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Un ex combatiente y la emoción de volver a Malvinas en familia

Germán Farías regresó al archipiélago junto a su mamá, su esposa y sus tres hijos. Revivieron todos los hechos que el ex soldado contó en casi cuatro décadas sobre el conflicto bélico de 1982

20 de Febrero de 2020 | 04:05
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Decenas de ex combatientes platenses han estado volviendo a Malvinas desde que años atrás se les facilitó el ingreso a las islas. Los que han vivido la experiencia dicen que el hecho de regresar al escenario que les arrebató de un fogonazo la adolescencia sutura, de alguna manera, la herida que abrió la guerra. Desde otra perspectiva pero no menos intensa, Nelly Garmendia -81 años- comparte la significación del viaje. Ella es una de las madres que en 1982 esperó día tras día no ya a su hijo sino tan sólo noticias sobre él y conoció en los meses que duró el conflicto el terror propio de la posibilidad de perder un hijo. Por fortuna, después de la rendición del 14 de junio, pudo abrazar otra vez a Germán. Y ahora él la llevó a ese inhóspito paisaje austral; le mostró la trinchera donde se apostó en las heladas noches; y la acompañó a conocer Monte Longdon, donde se desarrolló la histórica batalla, y el Cementerio de Darwin. Para ella también la visita resultó “sanadora”.

En rigor, este fue para Germán un viaje muy especial. Ya había vivido otro similar, cuando volvió por primera vez al archipiélago, en 2012, junto a sus hijos mayores Elián, hoy de 28 años, y Raiquel, de 24 (Lihuel, de 13, era chico entonces para la experiencia Malvinas). Aquel regreso, treinta años después, le representó una revolución de sentimientos. Pero en esta estadía que culminó hace dos semanas, más sensibilizado por los años según confió, y con el particular acompañamiento de su madre; su mujer, Claudia -54-; y todos sus hijos, el sacudón emocional se redobló.

Una fue la historia para Nelly al estallar la guerra. Y otra, distinta pero muy sentida, la que acaba de vivir. Ese año, el 82, fue para ella “fatídico”. Y lo que le viene a la memoria conmueve a quien la escucha, aunque ya se esté cerca de cumplir 40 años de la tragedia.

La angustia de entonces y la emoción de ahora

Nelly cuenta que aquellos días, con el hijo mayor tan lejos de ellos y tan cerca del peligro, cuando a la noche con su marido escuchaban un ruido en la puerta creían que era Germán que volvía. “No sabíamos nada de él. Mi esposo iba todos los días al Regimiento 7 para que le dieran alguna información, y nada. Nos reuníamos con los otros padres, para apoyarnos y pasarnos algún dato. Íbamos todas las semanas a misa y no parábamos de rezar”, recuerda la mujer al tiempo que concluye: “nos salvó la fe; nunca perdimos la esperanza de recuperarlo; y al recuperarlo fui una afortunada”.

En cambio, la historia que acaba de vivir la recorrió con Germán. Volvió a llorar, ya no con miedo sino con la tristeza por los soldados caídos. Darwin y sus tumbas la desarmaron; lo mismo la “posición” Nº 3, entre las rocas, que le señaló Germán. Imaginarlo ahí a la espera de los ataques con apenas 18 años, le devolvió parte de la angustia pasada.

También fue un “cierre”, en el sentido de lo emocional, lo que significó este viaje para Claudia -54-, compañera del proyecto familiar y receptora de relatos una y mil veces repetidos por Germán. Al escucharlos en tantas ocasiones, ella creyó que lo que viera en la isla no la iba a sorprender. “Me equivoqué -asegura-. Malvinas siempre fue parte de nuestra vida cotidiana, porque esas anécdotas son parte de todos los días. Para mí es un antes y un después de mi viaje a Malvinas. Es muy fuerte; removió muchos sentimientos”.

No todo, aclaran los tres integrantes de la familia, es dolor y nostalgia al visitar Puerto Argentino. Germán explica, en ese sentido, que al volver a la isla se disfruta también de paisajes por demás originales, singulares de la región del extremo sur del mapa. Coinciden con él Nelly y Claudia, quienes destacan como lugares “muy bonitos” la Playa del Faro, de arenas blancas y un mar profundamente azul; la pingüinera; y los ríos de piedras, casi únicos en el planeta.

Soldado, maestro y militante

La vivencia de Malvinas le dejó, sin dudas, una marca imposible de borrar. No obstante esa huella, ese volver incesante a las escenas de una experiencia que no puede no ser traumática, Germán Farías apostó a partir de los casi 20 años a ser lo más feliz posible. Conociendo su recorrido se ve que lo logró. No sólo se enamoró y armó un proyecto familiar, sino que después de dar algunas vueltas se convirtió en maestro de educación para adultos (ya se jubiló), colaboró con talleres de comedores y centros comunitarios, y ahora trata de solucionarle los problemas a sus compañeros de la Casa de Ex Soldado Combatiente de Malvinas -CEMA-.

“Estar con mi mamá en el lugar donde esperé los chocolates que nunca llegaron fue también un cierre”

Germán Farías, ex combatiente

 

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Los Farías y la satisfacción de la experiencia Malvinas/C. Santoro

En la trinchera 3, casi 40 años después, y con la familia en pleno: una experiencia “unica”, segun Germán Farías

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