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Debut en la universidad: comenzar la carrera de la vida

Cómo viven esta nueva etapa los jóvenes que empiezan la facultad, cuáles son los cambios internos que atraviesan y cómo deberían acompañarlos los adultos

Debut en la universidad: comenzar la carrera de la vida

Por: MARÍA LAURA LÓPEZ SILVA
vivirbien@eldia.com

9 de Febrero de 2020 | 08:56
Edición impresa

Desde hace unas semanas, el ambiente universitario de la Ciudad va retomando su ritmo habitual con los cursos de ingresos de las 18 facultades en la que se inscribieron más de 33 mil aspirantes, en su mayoría debutantes en el mundo académico y en la adultez.

Los jóvenes que terminaron la educación secundaria y comienzan la universitaria enfrentan cientos de situaciones nuevas y desafiantes en el incipiente recorrido de su propio camino. Deben tomar decisiones por si solos, evaluar posibilidades, alternativas y en muchos casos, hacerse cargo de sí mismos si es que vienen de otras ciudades a estudiar a La Plata.

“Es como un cachetazo”, dispara Manuel Peralta (18) que dejó las playas de Pinamar hace poco más de una semana para instalarse solo, por propia elección, en un departamento amueblado de barrio Norte. “En mi casa estaba acostumbrado a ayudar, pero acá tengo que hacer todo solo. Es una experiencia difícil, aunque te acomodás al toque”, agrega el ingresante de Medicina que es el primero de su familia en irse a estudiar. “A mi me gusta el movimiento de La Plata, la gente y el ritmo, pero algunos quedan abrumados, como un amigo mío que los primeros días le costó acomodarse”, cuenta.

Para Lara Gigante (18) de Tandil, las cosas son un poco distintas. “Vivo en una pensión femenina, con nueve chicas más. Me manejo bien con las cosas del hogar, porque me gusta limpiar y sé cocinar. La convivencia es una nueva experiencia que está buena para alejarse un poco de la casa”, describe la joven que también arrancó Medicina y tiene de referentes a sus dos hermanas mayores que estudiaron en nuestra ciudad. “No viven más acá, pero les consulto cosas”, explica.

Delfina Torga (18) también es ingresante y llegó hace una semana desde Campana para instalarse en el departamento donde ya vive su hermana que está por terminar edcación física. “Había venido antes para inscribirme y para visitar a mis hermanos, pero no por más de un fin de semana. Por ahora me quedo acá pero por ahí después me mudo con mi hermano que también estudia y trabaja”, relata y cuenta cómo fueron estos primeros días de la nueva convivencia. “Con la comida y las cosas de la casa nos arreglamos entre las dos. Ella me va mostrando los comercios de la zona y voy aprendiendo. A veces pedimos comida pero tratamos de cocinar para abaratar costos. No estaba acostumbrada porque allá vivía con mi mamá y ahora que estamos solas estoy aprendiendo”.

El casco de la La Plata, por donde circula la mayoría de los estudiantes no es muy grande, y si bien a numeración de las calles facilita ubicarse, para quienes recién llegan siempre es un poco difícil manejarse al principio. Por esos el transporte es uno de los temas básicos para los ingresantes que vienen del interior. Conocer dónde están las paradas de los micros, sus recorridos y frecuencias es vital para poder manejarse. Para esta generación híper tecnológica, este punto se soluciona bastante fácil.

Todos usan Moovit, una aplicación mundial gratuita que permite saber cuáles son los recorridos, las paradas, frecuencias y cuánto falta para que pase el próximo micro, entre otro tipo de información sobre el servicio de transporte público.

Pero nada es perfecto, y Manuel lo supo el primer día de cursada. “El micro que tenía que tomar nuca pasó. Por suerte tengo unos tíos que viven acá, así que los llamé para ver cómo podía hacer y al final ellos me llevaron”.

“La línea universitaria me parece genial porque pasa por todas las facultades”, resalta Jostyn Padilla (18), un ecuatoriano que vive en Casa Rica, una residencia para estudiantes donde convive con más de 80 personas de todo el mundo, entre quienes se encuentra Francisco Pardo (19), de Chile, también ingresante de la universidad.

En esta especie de pensión mixta donde cuentan con salas de estudio, lockers y habitaciones individuales o compartidas, hay un consejero que ayuda a los chicos a orientarse en la Ciudad, entre otras cosas.

