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IMPRESIONES: ENTRE EL HUMOR Y LA REFLEXIÓN

Un adiós que llegó del cielo

Un adiós que llegó del cielo

Por ALEJANDRO CASTAÑEDA

afcastab@gmail.com

“Mi batería está baja y se está oscureciendo”. Esta despedida entre poética y científica la emitió el Opportunity, esa nave espacial que la NASA mandó a trabajar a Marte. Los monitores gigantes de Houston recibieron con respeto el melancólico adiós de este robot andariego que desde hace quince años husmea entre los cielos para registrar silencios, secretos y lejanías.

La frase del robot suena muy humana. “Mi batería está baja” es una expresión que cualquier cabizbajo de la Tierra conoce de memoria. Y lo de “se está oscureciendo” nos viene a recordar que en el final nos quedaremos sin luz y todo será apagón. En su largo deambular por ese espacio inacabable, el Opportunity se ha codeado con astros y misterios. Fue un curioso, solitario y aplicado, que a partir de ahora tendrá a Marte como domicilio definitivo. Su esqueleto quedará para siempre en ese baldío ilimitado, saboreando la caricia del sol y alternando con un vecindario remoto que flota a su alrededor sin ruido y sin tiempo, porque la eternidad no quiere dejar rastros.

La Nasa anunció el final de la exitosa misión del robot Mars Exploration Rover Opportunity, que estudió a Marte durante una década y media y con el que se había perdido contacto desde el 10 de junio pasado, cuando una feroz tormenta de polvo cubrió por completo los paneles solares de la nave y la dejó en una intemperie infinita, callada y quieta. A partir de ese día, lejos del alcance de los mirones de la NASA, el Opportunity se dio el gusto de andar de recorrida, sin anotador ni horarios. Como un chico travieso, vagó sin mapas y se dejó llevar por el viento cósmico de ese territorio infinito donde sobran recorridos y faltan metas. El robot trotó a su antojo, merodeó alrededor de la luna, tomó apuntes sobre ese cielo tan prometido, se cruzó con algunos de los angelitos de la Tierra y al final, con la última batería, se entretuvo mirando a ese pequeño planeta titilante que le organizó su gira y que cada 24 horas renace entre sueños y pesadillas.

“Mi batería está baja y se está oscureciendo”. La frase final del robot, suena muy humana

 

“Esto es para el robot: usted fue y es la Oportunidad de su vida. Descansa bien, Rover. Tu misión está completa”, fue el mensaje emitido por la agencia espacial estadounidense en su cuenta de Twitter. Le agradecía, lo felicitaba y le deseaba una jubilación en paz a este intrépido explorador que con sus investigaciones también pudo aportarles folletería fidedigna a esos turistas que se anotaron para viajar a Marte, sin batería de repuesto ni luces extras ni boleto de vuelta.

Este robot fue diseñado para recorrer el terreno y recoger imágenes y muestras. El reportero científico Jacob Margolis, informó que el Opportunity , en sus quince años de faena continuada, descubrió una parte de Marte que sería adecuada para mantener la vida microbiana. Rover caminó a paso de hombre un total de 45,16 kilómetros y su aporte más grande fue la confirmación de que Marte alguna vez estuvo cubierto de agua y pudo ser habitable. Con sus anotaciones ayudó a entender mejor los caprichos del viento. Y sus ojos perfectos quizá le hayan permitido asomarse a ese misterioso galpón donde fabrican la lluvia, la nieve y los huracanes.

El Opportunity subió a las estrellas y fotografió la inmensidad. Una hazaña

 

La vieja pugna entre el hombre y la máquina ha encontrado así una nueva e inesperada alianza. La técnica nos ha convertido en hombres distintos. Y ahora el Opportunity, desde su inmenso y desolado paisaje, nos envía una despedida que acaso recordemos en el final de nuestra travesía, cuando llegue el último ventarrón y las baterías no puedan seguir alumbrando. El robot estuvo allí, mirando el infinito, atareado, mandando las noticias y los cálculos que los estudiosos volcarán en los pupitres del progreso y el futuro. Con su austero adiós, el Opportunity confirma que las máquinas no sólo informan y ayudan, también sienten y presienten. Las postales que estuvo enviando se acumulan sobre los escritorios de la NASA. Rover subió a las estrellas y fotografió la inmensidad. Una hazaña. Ahora, como parte de la chatarra de la NASA, seguirá girando eternamente en un firmamento sin edad ni dueños, a un paso del todo y a un paso de la nada.

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