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A 25 AÑOS DE LA OBTENCIÓN DE LA COPA CENTENARIO

El campeón de los cuatro arqueros

En un hecho inusual para un torneo que duró seis partidos, el Lobo utilizó cuatro goleros diferentes y todos salidos de las inferiores. El recuerdo de Cristante, Noce, Gregorutti y Lavallén

Hernán Cristante.- “No me quedé con nada... La ropa con la que jugué los últimos partidos en Gimnasia, seguramente la tiene mi mamá en su casa todavía”

Enzo Noce.- “Regalé todo lo que tenía, la gente disfrutó mucho en ese momento, así que regalé todas las cosas que tenía, eran recuerdos preciados para los amigos. Solo tenía una revista de cuando llegamos a Japón”

Jorge Gregorutti.- “No tengo nada, cero... Es más, no tengo ni una foto de cuando jugaba al fútbol. Creo que mi vieja tiene un cuadro que hizo con una foto del final del partido con Argentinos donde estoy levantando los brazos. Solo eso”

Javier Lavallén.- “No me quedó nada de aquel momento. Me sacaron todo cuando dimos la vuelta olímpica, pero se quien tiene mi camiseta... La tiene Cali, que era el utilero en ese momento. El me dijo que la tenía guardada, así que me la habrá robado en la cancha ja...”

Por WALTER EPÍSCOPO

wepiscopo@eldia.com

El domingo 30 de enero de 1994 bajo un calor agobiante, Gimnasia se consagraba campeón de la Copa Centenario, titulo oficial no regular, organizado por cumplir 100 años la Asociación del Fútbol Argentino. Hoy, se cumplen 25 años de aquella conquista que es orgullo de todos los Triperos, tras vencer 3-1 en la final a River con todas sus figuras. Pero esa Copa tendría varias particularidades para Gimnasia. Por un lado, que de los seis partidos, la dupla técnica integrada por Carlos Ramacciotti y Edgardo Sbrissa, dirigieron los primeros cinco partidos, pero por problemas con la dirigencia se fueron y en la final estuvo Roberto Perfumo con apenas un puñado de prácticas.

Pero hay un dato muy curioso, y es que en esos seis partidos, Gimnasia tuvo cuatro arqueros diferentes, y todos surgidos de las divisiones juveniles. No es para nada común que en un torneo corto, jueguen cuatro goleros distintos, pero fue así, y por diferentes motivos cada uno tuvo su momento. Los arqueros de aquel equipo fueron Hernán Cristante, Enzo Noce, Jorge Gregorutti y Javier Lavallén. Una historia singular donde cada uno pudo aportar su granito de arena para dicho logro.

CRISTANTE, DEBUT Y DESPEDIDA

Para el debut de la Copa el 26 de junio de 1993, la dupla técnica le dió el arco a Cristante. Era el juego de ida en el Bosque con Estudiantes. Los mens sana ganarían 1-0 y el ex golero, hoy técnico del Toluca recuerda desde México, “jugué el primer partido que fue el clásico, y ahí se inició y acabó mi Copa porque enseguida me venden a Toluca y tuve que viajar. Así que estuve muy pendiente. Me acuerdo de los partidos que jugó Leo, los de Grego y el Lolo. Lo viví como si hubiera jugado a la distancia por la amistad que tengo con Leo y con Grego, y la buena relación que había con el Lolo. Cada partido que atajaban ellos era mío también, con mucha singularidad te sentís parte”, dice Nani, quien agrega, “me acuerdo cuando terminó el partido con River. Tengo imágenes desde acá de México, desde lejos, de amigos festejando, abrazándose, de gente llamándome por teléfono y yo llamando también. Fue muy especial, diferente a jugar y estar en campo, pero con ese sentido de propiedad que no se si me corresponde o no, pero así lo viví”.

El tema que se utilizaran tantos arqueros lo recordó así: “Fue especial porque éramos todos arqueros del Club. Aparte nos queríamos, y no había esa sensación de, ´uf, le toca a el y yo no estoy en este momento´. Ese dejo de envidia que hay a veces entre nosotros nunca existió, al contrario. Pero fue una particularidad de ese torneo. Me dio mucha alegría todo eso, más allá de que saliera campeón Gimnasia de esa copa única“. Cristante afirma, que desde ese primer partido que le tocó jugar, el plantel estaba metido. “El grupo tomó el torneo muy seriamente porque se empezaba con un clásico. Había muchos jóvenes que teníamos ganas de trascender y nunca jugamos un clásico a medias, no importa qué Copa fuera, lo tornaba especial al torneo empezar jugando un clásico”.