“La convivencia con otros es una nueva experiencia que está buena para alejarse un poco de la casa”

Lara Giagante,
ingresante de medicina

 

“Por ahora tomo dos colectivos para ir a la facu, y mi idea, cuando conozca bien la Ciudad, es usar la bicicleta. También ando con el mapa porque aunque con las calles numeradas es fácil, todavía soy nueva y necesito ir chequeando todo el tiempo por dónde estoy y medir distancias. Tampoco hay que tener miedo de preguntar y pedir ayuda a la gente”, cuenta Delfina que en uno de sus primero viajes en transporte público conoció a Giannina D`Amelio (19), que al igual a ella, arrancó Piscología este año, pero es platense.

“Las dos viajábamos con nuestras mamás. Ellas se pusieron a hablar en el micro y ahí surgió que nosotras íbamos a estudiar lo mismo”, relata la anécdota Giannina.

A diferencia de “los del interior”, quienes arrancan la carrera universitaria y son de esta ciudad, tienen bastantes cosas resueltas y enfrentan menos desafíos, desarraigos y responsabilidades. Claro que también cuentan con menos libertad.

“Lo que cambió fue la rutina y no ver a mis amigos todos los días. A veces me agarra un poco de nostalgia de no poder compartir tanto tiempo con ellos. Pero en mi casa sigue todo igual”, explica la platense que vive con su mamá y una hermana menor que va al secundario.

Para Gaspar Albariño (19), tampoco hubo demasiados cambios. ”El manejo con mis papás se fue modificando hará un año y medio más o menos, que empecé a manejarme más solo”, dice este joven de Tolosa que se anotó en la facultad con varios amigos, pero quedaron todos en distintas comisiones.

En las casas platenses con debut de universitarios los ritmos comienzan a cambiar al nuevo sistema de estudio y las largas jornadas fuera de casa que conlleva la actividad académica. Quizás los chicos ya no vayan a todos los cumpleaños familiares o no compartan tanto tiempo en la casa, por ejemplo.

PRIMER DÍA

Los nervios del primer día de cursada fueron inevitables. Espacios, caras, adultos y sistemas de organización nuevos. Un mundo de gente desconocida e información de todo tipo: materias, horarios de cursadas, cantidad de faltas y trámites académicos.

Si bien no son nenes, la universidad sabe que recibe chicos en pleno proceso de transformación y trata de ser lo más amable posible con ellos. Desde los docentes hasta los centros de estudiantes se ponen a disposición de los ingresantes para que no salgan espantados.

“Los primeros dos días fueron de bienvenida institucional, introducción al curso de ingreso y nos sacamos varias dudas al respecto. El tercer día empezamos con las clases en sí. Conocí gente de Quilmes, Longchamps, Berazategui, Salta y Córdoba. La verdad que estoy contento y entusiasmado, ya tenía ganas de arrancar esta etapa. Tengo grandes expectativas por la carrera pero también por todo el ambiente de la facultad y su gente”, comenta Gaspar.

“Por ahora tomo dos colectivos para ir a la facu. Cuando sepa bien las calles usaré la bicicleta”

Delfina Torga,
ingresante de psicología

 

Manuel también tuvo una buena experiencia: “nos mostraron el edificio, nos contaron cómo iba a ser el curso de ingreso y nos dieron trabajos prácticos y textos para que comencemos a trabajar. La verdad que me sentí bien, acompañado. El tip para hacer amigos es llevar mate a las cursadas”, aporta y varios coinciden en su vivencia, como Delfina: “el primer día de cursada estaba re nerviosa porque me sentía ajena a ese mundo que nunca había vivido. Pero fue lindo porque hable con gente, me gustó mucho el ambiente de la facultad. Estoy ansiosa por ver cómo avanza todo. Además me gusta el espíritu de la universidad pública, y me sentí re apoyada y contenida”.

Jostyn, en cambio, se sintió observado: “El primer día estuve súper incómodo porque hablé y todos me miraban porque notaron que mi acento no era de este país. Eso si, los docentes me parecieron muy buenos porque se dirigen a los alumnos de igual a igual y eso te da más tranquilidad y confianza para estudiar”, cuenta Padilla que como Pardo, comparan estas experiencias con las de su país: “No se siente ese aire de competencia que sí hay en Chile entre los estudiantes. Eso me pareció estupendo. Antes de venir a Argentina hice un año de ingeniería civil y si bien no me gustó la carrera, el hecho de la competitividad también me alejó de la universidad”.

ECONOMÍA DE GUERRA

La libertad que tienen los estudiantes del interior supone además la responsabilidad de saber administrarse. Tiempo y dinero, dos bienes finitos que con el correr de los días los chicos comienzan a utilizar evaluando posibilidades y resultados.

