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Revista Domingo |ARRANCAR EL AÑO NUNCA ES FÁCIL
Síndrome de burnout, un mal de época que nos deja por el piso

Conocido también como el mal de “la cabeza quemada”, se caracteriza por una fatiga permanente y una imposibilidad de encarar las obligaciones diarias. Razones de un drama que suele crecer en estos días y la opinión de quienes estudian su alcance

Síndrome de burnout, un mal de época que nos deja por el piso
10 de Marzo de 2019 | 07:50
Edición impresa

Recién arrancar el año y ya sentir un cansancio demoledor, no tener energía para las cuestiones más complejas del trabajo pero tampoco para los aspectos cotidianos y caseros, como llevar los chicos al colegio o hacer las compras del día a día. Todos estos indicios, sumado a una serie de síntomas que van desde falta de energía hasta una sensación de pesadez mental y física de manera permanente, podrían ser claras señales de un mal que no para de sumar víctimas y agigantarse en esta época del año: el síndrome de burnout, una patología cuya influencia fue creciendo y, según los propios médicos, sumando casos con la evolución de las sociedades modernas.

“Es una forma de estrés asociada al trabajo que nace en ámbitos asistenciales o ligados a la salud -precisa el psiquiatra platense Damián Gargoloff-. Básicamente, refiere a un agotamiento emocional por demandas que se le imponen en el trabajo. Otro síntoma clásico que vemos en la consulta es la frialdad, el distanciamiento que adopta quien atraviesa este cansancio y que solemos definir como despersonalización. También la baja autoestima o la falta de realización personal en que termina cayendo quien padece este agotamiento es una característica del burnout”.

Considerado como uno de los nuevos males del siglo XXI y conocido también como el síndrome de la “cabeza quemada”, se caracteriza como se dijo por una fatiga constante, desánimo, falta de pericia en las tareas habituales y dificultades para reconocer al mismo proceso como causante de las dificultades. “No está tipificado como trastorno -apunta el psiquiatra Laureano Bruyer-, pero eso no significa que no se lo asocie cada día más al estrés laboral. Una de las características principales del burnout es que quien lo sufre tiene los parámetros fisiológicos como la presión arterial o la taquicardia muy altos pero no lo advierte ni le se siente extraño, casi como si se hubiese acostumbrado a sentirse mal y sin ningún tipo de fuerzas”.

Para Bruyer, si bien es cierto que a veces puede confundirse con depresión, en el burnout la fatiga tiene particularidades propias de este mal, como dolencias físicas o dificultades para conciliar el sueño. “También hay que sumarle, según cada caso, situaciones de conflictos muy recurrentes en el ámbito laboral o familiar y una baja en el rendimiento de cualquier tarea que se emprenda”, detalla el experto, para quien es cierto que esta época del año, dado el reinicio de responsabilidades, “puede ser un momento propicio para que se registren más casos de burnout”.

Por lo general, se apunta, y si bien no es un mal que ataca exclusivamente a un perfil determinado de trabajador, quienes analizan su implicancia social aseguran que entre los más afectados por el burnout aparecen asistentes sociales, médicos y docentes.

No hace mucho, de hecho, la Asociación Médica Americana realizó una estadística en la que ninguna especialidad evaluada estuvo por debajo del 40% en los índices de burnout. El primer lugar es para la emergentología, con el 70%, luego la medicina familiar y en tercer lugar quienes se dedican a la rehabilitación. Los resultados de esta muestra fueron contundentes: afecta a más del 30% de los médicos del país y es muy común entre quienes trabajan la jornada completa.

Si bien se viene hablando de este síndrome desde hace más de 20 años, se trata de un campo de investigación relativamente reciente. Quienes lo estudian apuntan la existencia de tres subtipos de “cabeza quemada”: el llamado “frenético”; el “sin-desafíos”; y por último “desgastado”.

El perfil “frenético” viene caracterizado por la inversión de una gran cantidad de tiempo en el trabajo y es propio de personas muy implicadas, ambiciosas y sobrecargadas que sacrifican la salud y la vida personal por atender las demandas del trabajo. El perfil “sin desafíos” está determinado por el tipo de ocupación, y presente en personas indiferentes y aburridas que no se desarrollan personalmente en el trabajo. El perfil “desgastado”, en tanto, viene influido por la rigidez de la estructura organizativa dentro de la cual trabaja, se caracteriza por la sensación de falta de control sobre los resultados, falta de reconocimiento de los propios esfuerzos y el abandono de las responsabilidades.

En lo que tiene que ver específicamente con el ámbito laboral, aclaran los especialistas, es necesario diferenciar el estrés laboral del síndrome burnout. El primero es el resultado de exigir mucho al cuerpo y a la mente y saturarlas en sus límites normales, según se explica, mientras que el segundo tiene que ver con una fatiga inmanejable aún cuando se haga muy poco o casi nada.

 

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