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El día que cayó un meteorito y asombró a toda la Región

El extraño fenómeno fue visto por miles de platenses. Cruzó el cielo de la Ciudad en forma casi horizontal y se perdió sobre el río

El día que cayó un meteorito y asombró a toda la Región
26 de Septiembre de 2011 | 00:00

Ocurrió el 20 de noviembre del año 2000. Ese día desde las 21,10 y hasta poco después de las 22, cientos de platenses domiciliados en distintos barrios de la Ciudad -Gonnet, City Bell, Villa Elisa, Los Hornos, Villa Elvira, etc- se comunicaron con EL DIA para dar cuenta "de un extraño fenómeno que se está registrando en el cielo". Muchos de los vecinos que llamaron al diario, hablaron de destellos, masas incandescentes, objetos extraños, fuerte luminosidad, restos de aviones, ovnis, nubes, y hasta de "un maravilloso y deslumbrante espectáculo".

Lo que en verdad ocurrió -de acuerdo a lo expresado a EL DIA por Luis Martorelli, jefe del Observatorio Astronómico de La Plata, que presenció el fenómeno de anoche desde su casa de Gonnet- fue que cayó un meteorito que se disgregó y consumió antes de llegar a la Tierra.

"Es muy raro que ocurra algo de estas características -explicó Martorelli- y quizás no se repita en décadas, sobre todo por las circunstancias que rodearon al episodio. Es que el meteorito ingresó a la atmósfera en un ángulo muy cerrado y eso permitió que pudiera ser observado en la mayor parte de su trayectoria, cruzando en forma casi horizontal el cielo de La Plata".

Martorelli indicó que "se trataría de un objeto no más grande que un escritorio, y puede ser tanto una piedra que llega del espacio como los restos de un satélite desactivado; en este caso el meteorito generó traza y cola producto de su disgregación en una cantidad no determinada de partes, que a su vez se habrían consumido antes de llegar a tierra".

"De todos modos, por los datos con que contamos -dijo- el meteorito habría caído sobre el Río de la Plata". El especialista aclaró que "la luminosidad que se percibió, y que hizo especular a muchos platenses con que se estaba en presencia de un objeto de gran tamaño, resulta en estos casos siempre desproporcionada en relación al tamaño real de lo que ingresa a la atmósfera".

"Esto se da debido a la altísima temperatura -agregó- que se genera en la fricción (alrededor de unos 4.000 grados centígrados), forzando destellos que pueden llegar a iluminar toda una ciudad, como sucedió en este caso".

"Un meteorito es una piedra que entra a la atmósfera atraída por el campo gravitacional terrestre", indicó Martorelli, "y se desintegra producto del roce con las capas superiores de aquélla. En los casos en que ese desgaste no lo consuma en su totalidad, y llega a hacer impacto con la superficie terrestre, dejando un cráter, se denomina aerolito".

"Aunque se esperaban lluvias meteóricas para esta época del año -como cada vez que la Tierra cruza su recorrido orbital con los restos de la cola de un cometa, fenómeno llamado Leónidas-, este suceso es excepcional y no se encuadra dentro de las previsiones hechas al comienzo de 2000", concluyó el jefe del Observatorio.

En realidad, algo similar había sucedido en el mes de noviembre de 1998 con el citado "fenómeno Leónidas" -la lluvia de meteoritos más intensa registrada en 30 años- que cayó sobre la Tierra en forma de millones de veloces y pequeñas partículas, "tratándose de un fenómeno que no presentó ninguna amenaza para la Tierra".

Cabe destacar que los meteoros, del tamaño de un grano de sal, se incendian al entrar en la atmósfera a gran velocidad, y normalmente se queman en la termosfera.

El origen de la lluvia de meteoritos se encuentra, según explican los especialistas, en el cometa "Tempel-Tuttle", que da una vuelta alrededor del Sol cada 33 años. El cometa deja una estela de polvo detrás de sus vientos solares. La estela pasa cerca de la atmósfera, lo que hace que se vean estrellas fugaces. Ese es el origen de los meteoritos, la mayoría del tamaño de un grano de sal, aunque los hay también más grandes, y que se incendian al penetrar en la atmósfera a gran velocidad.

"Los meteoritos -afirman los especialistas- se dividen en dos grandes grupos. Los llamados clásicos son los que provienen del cinturón de asteroides, un conglomerado de miles de fragmentos rocosos de tamaños que oscilan entre las centenas de metros y varios kilómetros y orbitan alrededor del Sol, entre Marte y Júpiter. Al chocar entre ellos, esos asteroides producen fragmentos que salen disparados en todas las direcciones. La mayor parte viaja rumbo al Sol, que termina absorbiendo el 80% del total. No obstante, una pequeña parte ingresa a la atmósfera de la Tierra, que funciona como un escudo protector, los hace entrar en combustión y los consume, aunque algunos sobreviven por su tamaño y llegan a la superficie". (Archivo EL DIA)

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