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Mburucuyá, bella explosión de flora y fauna en Corrientes

Uno de los parques nacionales del país con mayor biodiversidad

Mburucuyá, bella explosión de flora y fauna en Corrientes

Los simpáticos guazunchos (un cérvido autóctono de la zona) son algunas de las numerosas especies animales que pueden observarse y fotografiarse durante una visita al hermoso Parque Nacional Mburucuyá

Las 17.660 hectáreas que correspondían a las estancias Santa Teresa y Santa María se convirtieron en 1991 en el Parque Nacional Mburucuyá, hábitat de más de 1.800 especies botánicas y zoológicas que invitan a descubrirlas y disfrutarlas a través de sendos senderos peatonales que se adentran en su belleza y su misterio.

Considerado una versión de bolsillo del Pantanal del Mato Grosso, fue traspasado a la Administración de Parques Nacionales (APN) por su dueño, Troels Mydel Pedersen.

Mburucuyá protege una muestra del recorrido que en tiempos remotos realizaba el río Paraná hasta encontrarse con el mar.

PAISAJISTICA

Entre los llanos correntinos, el Paraná formaba un delta interior, atravesaba cordones arenosos, esteros y lagunas; hoy, las huellas de aquellos tiempos a través de sus pajonales, pirizales, camalotales y embalsados típicos del Iberá, se funden con la flora de las ecoregiones que las circundan.

Bosques de linaje chaqueño, junto a quebrachos colorados, espinillos, palmas blancas y caraguatales llenan el paisaje del Parque Nacional.

COMO LLEGAR

Por la ruta nacional 12 y la 118, se sigue desde la ciudad de Corrientes hasta Saladas; desde allí, a través de la ruta provincial 13 se continúa hasta San Antonio de Mburucuyá, hasta tomar la 86 que llega al centro operativo del parque y atraviesa los Pastizales de Santa María, donde puede avistarse al yetapá de collar.

El arroyo Portilllo reúne a carpinchos, yacarés negros y tortugas de agua, y en sus márgenes pueden apreciarse algunas de las 107 lagunas frecuentadas por ñandúes.

Según el inventario de Pedersen, el parque atesora 1.300 especies vegetales, algunas de ellas, endémicas o exclusivas del país, y algo similar sucede con la fauna.

SELVA

La selva de timbós, lapachos, palmeras pindó, cañas, lianas, enredaderas y bromelias, puebla las isletas de los mogotes y se junta con los bosques de quebrachos colorados, espinillos, palmas blancas e impenetrables caraguatales; y las antiguas islas del delta, hoy convertidas en lomadas, se llenan de palmeras yatay.

ANIMALES

La gran variedad de fauna que posee este parque es notable, pese a la desaparición de guacamayos violáceos, de pumas y de yaguaretés, y a que hay otras especies en peligro de extinción, como el ciervo de los pantanos, el aguará guazú, el lobito de río, el yacaré overo, el curiyú; o de distribución restringida, como la rana de las cardas, el yetapá de collar y el capuchino castaño.

Entre los especímenes que aloja el área protegida están el picaflor bronceado y el ñandú común, que se suman a las 331 especies de aves de la región, lo que representa un 33,6% de la avifauna argentina, y un 95% de la del Iberá.

El parque cuenta también con un 45% de mamíferos (un 13% de mastofauna nacional, y un 90% de la ibereña) y entre sus especies más importantes están el carpincho -máximo roedor del planeta- y el mono carayá, señalado como el animal más ruidoso de la tierra.

Los 41 reptiles y 31 anfibios que habitan la región representan respectivamente un 14% y un 21% del total del país, y sus 46 especies de peces corresponden al 11% de la ictiofauna de agua dulce argentina.

RECORRIDOS

El recorrido está pensado para realizarse a pie, donde desde el centro de informes parten los senderos peatonales Che Roga, que en guaraní significa “mi casa”, y Yatay.

El primero, de 1,5 kilómetros, permite conocer los palmares jóvenes, montes atiborrados de corzuelas y monos carayá, lagunas colmadas de vegetación y pajonales por donde pasan los aguará guazú.

SENDERO YATAY

Por otro lado, los 4 kilómetros del sendero Yatay atraviesan un yatayzal de 200 años y el muelle que está sobre las aguas del vasto estero Santa Lucía, donde la puesta de sol está enmarcada por las palmeras características de la zona.

Allí, las garzas, cigüeñas y gaviotines sobrevuelan con plena libertad, mientras que con un poco de suerte se pueden ver a los lobitos de río o a los ciervos paseando por los pantanos, para ir a pasar la noche cerca de la costa.

El camino finaliza en el antiguo casco de la estancia Santa Teresa, construida en 1947 bajo la dirección de Pedersen.

En esta amplia casona se encuentra un herbario de 30.000 ejemplares, que su antiguo dueño, a lo largo de 53 años, acuñó y estudió; y puede visitarse con previa autorización de la Intendencia del parque.

A causa de su clima subtropical húmedo, con temperaturas estivales de 40°, se recomienda ir entre mayo y octubre, ya que en verano resulta demasiado húmedo y caluroso para emprender estas caminatas.

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