En cuanto al estudio, por ahora la cosa viene bastante light para todos. Los cursos de ingreso suelen ser introductorios y nivelatorios, por lo que la mayoría no tiene que leer demasiado ni rendir exámenes.

Pero a la hora de organizarse con el dinero, lo que prima es la cautela: tiempo de crisis y el aprendizaje de para qué y por cuánto tiempo alcanza lo que tienen. La mayoría recibe una mensualidad de sus padres en efectivo y tiene extensión de alguna tarjeta de crédito para casos imprevistos.

“Mis padres me envían dinero pero ya estoy haciendo los trámites para tener el DNI y poder buscar trabajo”, cuenta Jostyn que destaca la gratuidad y calidad de la universidad pública, dos características que lo hicieron elegir nuestra ciudad para venir a estudiar.

Manuel, por su parte, ya tiene algunos datos de gran importancia: “me pasaron lugares donde ir a comprar las cosas de la casa y la comida, pero seguro voy a usar el comedor universitario para ahorrar”.

En pocos días llega el feriado de Carnaval que sigue al fin de semana del 22 y 23 de febrero, y además, muchos de los cursos de ingreso finalizan a fines de febrero y en varias facultades las cursadas comienzan a mediados de marzo o abril, por lo que la tentación de volver a los pagos es grande.

“Para Carnaval no sé si voy a viajar. Mi mamá me dijo que llegué hace muy poco y que piense más en quedarme que en volver. Además el pasaje está muy caro así que es probable que me quede estudiando”, explica Lara que dice que por ahora tiene la “extrañitis” de los primeros días.

Esa es la sensación de varios, aunque otros aún no sintieron la falta de sus seres queridos y amigos por la vorágine de la experiencia que están atravesando.

“Extraño sobre todo a mis perras, a mi mamá, a mi papá y a mi novio que él se quedó en Campana. Vamos a tener que acostumbrarnos y ver quién viaja. Eso es un conflicto, pero ya vamos a resolverlo”, cuenta Delfina con un dejo de nostalgia.

SOLTAR

Pero estos nuevos vecinos no son los únicos que pasan el mal trago. Los padres también sienten los cambios. “A mi mamá le cuesta más la distancia porque éramos más unidos. Mi papá y mi hermana tiene más actividades y por ahí no estaban tanto tiempo en casa. Igual hablamos todas las noche, les cuento cómo me fue y ellos se quedan tranquilos de que está todo bien”.

“El tip para hablar con otra gente y hacer amigos es llevar mate a las cursadas”

Manuel Peralta,
ngresante de medicina

 

“Tanto para Giannina como para mí y toda la familia, esto es nuevo. Como mamá me daba miedo que no se sintiera cómoda o se asustara. Pero saber que en la facultad desde le primer día, al menos en psicología, armaron grupo de WhatsApp para que se contacten entre los compañeros y conocerse, me dio un alivio y para ella estuvo muy bueno”, cuenta Mariel Porres a quien le parece que desde la universidad contienen a los chicos con distintas herramientas.

“Ella me cuenta que desde el centro de estudiantes se acercan a estar con ellos y les explican cómo se pueden manejar. También me habló de que van a tener un tutor en las clases a quien le pueden consultar todo. Son cosas que me dan tranquilidad porque siento que están contenidos y no se van a sentir solos”, agrega esta mamá que se emociona con el crecimiento de su hija.

“Más allá de que nosotros somos de acá y ella se sabe manejar, y no es tan complicado como para los chicos que vienen del interior, es algo nuevo todo esto. Conoció gente y se abre a esta experiencia sin problemas. Para mi es difícil soltar porque es mi primera experiencia. Verla crecer es fuerte y lindo saber que elige una carrera y que tiene sueños por cumplir. Quizás no siga en esta facultad y después estudie otra cosa que le guste más, pero darme cuenta que piensa en un futuro y que tiene proyectos me da alegría. Me emociona”.

De a poco, entusiasmados y con algunos miedos, los ingresantes comienzan su propio camino, aprenden una profesión y también aprenden de la vida.

 

 

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Multimedia

Francisco Pardo de Chile, Nicole Amézquita de Colombia, Pablo Pereyra de Carmen de Patagones y Jostyn Padilla de Ecuador viven en una residencia para estudiantes / César Santoro

Giannina D`Amelio, platense y Delfina Torga, de Campana, comenzaron la carrera de psicología / César Santoro

Gaspar Albariño vive en Tolosa y es ingresante de Psicología / D. Ripoll

Manuel Peralta vino de Pinamar a estudiar medicina / César Santoro

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