Este adolescente llegó al mundo de las batallas de aura desde otro lugar: empezó a colaborar como juez justamente durante el encuentro del fin de semana. El contacto surgió a partir de un mensaje privado a la cuenta que organiza las actividades en La Plata.
Según cuenta, todo comenzó casi como una broma. El organizador publicó una imagen relacionada con las batallas sin imaginar que la propuesta iba a crecer de esa manera. La publicación se viralizó y terminó convirtiéndose en un encuentro multitudinario.
Para explicar qué significa farmear aura, recurre a una comparación: sería algo parecido a una “batalla de baile”, aunque reconoce que la definición no alcanza para explicar completamente el fenómeno. El respeto de los demás ocupa un lugar central. Quien consigue mayor reconocimiento del público, realiza más acciones dentro de la batalla y logra despertar entusiasmo tiene más posibilidades de avanzar.
Pero el objetivo principal, al menos para él, está lejos de ser tomárselo demasiado en serio. Lo que mueve a los participantes es jugar, reírse y perder la vergüenza frente a los demás. En ese sentido, considera que la actividad permite hacer algo distinto con los amigos y animarse a exponerse.
En su casa tampoco encontró necesariamente entusiasmo. Tanto sus padres como algunos amigos consideran que la propuesta puede parecer una tontería. Su respuesta es simple: justamente de eso se trata. Ir a pasar un buen rato.
Y después de la competencia, asegura, no quedan demasiadas cuentas pendientes. Los rivales no terminan enfrentados ni convertidos en enemigos. El que pierde acepta el resultado y la jornada continúa.
También cree que la moda puede tener fecha de vencimiento. Como ocurrió con otros fenómenos que se instalaron entre los adolescentes, imagina que en algún momento la gente dejará de asistir y aparecerá una nueva tendencia para ocupar su lugar.
SUSCRIBITE a esta promo especial