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La Ciudad |Opinión
Los desconectados

Los desconectados

Por: MARIANO NARODOWSKI

26 de Abril de 2020 | 02:13
Edición impresa

Profesor de la Universidad Di Tella

 

A causa de la pandemia y el aislamiento ya no resulta posible naturalizar la brecha socioeducativa brutal que padece la Argentina. El aislamiento logró mostrar que al menos la mitad de los estudiantes argentinos no tiene conexión a Internet o la tiene muy precaria (y cara) con celulares prepagos. Y que la idea de aprender en casa se complica cuando la casa no ofrece lugar adecuado ni condiciones mínimas. Y cuando no hay adultos preparados para acompañar.

Los chicos más pobres que tenían en la escuela el último lugar de presencia estatal, de cuidado y formación (que también es alimento y cariño) hoy están desconectados, lo que implica un aumento considerable en el proceso de exclusión social, con consecuencias negativas tanto en la pandemia como en la post pandemia.

Sabemos que las escuelas tienen un enorme potencial igualitario, y la población históricamente excluida puede acceder gratuitamente al saber gracias a ella.

Sin embargo, aún antes de la pandemia las escuelas no lograron llegar a todos e incluso, cuando hubo acceso, este no superó la desigualdad y la segregación socioeconómica.

Con el aislamiento, estas desigualdades se profundizan y se tornan evidentes: los datos muestran que por la carencia de conexión a Internet y de computadoras los alumnos desconectados no pueden “virtualizarse” como proponen gurús educativos desorientados. Y los estudiantes que sí tienen algo de conectividad están comunicados con sus docentes sólo por celular, con menos posibilidades de aprender.

Para colmo, los efectos económicos del aislamiento perjudican más a estos chicos, quienes incrementan también sus déficits sanitarios y alimentarios.

Los desconectados son protagonistas de un nuevo escenario: esta vez no son los chicos y adolescentes pobres quienes abandonan la escuela, sino que es la estructura de distribución de bienes (como Internet) la que los abandona, la que los desconecta, salvo que sus docentes construyan opciones realistas, lo que es difícil por las propias condiciones señaladas.

Son razonables los esfuerzos de los gobiernos por conectar a los chicos con TV, radios y cuadernillos. Pero la única forma de arrancar a los chicos de los barrios más pobres de la exclusión educacional durante el aislamiento es conectándolos a los insumos básicos hoy ausentes (desde el agua potable a la alimentación diaria) y especialmente, en este trance, conectándolos a Internet: las grandes compañías proveedoras deberían abrir el grifo de la red en los barrios, para que sea posible enseñar y aprender.

 

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