Una funcionaria del Patronato de Liberados de la Provincia de Buenos Aires es una de las detenidas en una causa judicial en La Plata que investiga una estafa monumental de dinero espurio a partir de transferencias con billeteras virtuales. La maniobra se conoce como “smurfing”, que en el mundo de las finanzas significa “pitufeo” o “estructuración” para fraccionar movimientos ilegales en depósitos pequeños para ocultarlo de las alertas de los organismos de control del Estado.
De acuerdo a calificadas fuentes de tribunales, la acusada es Albertina Manguini, a quien capturaron en nuestra ciudad bajo cargos por “asociación ilícita, defraudación por uso indebido de datos digitales y lavado de activos agravados por su habitualidad y por la función que ostentaba”.
Los mismos voceros indicaron que “también fueron puestos a disposición judicial Mauro Perrota (atrapado en Mar del Plata), e Ignacio Marchioni (quien cayó en Quilmes)”, mientras que otras tres personas, aparentemente vinculadas a la financiera que sería cercana al presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, estarían en la mira, aunque por ahora no se hizo lugar a su pedido de detención.
La pesquisa, a cargo de la fiscal Betina Lacki, tendría probado que las personas mencionadas habrían movido una suma descomunal de plata en solo un año: 27 mil millones de pesos.
Por ahora nada se sabe del origen del dinero. “Esto recién empieza. Es apenas la punta del iceberg”, se animó a calificar un portavoz cercano a la causa.
Sobre cómo captaban a las víctimas, el informante expresó: “Es gente vulnerable, a la que fácilmente le sacaban sus datos personales para operar con distintas billeteras virtuales. Y qué mejor que aquellos, por ejemplo, que se apersonaban en el Patronato de Liberados. Por lo general le ofrecían 80 mil pesos, que entregaban en una confitería cercana a Plaza San Martín, y a partir de ahí comenzaba la operatoria”.
“Siempre los movimientos terminaban en .12. Era el sello distintivo y, para no levantar sospechas, dejaban 1.000 pesos en la cuenta. Nunca en 0”, agregó.
Las cuentas abiertas con datos de terceros funcionaban como “cuentas recaudadoras o cuentas mulas”. Luego, los fondos eran canalizados hacia un casino online ilegal, identificado como el origen de los activos ilícitos.
Ese paso era clave: el dinero ingresaba como transferencias individuales y salía como supuestas “ganancias de juego”, perdiendo trazabilidad.
Por ahora, lo que quedó claro es que detrás de simples billeteras virtuales se escondía -según la hipótesis fiscal- una maquinaria sofisticada de captación, fraude y reciclaje de dinero ilegal. Y que esa maquinaria, durante meses, operó desde el corazón mismo del sistema judicial.
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