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En su nuevo poemario de Rita González Hesaynes, configura un universo en expansión que se compone de materiales filosóficos, mitológicos y fantásticos que giran en torno a la intensa mutación de una voz que atraviesa diversas formas de vida en distintos planos temporales.
Publicado por Añosluz Editora, el libro despliega una simultaneidad de universos que abarcan visiones, transformaciones y reencarnaciones de una criatura lanzada a un viaje de autoconocimiento fuera del tiempo, donde conviven formas del sueño y la muerte, monstruosidades humanas y la inquietante presencia de la naturaleza.
Rita González Hesaynes (Azul, 1984) es poeta, traductora y licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Publicó “¡Oh mitocondria!” (2015) y “La Belle Époque” (2017). La autora habló con Télam sobre el origen de su nuevo libro.
- ¿En qué punto de tu existencia surgió este poemario? ¿Cómo se originó?
-Creo que fue en el 2014. Yo venía escribiendo otra cosa, que todavía duerme por ahí, algo más mundano. Me empezaron a pasar cosas que me cambiaron bastante. Me encontré con ciertas personas. Tuve visiones. Lloré, fui feliz. Sentía que charlaba con muertos. Puede parecer una demencia, pero para mí era como estar viviendo en otro mundo, uno que contenía a éste. El libro habla mucho de eso. Así que hubo dos poemarios que crecieron juntos, uno más inclinado a las mutaciones, otro a las permanencias. Pero en ambos hay un poco del otro. Una dinámica bastante taoísta, diría ahora, pero la verdad es que no fue algo pensado. Sí fue pensado que quería que esa gran existencia contara, a grandes rasgos, una historia. Algo dentro de todo sencillo: una criatura se va desarrollando, desde el nacimiento hasta la disolución o, no sé, la singularidad. Un poco como hace “¡oh mitocondria!”, pero lo que me importaba es que la manera de contar esa historia también se transformara.
Borges fue un visionario a su modo. Fue un traductor del universo”
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-El tiempo, la memoria, el sueño, el infinito y la repetición atraviesan los poemas. Imposible no pensar en Borges. ¿Cuál es tu relación con su obra?
-Una de admiración, seguro, pero no de fanatismo. Es verdad que compartimos algunas preocupaciones. Pero creo también que son preocupaciones bastante universales, con las que me fui topando una y otra vez en la mitología, la literatura fantástica, la filosofía, en la experiencia vital misma. Borges fue un visionario a su modo, un traductor del universo. Creo que él realmente veía, que traspasaba alguna especie de portal. Mediante la lectura, principalmente. La cabeza se le iba sola a los arquetipos, a la búsqueda de patrones, de formas primordiales. Siempre me fascinó más como cuentista que como poeta. Nos pasa a muchos. Pero hay un poema suyo que sí me golpeó: “Poema conjetural”, en el que habla un Laprida imaginado por Borges. Ahí lo perdí a Borges y me encontré con ese Laprida. Escuché balas y olí la pólvora. Me enseñó que nos podemos desvestir un poco del yo pequeño, que es posible expresar desde afuera de ahí sin perder vividez.
- El viaje, el descubrimiento, la revelación son elementos del libro que, de alguna manera, acompañan la noción de que todo está pasando y no pasando a la vez. ¿Cuál es el impacto de la filosofía en tu escritura?
-Diría que mucha. Me gusta pensar la escritura como un acto filosófico-místico. Escribir para pensar más allá y sentir más allá de lo que habitualmente hago. Es una herramienta increíble. A mí me ayuda a entender cosas que de otra manera no entendería. Para eso necesito desplegar ideas, y ahí ya empiezo a pedir prestado todo lo que puedo. De filosofía, de lo poco que sé de ciencias, de religión. Teorías, conspiranoia, intuiciones, como esa noción de la simultaneidad del tiempo. Pero a la larga todos estos materiales son apenas escaleras, vehículos. Importa más que nada el viaje que permiten, el de la criatura que va mutando y descubre cosas y se asombra y aprende. Es un viaje que hacemos todos. De ahí esas nociones de confluencia, de simultaneidad.
A Spinetta llegué tarde. Demasiado, diría. Ahora me encanta y lo escucho atenta”
- Jardines, bosques, oscuridades selváticas, la presencia de la luz y un tono musical traen también cierta respiración del universo de Spinetta. ¿Encontrás su influjo en tu poesía?
- Me da un poco de vergüenza. Te confieso que a Spinetta llegué tarde. Demasiado, diría. Ahora me encanta y lo escucho atenta. Por ahí a futuro empiece a encontrar algo de influencia suya en lo que hago. Pero hasta ahora, no sé si la veo. Sí que aprendimos de maestros muy cercanos.
-La idea de la encarnación aparece muchas veces en el libro. En ese sentido, ¿la voz poética está compuesta de una materia que está siempre en transición?
-Sí, de eso hablaba hace un rato. Y no solamente en la poesía. Es lo que sucede en la naturaleza misma. Todo está sujeto al cambio, a la desorganización, a la entropía. Hablo de encarnación porque me interesa resaltar ese aspecto de la carne, de la criatura (otra palabra que uso mucho), de que no somos voces inmateriales sino fundamentalmente partículas que se relacionan entre sí. Que cuando cambian esa manera de relacionarse, necesariamente cambiamos nosotros y nos cambia la voz. Por eso es importante no quedarnos solamente con un estilo, con una formulita que funciona. Eso te puede dar cierta notoriedad, pero debajo no hay nada vivo, nada que se esté transformando.
Me gusta pensar la escritura como un acto filosófico - místico. Escribir para pensar más allá y sentir más allá”
- Finalmente, ¿qué autores y obras te han formado? ¿Con qué poéticas contemporáneas te sentís identificada?
- Estas preguntas siempre son las más difíciles porque dejás afuera a la mayoría. Leí y leo mucha literatura anglosajona. Le tengo mucho amor. Leyendas, textos religiosos, cosas viejas más que nada. Shelley, Kavafis, las Brontë, Whitman, ciencia ficción, cuentos de misterio e imaginación, como diría Poe. De acá, Olga Orozco, Anderson Imbert. De los vivos, sin duda Mary Oliver, Dolores Etchecopar, ese hermano cósmico que es Jotaele Andrade. Me aburren las poéticas de lo cotidiano por sí mismo, no sé si se nota. Lo meramente entretenido. Las poéticas de la distancia cool. Que las disfruten otros. A mí dame lo intenso.
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