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OPINIÓN

Los resortes psicológicos del comportamiento agresivo y la necesidad de mejorar la prevención

Por PEDRO RAFAEL GARGOLOFF (*)

El comportamiento agresivo serio, el que se evidencia en consecuencias de alto riesgo para terceros y que se manifiesta en diversos contextos vitales (incluyendo el que puede observarse tras un incidente vial), es una preocupante expresión de las dificultades en las relaciones interpersonales actuales. Sus graves consecuencias, a título de algunos ejemplos, van desde los crecientes casos de amenazas y lesiones menores hasta muertes, relacionados con la violencia de género o a las disputas que se registran entre conductores de vehículos, entre muchos otros.

Claro que para que ocurran se requiere la presencia de múltiples factores facilitadores y desencadenantes. Sociales, como los incidentes entre personas desde triviales a serios; psicológicos, como ciertos rasgos de personalidad o estilos de conducta desadaptativos; biológicos, vinculados al deficiente control de los impulsos o el deterioro cognitivo, debiendo destacarse el rol creciente del consumo de sustancias con la consecuente desinhibición y minimización del riesgo.

VARIABLES PSICÓLOGICAS

Entre las variables psicológicas que podrían estar presentes en los incidentes viales, se describen la inestabilidad emocional, la tendencia a la impulsividad, el manejo deficitario del estrés, las conductas temerarias y desaprensivas, la insensibilidad y la carencia de autorreproches frente al daño causado. También la necesidad de demostrar el poder propio y patentizar el dominio frente al otro y la falta de empatía y culpa.

Finalmente, entre otras potenciales condiciones que pudieran explicar el comportamiento agresivo serio, hay un conjunto de características de pensamiento, afectividad y comportamiento desadaptativos, que es reconocido como el Desorden de Personalidad Antisocial.

En este caso, el inicio se ubica en la adolescencia temprana, con tendencia a la inatención y vulneración de los derechos de los demás, evidenciada por diversas manifestaciones como irritabilidad, agresividad física reiterada, desatención imprudente por la seguridad de los demás o intencionalidad en provocar daño, dificultades en el cumplimiento de las normas sociales, marcada y frecuente pérdida del control de los impulsos.

Un párrafo final aplicable a esta nota sobre violencia: lo relevante a destacar es que, más que intentar explicar por qué se dan estas conductas violentas, con frecuencia y severidad crecientes y las serias consecuencias ante incidentes viales menores, es la necesaria y útil prevención ante situaciones que se identifiquen como de riesgo, con sugerencias para no involucrarnos, evitando así un espiral de rápida violencia que no podremos controlar y desconocemos cómo finalizará.

 

(*) Psiquiatra

 

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