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Amapolas rojas: el homenaje de la corona inglesa a sus soldados

Durante noviembre, los Windsor lideran, en Londres, los actos del Remembrance Day como reconocimiento a quienes dieron su vida por el reinado. La flor tiene un particular significado

Amapolas rojas: el homenaje de la corona inglesa a sus soldados

La reina Isabel II deposita una réplica de su ramo nupcial en la Tumba del Soldado Desconocido

Por: VIRGINIA BLONDEAU
vivirbien@eldia.com

15 de Noviembre de 2020 | 07:54
Edición impresa

Heroísmo, patriotismo y algunos otros “ismos” muchos más polémicos son los que llevan a una nación a formar parte de una guerra, los que dan fuerzas a los soldados en la batalla y los que hacen que se recuerden para siempre el alma de los muertos.

La guerra tiene su mística más allá del dolor que causa y del deseo unánime de paz. En Europa, esta mística alcanza su punto más alto en este mes de noviembre en el que los Windsors lideran, en Londres, los actos del Remembrance Day, o Día del Recuerdo. ¿Por qué en esta fecha? Porque el 11 de noviembre de 1918 a las 11 de la mañana se firmó el Armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. O sea, una fecha tan cabalística como el 11 del 11 a las 11, hora de Londres.

Todo Gran Bretaña se une para recordar a los caídos en la batalla y también Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, todos ellos miembros de la Commonwealth, la comunidad de naciones que cobija a países que tuvieron alguna vez lazos con el Reino Unido.

Y como no hay mística sin símbolos que lo refuercen, una flor, la amapola roja, es la que representa a esos muertos y es a la que veneran los vivos.

En los campos de Flandes crecen las amapolas

Entre las cruces, fila tras fila,

marcan nuestras tumbas. Y en el cielo

las alondras, mientras cantan con valentía, vuelan.

Escasamente son oídas por el sonido de los cañones.

Somos los muertos

Hace pocos días vivíamos, sentíamos el amanecer,

veíamos el resplandor del atardecer.

Amábamos y éramos amados.

Ahora yacemos en los campos de Flandes.

Contra el enemigo continúen nuestra lucha,

tomen la antorcha que les arrojan nuestras manos agotadas,

manténganla en alto.

Si faltan a la fe de quienes hemos muerto, jamás descansaremos

Aunque florezcan en los campos de Flandes, las amapolas.

Este poema fue escrito por John McCrae en 1915 y no fue por casualidad. Mc Crae era un médico y militar canadiense que había participado en la contienda de Flandes, en Bélgica, durante la Primera Guerra. Allí había perdido la vida un muy querido amigo y, cuando tiempo después fue a visitar su tumba y las de otros camaradas, notó que, junto a las cruces, habían crecido miles de amapolas rojas, al igual que en los campos de batalla de Francia, durante las guerras napoleónicas. Esta visión lo inspiró a escribir este poema que fue publicado el 8 de diciembre de 1915 con el nombre de In Flanders Fields (En los campos de Flandes). Mc Crae falleció poco después pero sus palabras no fueron olvidadas. El poema había causado gran impacto y la amapola comenzó a verse como un símbolo de la muerte gloriosa y del renacer, como la imagen misma de la resiliencia.

Y, en este caso, una base científica refrenda el mito: algunos proyectiles tienen cal en su composición y, allí donde caen, matan las raíces y mueren los cultivos. Todos menos las amapolas, a las que cierta dosis de cal las favorece. Y crecen de a miles y con su color rojo brillante, como la sangre derramada por los soldados. Este sustento científico, que sirve para tranquilizar a quienes necesitan encontrar una explicación para todo, no tiene nada que ver con el hecho de que la amapola haya trascendido hasta nuestros días como símbolo de la guerra.

Eso se debió, más bien, a una estrategia de marketing. En 1920, ya finalizada la guerra, una maestra estadounidense leyó el poema y adoptó el uso de la amapola en su solapa pero, además, se le ocurrió fabricar amapolas en seda roja para vender y, con ese dinero, ayudar a los excombatientes que habían regresado lisiados. Pronto esta idea se popularizó en Francia e Inglaterra, donde quedó instituida hasta nuestros días.

De hecho Camila, la duquesa de Cornualles y heredera consorte al trono, es patrona de The Poppy Factory (Poppy es amapola en inglés), una organización no gubernamental que ayuda a los veteranos de las guerras a insertarse laboralmente en la sociedad. Como patrona de esta institución y en representación de la Corona, Camila asistió, el 4 de noviembre pasado, al Campo del Recuerdo, junto a la abadía de Westminster, a rendir su tributo. Llevaba, por supuesto, una amapola-joya en su solapa y un barbijo que comercializa otra ONG para recaudar fondos, también con amapolas en el diseño de la tela.

Fue este acto el comienzo de una serie de celebraciones que finalizan el Día del Recuerdo, o Día del Armisticio y en el que se rinde tributo a los fallecidos en todas las guerras en las que Gran Bretaña ha participado y también a los veteranos de esas guerras. Durante toda la semana previa al 11 de noviembre los miembros de la casa real llevan una amapola en la solapa. Este año, claro, todo fue diferente ya que la crisis sanitaria obligó a que se realizaran con un número reducido de gente.

