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Solidaridad y políticas públicas: cada grano de arena hace la montaña

Por LUCIANO SANGUINETTI (*)
lpsanguinetti@gmail.com

Las últimas semanas de incertidumbre económica volvieron a poner a la cuestión social en el centro de la escena argentina.

Los datos del Indec son precisos: aumento de la pobreza, del desempleo, del trabajo informal, crisis en el sector productivo, inflación. Dos datos cruzaron todas las portadas de diarios y medios digitales: 131.000 platenses con problemas de trabajo y el 9,5% no tiene empleo.

Ante ese panorama aciago, que ademas durará al menos seis meses en los diagnósticos optimistas, el Intendente de la ciudad, Julio Garro, convocó al diálogo en una mesa muy amplia de sectores políticos, sociales, culturales, sindicales, religiosos. Allí, además de compartirse el diagnóstico de crisis, se plantearon demandas, inquietudes, de cada sector; pero hubo una preocupación común: la pobreza y la comida.

Dispositivos hay varios, el más extendido, las escuelas: los comedores escolares son hoy una garantía. Si un chico necesita comer y va a la escuela, tenemos posibilidades de brindarle alimentación. Son 64.348 niños y jóvenes que hoy reciben algún tipo de apoyo alimentario a través de la escuela en nuestro distrito. Necesitamos asegurar ese beneficio y darle calidad.

Es muy difícil para los directivos y docentes hacer su trabajo si sus alumnos pasan hambre.

“Cada día que un chico sale de la escuela y va a un club a practicar deportes, es un paso adelante en la lucha contra la marginación”

 

En el dialogo con el Intendente, se estimó que el impacto de la recesión exigirá aumentar al menos en un 25% el cupo de los comedores. Pero también habrá que garantizar la comida los fines de semana y durante el receso estival.

Hay que coordinar allí con los sindicatos y las iglesias, comedores populares, organizaciones sociales, ellos pueden contener la crisis. Su presencia en los barrios es indispensable.

Por otro lado, los clubes de barrio son otro pilar: actividades artísticas, deportivas, sociales, son claves para que los niños y jóvenes no caigan en la marginalidad. Las drogas atacan cuando somos más vulnerables.

En su reciente visita a la Argentina, Magret Goumundtsdottir, especialista islandesa en la lucha contra las adicciones en los jóvenes y coordinadora del Programa Juventud en Islandia, puso de relieve la importancia de los deportes y la articulación con clubes locales para alejar de ese peligro a las nuevas generaciones.

Con estudios cualitativos de consumo y seguimiento de familias, en Islandia consiguieron bajar el consumo de alcohol y drogas de manera significativa; solo un 5 % de los jóvenes entre 13 y 16 años dice haber consumido alcohol o drogas en Islandia contra un promedio de 35 % de América Latina. Ahora bien, para que los clubes de barrio cumplan con su cometido deben estar abiertos. Y para eso necesitan apoyo, los aumentos de las tarifas (gas, luz, agua), hacen cada día más difícil sostenerlos.

El Gobierno debiera contemplarlos en este esquema de contención social ante la crisis y sería un error grave castigarlos con el ajuste tarifario.

Cada día que un chico sale de la escuela y va a un club a practicar un deporte, a realizar una actividad artística, a encontrarse con sus amigos y profesores en un ambiente sano, es un paso adelante en la lucha contra la pobreza y la marginación. Las familias son fundamentales, pero el Estado debe ayudarlas, no para ocupar su lugar ni quitarles su responsabilidad, pero si para colaborar en una batalla que hoy es cada día más dura. Cada grano de arena hace la montaña y articular la solidaridad social con las políticas públicas es una de las claves del futuro.

 

(*) Concejal por el Frente Renovador

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