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Cuentiniñes: pequeños juglares de La Plata y América Latina

Más de 100 chicos del continente se sumaron a un festival de narración oral infantil que se organizó desde nuestra ciudad con apoyo internacional

María Laura López Silva

Por: María Laura López Silva
llopezsilva@eldia.com

15 de Noviembre de 2020 | 07:55
Edición impresa

Narradores, juglares, payadores y cuenta cuentos. La tradición de la palabra oral es ancestral y su capacidad de trasmitir la historia y ponernos en contacto es invaluable. Un tono de voz dice mucho más que las letras juntas y eso es lo que desde la Asociación de Narradores Argentinos quisieron mantener en este año tan particular donde no pudieron viajar para hacer llegar sus voces.

Desde hace 12 años, esta organización sin fines de lucro promueve y apoya las tradiciones orales, cuentos, poesías, leyendas, fábulas y reportajes latinoamericanos en diferentes espacios de vulnerabilidad social y cultural. Para no perder el contacto con la gente se dispusieron a utilizar la virtualidad y organizaron “Cuentiniñes”: festivales de narradores orales infantiles. Ya realizaron uno nacional y esta semana se llevará a cabo la presentación del segundo, del que formaron parte más de 100 niños de 3 a 14 años de toda América Latina.

De Ushuaia a Monte Rey, pasando por Brasil, Chile, Perú, costa Rica, El Salvador, Honduras y Panamá - sólo por nombrar algunos de los países desde donde se enviaron los videos de las narraciones-, los más chicos le pusieron su voz a distintos textos y compartieron sus historias.

“Nosotros somos conspiradores de sueños, llevamos el amor por el lenguaje y el decir a todos lados y como este año no pudimos trasladarnos físicamente, pensamos esta alternativa para los más chicos. Todos somos contadores y tenemos derecho a hacer escuchar nuestra voz. Perdimos, como decía Eduardo Galeano la `capacidad de nombrar´. Cuando falta la palabra y el lenguaje faltan sueños y entra la violencia. Por eso es tan importante que no se pierda la ancestralidad de la palabra. En este caso, los niños cuentan su historia en pandemia, una situación que los afectó mucho porque perdieron contacto con sus pares y su mundo cotidiano. Queremos resaltar el encuentro lector entre los chicos y el adulto”, explica Teresita Bustos, fundadora de la organización que ya tiene cinco delegaciones en la provincia de Buenos Aires.

Durante tres días -18,19 y 20 de noviembre- entre las 12 y las 19 horas, se van a publicar cada media hora en el Facebook “Asociación de Narradores Argentinos” los videos que mandaron los niños como una forma de hermanar al continente, porque según Teresita, “la narración oral no está en escena y hay que revalorizarla para recuperar su poder”.

EXPERIMENTADA

Cuando empezó la cuarentena, a Catalina Ojeda Soibelzon (9), que aprendió a leer a los 4 años, se le ocurrió grabar audios para el grupo de WhatsApp en los que contaba un cuento cada noche para que lo escucharan sus primos más chicos. Fue por eso que su tío al enterarse del “Cuentiniñe”, le pasó el dato. “Leí `Orejas de mariposa´ de Luisa Aguilar, como era cortito me lo aprendí de memoria y mis papás me grabaron”, dice Cata que además produjo su escenografía para que todo saliera perfecto: “atrás mío puse un cartel con el título del cuento, me senté en la cama con un montón de peluches y también estaba mi gatita. Lo hicimos varias veces porque se caía el teléfono o el cartel. Al principio me dio vergüenza, pero después me gustó y me emocionó”.

Mariana, la mamá de cata celebra este tipo de actividades como una “enamorada de los libros”, pero también porque descree de quienes dicen que los chicos están “atrapados por las pantallas.

“Me pareció un espacio buenísimo. Siempre se dice que la juventud está perdida, que los chicos no leen o que no les importa y una experiencia así pone de manifiesto que los chicos leen y que les interesa que les lean. Además, narrar es hermoso y uno se apropia de lo que lee, le pone sus condimentos. Fue un incentivo para ella”.

DEDICATORIAS Y SÚPER PRODUCCIONES

Como ejemplo de la red que se forma con la palabra Emilia Crocci Zapiola (12) cuenta que a raíz de los Cuentiniñes conoció a una escritora cordobesa que le dedicó una poesía. “Mi abuela me contó que se estaba haciendo el festival y me sugirió `Luna y maullidos´, una poesía que a ella le gusta y mandé un video narrándola. Pero antes de hacerlo le pedí permiso a la autora, Viviana Aguirre, y lo lindo fue que en agradecimiento por usar su texto me escribió una poesía para mí. Mi abuela está re contenta”, explica la pequeña actriz que vive junto a su familia en el barrio San Carlos de nuestra ciudad y eligió el rosal del patio de su casa como escenografía de fondo porque “quedaba lindo para mostrar. Es raro, pensar que se puede llegar a otros países, es la expectativa más grande que he tenido, mas allá de ganar o no, es divertirse un rato”.

En estas actividades los chicos se meten en el mundo de la lectura y eso es lo que celebra Cecilia, la mamá de Emilia: “nosotros estamos acostumbrados a la narración porque mis papas son profesores de letras y yo soy dramaturga, como que en mi casa las artes estaban muy al alcance de la mano. Pero esta experiencia posibilita un encuentro de los chicos fuera de las redes dañinas porque no se exponen a los heaters u otros peligros de Internet. Narrando tienen que estar en contacto con la lectura y está buenísimo. Para Emi fue un trabajo memorizar la poesía, pero lo hizo con mucho amor. La virtualidad permitió tender lazos que de otra forma no hubiesen podido hacerse”.

“Narrando tienen que estar en contacto con la lectura y está buenísimo”

 

Para la prima de Emilia, Inés Silva Zapiola (8) leer un cuento frente a cámara no fue un desafío porque ya tiene una cuenta de TikTok. Sin embargo, producir su actuación la llevó a compartir un rato espacial con su familia. “La primera vez que lo grabé no se veía el libro y lo tuvimos que hacer de nuevo. Me puse un sombrero y mi papá me hizo un rinconcito con juguetes y un decorado para que saliera linda. Había un pizarrón que decía `Rincón de Inés´”, describe la pequeña y Verónica, su mamá agrega: “en general leemos bastante en casa, casi siempre a la noche nos turnamos con mi marido y le leemos algo o nos lee ella. Se re copó con la experiencia”.

Del otro lado del teléfono en altavoz Inés suma que también lee novelas, que tiene muchos libros y que prefiere los que tienen ilustraciones.

Esta iniciativa está acompañada por comunidades educativas de todo el país, así como también internacionales, que creen en la importancia de trasmitir la cultura de todas las formas posibles.

“Se trata de una disciplina del arte compleja. Uno narra lo que es y cuesta desnudar el alma para compartir con otros. Los chicos están agradecidos de poder mostrarse y eso es lo que más nos emociona porque nos da sentido. Las cosas se transforman de a poquito y los chicos son el futuro que puede cambiar las cosas”.

 

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