No se esperaba tampoco la presencia de la reina en ninguno de ellos. Pero Isabel II, de 94 jóvenes años, siempre sorprende. A pesar de la pandemia y de que no estaba en la agenda, una tarde, se escapó del palacio para homenajear, en la intimidad, a quienes dieron su vida en la batalla y visitó, con la única presencia de su edecán, del obispo y del fotógrafo de la corte, la Tumba del Soldado Desconocido, en la Abadía de Westminster. Las imágenes que circularon nos permitieron ver por primera vez a la reina con barbijo. Negro con ribetes blancos, creación de Angela Kelly, completaba el look solemne de Su Majestad.

Este monumento fue inaugurado por su abuelo el 11 de noviembre de 1920 y, aunque se esperaban grandes celebraciones por el centenario, ya veremos que tuvieron que reducirse a la mínima expresión. La Tumba tiene enorme significado para las damas de la familia real ya que cada una de ellas lo ha visitado luego de la ceremonia de su boda para depositar el ramo. Lo hizo Diana en 1981, Kate Middleton en 2011 y Meghan Markle en 2018. La última fue la princesa Beatriz de York este año, en plena pandemia. Y lo repitió la semana pasada Isabel, quien llevó como ofrenda una réplica exacta del bouquet que había depositado en 1947 cuando se casó con el príncipe Felipe.

Acorde con los tiempos que corren, también las redes sociales oficiales se “amapolizaron” y las cuentas @theroyalfamily, @clarencehouse y @kensingtonroyal mostraron nuevas fotos de perfil en las que vimos a la reina y a sus herederos, luciendo sendas amapolas en la solapa. Además Kate, la Windsor más amiga de las nuevas tecnologías, se conectó por Zoom con militares que están prestando servicio en el extranjero y con familiares de víctimas de guerra. Siempre, obvio, luciendo su amapola .

El festival anual del Día del Recuerdo, fue, este año, virtual y miles de ingleses pudieron verlo por televisión. El príncipe Carlos, en sus palabras, recordó a quienes lucharon por la libertad e hizo un paralelismo con la situación actual: “En este año desafiante tal vez nos hemos dado cuenta de que las libertades por las que lucharon por nosotros son más valiosas de lo que sabíamos, y que la deuda que les debemos es aún mayor de lo que imaginamos”.

El domingo pasado, finalmente, tuvo lugar el acto principal en el Cenotafio al que asistieron todos los miembros de la Casa Real y del gobierno. Y, en lugar de los miles de veteranos que desfilan todos los años, solo unos pocos estuvieron presentes. El príncipe de Gales, acompañado por el príncipe Guillermo, fue quien presidió el acto. La reina, visiblemente acongojada, y el resto de la familia observaban desde los balcones conservando siempre el distanciamiento. La reina lució en la solapa cinco amapolas, Camila, una y Kate, duquesa de Cambridge, tres. Si bien no hay una explicación oficial se cree que llevan una flor por cada uno de los muertos en batalla de sus respectivas familias.

Además del minuto de silencio y las palabras alusivas, se depositaron ofrendas de amapolas en nombre del príncipe Felipe, retirado de la actividad pública y de cada uno de los presentes.

Dicen los rumores que el príncipe Harry, autoexiliado con su esposa en Estados Unidos, se ofendió y se sintió desplazado porque nadie había puesto una corona en su nombre y, para no ser menos, colocó una ofrenda floral a soldados enterrados en el cementerio de Los Ángeles. Más allá de las críticas por esa especie de corte paralela que Harry y Meghan quieren crear, no hay duda de que los sentimientos de él son genuinos ya que durante diez años fue miembro activo del ejército, una institución con la que se siente muy unido.

Todos estos actos pusieron de manifiesto que el COVID- 19 ha acelerado los tiempos para el retiro de la reina. No se habla de abdicación, ni siquiera de regencia, pero está claro que el príncipe de Gales y su esposa, la duquesa de Cornualles, son quienes asumieron todo el protagonismo.

De hecho el acto central del miércoles pasado (el del 11 de 11 a las 11) en la Tumba del Soldado Desconocido fueron ellos quienes lo presidieron. Con gran solemnidad pero sin dejar de lado la complicidad que caracteriza a la pareja, Carlos se presentó con todas las condecoraciones en su pecho y Camila de negro y con su elegante barbijo de amapolas. Y también será esta pareja quien represente a la reina hoy en Berlín cuando asistan a la celebración del Día del Veterano.

Finalizan ya todos los actos por el Remembrance Day de 2020. A pesar de que siempre sobrevuela en ellos cierto espíritu trágico, este año, además, han estado tristes y un poco deslucidos. El Reino Unido fue y está siendo muy castigado por la pandemia y podemos intuir que tanto los miembros de la familia real como todos los presentes, estarían deseando (como nosotros) ganar esta batalla y que crezcan de una vez las amapolas.

 

 

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Carlos y Camila en el acto del 11 de noviembre para celebrar el centenario de la creación de la Tumba al soldado Desconocido en la Abadía de Westminster

La duquesa de Cambridge participando de una reunión virtual

Los miembros de la familia real asisten al los actos del Domingo del Recuerdo

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