Tiene 29 años, vive solo desde hace poco más de un año y está en pareja. Aunque este año cambiará de década, asegura que no siente angustia por llegar a los 30. Sin embargo, reconoce que en los últimos años experimentó una transformación importante en su forma de pensar y proyectarse.
“Me sigo sintiendo joven, pero ya no me percibo como un chico”, explica. Para él, el verdadero cambio llegó entre los 27 y los 28 años, cuando comenzó a enfocarse más en objetivos profesionales y personales a largo plazo. Las salidas y las preocupaciones típicas de los ‘veintipico’ fueron perdiendo protagonismo frente a nuevas metas vinculadas con la independencia económica, la carrera laboral y la posibilidad de formar una familia en el futuro.
La emancipación era uno de sus grandes objetivos y logró concretarla antes de cumplir los 30. Hoy considera que ese paso marcó una etapa importante en su construcción como adulto.
A diferencia de otros jóvenes, no describe este momento como una crisis. Entiende que el impacto de cumplir 30 depende de cada persona y que, en su caso, funciona más como una señal del paso del tiempo que como una fuente de preocupación. “Es un cambio de década, una toma de conciencia de que ciertas decisiones empiezan a tener más peso”, resume.
Las redes sociales tampoco ocupan un lugar conflictivo en su experiencia. Aunque observa la constante exposición a historias de éxito y a jóvenes que parecen alcanzar rápidamente objetivos económicos o profesionales, asegura que eso no le genera frustración. Por el contrario, afirma que muchas veces lo toma como una fuente de motivación.
Las mayores presiones aparecen en el plano económico y laboral, aunque reconoce que suelen ser exigencias autoimpuestas. Se define como una persona ambiciosa y admite que muchas veces intenta acelerar procesos que requieren tiempo. Por eso, cuando piensa en la llamada crisis de los 30, prefiere otra definición. “Más que una crisis, es un despertar”, sostiene. Un momento en el que aparecen nuevas responsabilidades, se redefine el futuro y se vuelve necesario tomar decisiones con mayor convicción. Para él, lejos de ser algo negativo, puede convertirse en un impulso para crecer y construir los proyectos que todavía están por venir.
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