El canal Maldonado forma parte de una de las obras hidráulicas más importantes en la historia de Bahía Blanca. Construido a partir de 1948 por la Dirección de Hidráulica de la Provincia de Buenos Aires, el conducto fue diseñado para desviar el excedente de agua del arroyo Napostá y terminar con las inundaciones que afectaban a la ciudad desde hacía décadas. Actualmente, el canal atraviesa un proceso de ampliación que permitirá triplicar su capacidad de transporte.
La obra surgió como respuesta a un problema recurrente. Cuando se producían lluvias intensas en la cuenca del Napostá, el arroyo desbordaba y provocaba importantes anegamientos en distintos sectores urbanos. El antiguo arroyo Maldonado, cuyo cauce era reducido y permanecía prácticamente cerrado, no alcanzaba para aliviar ese caudal.
El proyecto presentado por la Provincia contemplaba transformar el Maldonado en un gran canal de hormigón y construir un embalse sobre el Napostá a la altura del puente Canessa. Sin embargo, esta última intervención nunca llegó a ejecutarse.
La construcción también estuvo atravesada por una disputa política. El entonces gobernador Domingo Mercante destacó la obra como uno de los principales logros de su gestión, mientras que el presidente Juan Domingo Perón la presentó como parte de las políticas impulsadas desde el Gobierno nacional.
Las publicaciones de la época reflejaban esa disputa. Una de ellas señalaba: “Habrá que agradecer al gobierno del primer estado argentino, a cargo del coronel Domingo Mercante, que ha impreso a su labor un ritmo dinámico y revolucionario”. En otras notas, en cambio, se sostenía que la inversión “lleva el sello revolucionario de todo lo encarado por Juan Domingo Perón”.
Incluso, cuando quedó habilitado el derivador ubicado en el Parque de Mayo, los textos oficiales afirmaban: “Quedan así protegidas de las inundaciones las villas y poblaciones con esta magnífica obra del general Perón”.
La obra comenzó con un presupuesto de 10 millones de pesos, aunque el aumento del valor del dólar durante su ejecución elevó el costo final a 52 millones. Desde el inicio también se proyectó que el canal estuviera acompañado por dos avenidas parquizadas que unieran el Parque de Mayo con el estuario, generando un nuevo paseo urbano.
La excavación demandó un importante movimiento de suelo. Se retiraron unos 120 mil metros cúbicos de tierra, parte de los cuales fueron utilizados para rellenar calles de barrios cercanos. Además, fue necesario remover alrededor de 4.000 árboles y utilizar cerca de 60 mil kilos de explosivos para romper la tosca.
Con el paso de los años, el canal sufrió períodos de escaso mantenimiento. La proliferación de malezas, el deterioro del revestimiento y la falta de limpieza fueron algunos de los problemas que se repitieron durante décadas.
También quedaron postales curiosas de la vida cotidiana alrededor del canal. En los años 60 y 70, muchos vecinos aprovechaban un surgente de agua para abastecerse ante la falta de red domiciliaria, mientras que los accidentes de vehículos que caían al interior del conducto se convirtieron en una situación frecuente por la ausencia de defensas laterales.
La mayoría de los puentes que atraviesan el canal corresponden a la obra original, aunque algunos fueron reemplazados durante la década de 1980. Entre ellos se encuentra el puente de Zelarrayán, que resistió la crecida registrada en marzo de 2025.
Actualmente, la Provincia desarrolla una obra integral para ampliar el canal. El proyecto contempla nuevos puentes, la reconstrucción del revestimiento de hormigón, espacios verdes y plazoletas, además de un importante tratamiento paisajístico. Si los trabajos avanzan según lo previsto, la intervención podría concluir en 2032 y permitir que Bahía Blanca cuente con un sistema preparado para enfrentar lluvias extraordinarias como la ocurrida el 7 de marzo de 2025.
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