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El estupor del barrio en el que vivían la víctima y el acusado: “La mató y volvió a su casa”

Los vecinos destacaron las cualidades humanas de la víctima y de su esposo. Y no dudaron en calificar al hecho como “una locura”
Algunos de los vecinos conversando incrédulos sobre el crimen. Todos ignoraban el móvil/roberto Acosta

Por Redacción

Asombro y estupor se conjugaban por igual en la tarde de ayer en la zona de 29 y 59, entre los varios vecinos que se congregaron en esa esquina para observar el intenso despliegue policial por el brutal crimen a puñaladas de una mujer de 61 años en el garaje de su casa situada a unos metros.

A poco de que iban enterándose de quién era la víctima del demencial ataque, como el acusado de cometerlo, la sorpresa iba apoderándose de todos. “No se puede creer esto”, repetían, “es una locura, este tipo la mató y volvió a su casa”.

“¿Viste a quién mataron?, a Silvia. Justo que con el marido ya tenían la camioneta cargada para irse de vacaciones”, le contó espantada una mujer del barrio a una conocida suya de la zona que acababa de acercarse al ver el tumulto de frentistas y una fuerte presencia policial.

“ERA LINDA Y AMOROSA”

La mujer después describió a la víctima como “una señora linda, de trato agradable, siempre muy amorosa”. También la vecina tuvo elogiosas palabras hacia el esposo de Silvia. “El marido es un hombre muy simpático”.

Aportó que luego del homicidio “lo observé realmente destrozado, tirado en la vereda y ni siquiera aceptó que le dieran un calmante”.

“Ella era enfermera, aunque creo que ya no trabajaba de esa ocupación. El esposo tiene un comercio de venta de mosaicos en el barrio La Loma”, refirió después.

El comercio en cuestión, “Mosaicos Canalini”, está situado en 24 entre 45 y 46.

Uno de los momentos más tensos de la tarde se produjo cuando pasadas las 17 arribó al lugar una mujer desconsolada.

Llorando se acercó a los policías que estaban en el vallado perimetral de 29 y 59 para decirles “soy la hermana. No puede ser lo que pasó. No puede ser”.

Luego de recibir unas palabras de consuelo de uno de los uniformados, alguien le acercó una silla. De inmediato se sentó y, acompañada por algunos allegados, siguió de cerca -desde un costado del vallado perimetral- la labor policial.

En tanto, otra vecina reveló a este diario que “el año pasado este matrimonio se fue de vacaciones y tuvo que regresar antes de tiempo, porque le avisaron que ladrones habían entrado a robar a su casa y les habían levantado varias tejas del techo”.

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