La historia que Alejandro Dumas convirtió en literatura podría estar a punto de reencontrarse con su protagonista real. Bajo el piso de la iglesia de San Pedro y San Pablo, en el distrito de Wolder, en Maastricht, Países Bajos, fueron hallados restos óseos que podrían pertenecer a Charles de Batz de Castelmore, el militar francés que inspiró al d’Artagnan de “Los tres mosqueteros”.
El hallazgo se produjo durante trabajos de reparación del suelo del templo, cuando parte de las baldosas se derrumbó. Los restos aparecieron junto a una moneda francesa y fragmentos de una bala de mosquete.
El dato resulta especialmente llamativo porque el verdadero d’Artagnan murió el 25 de junio de 1673 durante el sitio de Maastricht. Según los registros históricos, recibió un disparo en la garganta. Los restos encontrados presentan fragmentos de una bala cerca del pecho.
La investigación histórica que permitió ubicar el posible sepulcro fue encabezada por la historiadora francesa Odile Bordaz. El análisis de documentos militares del siglo XVII y registros parroquiales permitió establecer que la iglesia podía haber sido el lugar donde fue enterrado el militar.
Ahora la clave está en la ciencia. Los investigadores buscan comparar el ADN extraído de los restos con el de descendientes vivos del mosquetero. Sin embargo, el procedimiento enfrenta dificultades: las primeras muestras podrían estar demasiado deterioradas y existen cuestionamientos sobre cómo fueron realizadas las excavaciones iniciales.
Por eso, por ahora no hay confirmación científica de que los huesos pertenezcan a d’Artagnan.
La historia tiene, de todos modos, una ironía perfecta. El personaje que Dumas convirtió en una figura literaria casi eclipsó por completo al hombre que existió. El d’Artagnan de las novelas es inseparable de Athos, Porthos y Aramis y de la fórmula “Todos para uno, uno para todos”. El histórico, en cambio, fue un mosquetero que sirvió a Luis XIV y al cardenal Mazarino, y no a Luis XIII y Richelieu, como ocurre en la ficción.
Ambos murieron en Maastricht en 1673. Uno quedó en los registros de la historia. El otro quedó para siempre en los libros. Ahora, después de más de tres siglos, los dos podrían volver a encontrarse.
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