SE ADUEÑA LEO NOCE

Tras la venta de Cristante a México, quien se queda con el arco es su amigo y competidor durante todas las inferiores, Enzo Noce, que hoy con una sonrisa dice, “por suerte para mí lo vendieron a Hernán”. Así es que ataja en la revancha del clásico que terminó empatado 0-0 jugado en 57 y 1, el 4 de julio del ´93; luego con Newell´s una semana más tarde venciendo a los rosarinos 1-0; y posteriormente frente a Argentinos Juniors el 18 de julio. Los mens sana se imponen 2-1 y Noce se retira expulsado en el final del primer tiempo. Hoy, Leo recuerda todo con emoción: “Aquello fue motivo de orgullo para todos nosotros, para todos los Triperos y para un montón de gente que hizo un esfuerzo gigante para que eso se de. En lo personal me enorgullece por ser parte del Club desde infantiles. Después pasé por las inferiores hasta llegar a Primera donde me costó, pero poder retribuirle a mis viejos luego de tanto esfuerzo con ese título, fue muy lindo. Fue como la frutillita del postre”. A 25 años no tiene duda que fue “una verdadera bendición para los cuatro chicos que veníamos de inferiores, tener la suerte de poder atajar durante la Copa por diferentes motivos. Para nosotros fue hermoso”. Y Leo agrega, “era un plantel repleto de juveniles con muchachos que nos aportaron su jerarquía para lograr el título. Fue un plantel maravilloso que logró ese título, que después disfrutó del viaje a Japón y que después con la llegada del maestro Griguol, se pudo consolidar una época muy linda llena de buen juego y de chicos que salían de inferiores”.

GREGORUTTI, GRANDE EN CORDOBA

El tercer arquero es Jorge Gregorutti, quien ataja el segundo tiempo con el Bicho, y le toca ser titular en la instancia siguiente frente a Belgrano, partido que se jugó el 7 de julio en Córdoba. Los albiazules igualaron con el Pirata 2-2 y hubo que ir a penales, pero Grego tuvo su tarde de gloria al contener el disparo desde los doce pasos de Sebastián Brusco. Ese triunfo 4-3 por penales, le dio al Lobo el pase a la final. “Para mí era algo maravilloso todo eso, por ahí la inconciencia de ser jóven, uno no tomaba la dimensión de lo que jugábamos, como se toma hoy a 25 años. Para mí era el debut y muchas sensaciones por ser del Club y con el correr del tiempo uno le da valor a las cosas, hoy ve la importancia que tuvo ese torneo”, dice Grego.

Enseguida repasa cada partido y su gesto es elocuente, “fue algo inusual lo que pasó, fue increíble que de seis partidos atajen cuatro arqueros y todos del Club. Imaginate que estuve como 170 partidos de suplente y no jugué nunca porque a Leo no le agarraba ni tos”, dice sonriendo, y enseguida agrega, “la relación entre nosotros siempre fue magnífica, y siento que sumamos para darle un título a Gimnasia. Entre todos, cada uno puso su granito de arena”.

LAVALLÉN, EL HéROE EN LA FINAL

El destino le tenía reservado a Javier Lavallén el último partido. Tras haber ido al banco de suplentes con Belgrano, aprovecha la chance que le da la dupla y en los últimos meses del ´93 se queda con el arco y atajaría en la final. “Aquello lo viví con mucha alegría porque uno es hincha de Gimnasia, había debutado hacía poco y tener la suerte de jugar una final y con el equipo que uno es hincha, es doble la gratitud. Me toca atajar la final y por ahí uno en ese momento no tenía experiencia y no tomaba dimensión. Simplemente era un pibe de 19 años con poquitos partidos en Primera y que lo único que quería era eso, jugar en Primera. Hoy a la distancia ves la importancia y la relevancia que tenía aquel partido. Hoy se sigue recordando y significa mucho para el Club”. Obviamente hoy visto a la distancia resulta extraño aquello que jugaran cuatros arqueros, y sobre esto comenta, “realmente fue algo atípico y para el Club era algo fenomenal que tuvieran la chance de jugar cuatro arqueros y todos surgidos de las divisiones inferiores. Por otro lado lo que significaba para nosotros haber tenido la posibilidad de jugar, de conocernos, pasamos divisiones juveniles juntos. Me tocó aprender de ellos, para mí era muy importante porque uno se fijaba al ser chicos del Club”.

Sin dudas, que en la final con hay un momento clave a los 30 minutos del primer tiempo. Con el partido empatado 0-0, el Lolo puso firme su mano derecha para sacar por arriba del travesaño el derechazo violento de Guillermo Rivarola. Esa atajada se gritó casi como un gol: “Ya jugar la final era algo fuerte, y después poder atajar un penal en el partido, más todavía. Son cosas que me marcaron, en lo personal por el sentimiento que uno tiene por el Club”.

 

Dato
Esta noche la Comisión Directiva albiazul homenajeará al plantel que ganó la Copa Centenario con una reunión. En tanto, el próximo viernes antes del partido frente a Tigre en el Bosque, también habrá un reconocimiento a los ex jugadores dentro del campo de juego.

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