¿Por qué una variable que puede tener semejante peso no aparece habitualmente en las entrevistas de adicciones? Los investigadores encuentran una respuesta en lo que definen como un “pacto de silencio tácito”. El paciente muchas veces no cuenta cómo era su sexualidad durante el consumo por vergüenza, pudor o miedo a ser juzgado. Pero los profesionales tampoco siempre preguntan.
“El paciente no lo cuenta porque nadie parece habilitar ese espacio y el profesional no pregunta porque no siempre está incorporado dentro de las variables que busca explorar”, explica Luengo.
Para los autores, no hace falta que todos los profesionales sean sexólogos para empezar a modificar esto. Sí sería necesario incorporar preguntas sencillas y progresivas que permitan saber si la sexualidad estuvo vinculada al consumo y si aparece asociada a los episodios posteriores de recaída.
La novedad del planteo no está en descubrir que cocaína y sexualidad pueden relacionarse. Esa relación ya fue estudiada. Lo que proponen es observar qué sucede después, cuando la persona dejó la sustancia y una experiencia sexual puede convertirse en el recordatorio involuntario de un placer extraordinario.
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