctima de una estafa que comenzó con una simple consulta en un buscador de internet y terminó con la aparición de préstamos millonarios, que jamás requirió, además de una serie de transferencias y movimientos bancarios, que habrían sido realizados bajo engaño.
De acuerdo con su presentación ante las autoridades, todo ocurrió el pasado 12 de junio cuando intentó comunicarse con una reconocida tarjeta de crédito para realizar una consulta.
Según expuso a continuación, mientras buscaba un número de contacto en internet, encontró un teléfono que aparentemente pertenecía a la firma y decidió llamar.
Según relató, la persona que atendió comenzó a realizarle preguntas vinculadas con sus datos personales y cuestiones relacionadas con su tarjeta. Durante la conversación le solicitaron información sensible, bajo el supuesto de estar gestionando un trámite legítimo.
Minutos después, la comunicación continuó mediante una videollamada de WhatsApp en la que también participó el teléfono de su hija. La víctima explicó que en todo momento creyó estar interactuando con representantes oficiales de Visa, ya que observaba el logo de la empresa durante la comunicación.
Bajo esa apariencia de legitimidad, los supuestos operadores comenzaron a indicarle una serie de pasos a seguir desde su teléfono celular. Sin advertirlo, el hombre habría compartido la pantalla de su dispositivo, permitiendo que los estafadores observaran en tiempo real claves, accesos y movimientos dentro de sus aplicaciones financieras.
Durante la maniobra le indicaron descargar distintas aplicaciones, entre ellas plataformas que hasta ese momento no utilizaba. También lo guiaron para realizar movimientos de dinero entre diversas cuentas.
La situación se prolongó durante varias horas e incluso continuó al día siguiente. En base a la documentación oficial, uno de los interlocutores se identificó como “Gustavo” y mantuvo nuevas conversaciones telefónicas con la víctima, quien ya manifestaba preocupación por los movimientos detectados en sus cuentas.
Según la denuncia, los estafadores intentaron convencerlo de que determinadas operaciones serían revertidas y que el dinero regresaría a sus dominios. De hecho, observó acreditaciones en algunas billeteras virtuales, lo que inicialmente le hizo pensar que el problema estaba siendo solucionado.
Sin embargo, al recuperar posteriormente el acceso a sus aplicaciones bancarias, descubrió una situación mucho más grave. El damnificado afirmó que en una cuenta de un banco líder del mercado aparecían acreditados dos préstamos personales por 1.490.000 y 14.000.000 de pesos respectivamente, operaciones que asegura no haber solicitado ni autorizado.
Además, señaló que los fondos habrían sido distribuidos mediante múltiples transferencias entre distintas cuentas a su nombre y otras que desconoce haber abierto. Entre ellas mencionó plataformas financieras y billeteras virtuales, que jamás había utilizado previamente.
La investigación preliminar permitió identificar parte del recorrido del dinero. Según la denuncia, varias transferencias terminaron en cuentas asociadas a terceros.
El denunciante sostuvo que una porción importante de los fondos terminó en plataformas sobre las cuales ni siquiera tenía acceso o control, lo que dificulta reconstruir el destino final del dinero.
Como testigo de parte de los hechos fue mencionada su hija, quien habría participado de algunas de las videollamadas mantenidas durante la maniobra.
La causa, como se dijo, quedó bajo investigación judicial para determinar cómo operó la organización detrás de la estafa, verificar la apertura de cuentas digitales involucradas y establecer el recorrido completo de los fondos.
Especialistas en ciberdelito advierten que este tipo de estafas se ha vuelto cada vez más frecuente. Los delincuentes suelen utilizar publicaciones falsas en redes sociales, motores de búsqueda o aplicaciones de mensajería para captar víctimas, haciéndose pasar por empresas reconocidas, supermercados, bancos o entidades estatales.
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