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Ageless: verse y sentirse linda después de los 50

Para algunas mujeres, una madurez plena es el resultado de hábitos saludables incorporados a lo largo de la vida. Para otras, el fruto de una decisión de cambio. La edad, coincide la mayoría, es una cuestión de actitud

Ageless: verse y sentirse linda después de los 50

Gabriela Cuacci se redescubrió en cuarentena

21 de Junio de 2020 | 05:39
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Aquella vieja publicidad de una bebida de gaseosas que mostraba adultos mayores tatuados y con piercing hoy remitiría a una postal cotidiana. Ese futuro ha llegado, con nuevos paradigmas de belleza que escapan a modelos hegemónicos, aceptan y celebran cabellos largos con canas y no osarían criticar a una abuela en minifalda. La tendencia “ageless” fue adoptada en la jerga fashion en la última década, y representa dos aspectos: uno que tiene que ver con una idea inclusiva de la moda que abarca todas las edades, en la cual no hay límites, ni restricciones, ni reglas para seguir; el otro, que alude a un guardarropas atemporal que podría ser compartido por dos generaciones, con la diferencia de años que esto implica. Tanto una madre de 60 como una hija de 20 pueden lucir súper chic con la misma prenda.

Lo mismo vale para los tattoo, el make up, los accesorios y hasta la silueta; hoy todo vale, en cualquier momento y a cualquier edad. El siglo XXI es el de aceptarse tal cual una es y también el de llegar a ser quienes verdaderos somos y sentimos. Por eso, hay personas que patean el tablero y cambian de profesión luego de 30 años de ejercerla, o quienes adelgazan 50 kilos buscando un cambio integral profundo para ellas y sus entornos.

“Muchas mujeres apuestan al cambio cuando sus hijos crecen y se independizan. Generalmente hay algo en eso de que los hijos estén más grandes que hace que se liberen un poco de ese rol histórico de acompañarlos en todo (uno que en realidad sigue por siempre), y que las hace cambiar de perspectiva en su propia vida. Hay muchas que se proponen un cambio en el estilo de vida, lo ven como una ocasión para confrontarse con lo que quieren, con lo que realmente son y encaran esa mutación. Esto es muy relativo en esta actualidad en la que hay mujeres que son madres por primera vez a los 40 años”, revela la doctora Stella López (63), médica psiquiatra, psicoanalista y docente de la UNLP.

“En esa etapa de la vida son muy comunes las preguntas ‘¿Dónde estoy?’ ‘¿Qué es lo que quiero?’... Sentir, con 50 años, que aún queda mucho por vivir. Hay una realidad biológica como la menopausia que genera un impacto grande, no para todas, pero sí para muchas mujeres, que a partir de esa etapa sienten que necesitan un cambio. Nuestra manera de vivir se ha transformado; existen otros recursos que los que tenían nuestras madres o nuestras abuelas. Y es normal que muchas quieran aprovecharlos al máximo”, sostiene la analista.

“EMPECÉ A SER MI PRIORIDAD SIN SENTIRME EGOISTA”

Hace un año y medio, y no sin bastante miedo a fracasar, Silvina Liwski (50) decidió apostar a verse y sentirse mejor, a tener una vida más sana, con menos riesgos. Se sometió a una cirugía de by-pass gástrico, cambió de hábitos alimenticios, incorporó la actividad física en su vida y bajó 50 kilos. La motivación y el apoyo que recibió de su familia fue fundamental. No sólo de su compañero de toda la vida, Adrián, y de sus hijos Nicolás (25) y Lucía (22), sino de sus padres, hermanos, cuñados y algunos compañeros de trabajo a los que se lo contó. “Mucho no quería transmitirlo porque tenía miedo a fracasar, como lo había hecho tantas veces con dietas y otros intentos de abandonar la obesidad”.

“Lo que me impulsó a hacer un cambio en mi vida es que un día mi hija me contó que la madre de una amiga se había sometido a esta operación y me dijo que ella estaba dispuesta a acompañarme en el proceso si yo me animaba a hacerlo. Siempre mi familia estuvo preocupada por mi salud y los problemas que trae el sobrepeso, pero nunca me insistieron demasiado ni me lo hacían notar porque sabían que yo no podía. Ese día en que Lucía me lo dijo así y me ofreció su ayuda, lo tomé como una posibilidad”, confiesa esta especialista en Turismo, a la que se le llenan los ojos de lágrimas y se le hace un nudo en la garganta cuando lo recuerda.

“La obesidad tiene sus problemas. Muchas veces empezás el día con una dieta, con un desayuno light y después vas echando todo por la borda durante el resto. Yo ni siquiera me miraba al espejo, no era algo cotidiano en mí. Para encarar el proceso fui leyendo, consultando. Cada uno había tenido su experiencia personal, todos subrayaban que cada quien tiene sus procesos individuales. Yo misma tenía la experiencia de que mi madre había tenido un tratamiento similar y no le resultó. Fui entendiendo que necesariamente no me tenía que pasar lo mismo, porque cada uno de nosotros tiene una propia historia. Al entender eso pude trabajar la idea de darme esa oportunidad y encontrar la manera de ocuparme de mí. Fue largo, me tomé mi tiempo, pero lo logré”, afirma con orgullo, pero con una humildad digna de alguien que encaró un cambio profundo y que trabaja en eso día a día.

“La vida me cambió en que me doy oportunidades, quiero sonreír todo el tiempo”

 

“Cuando entendí eso, fue revelador. Estaba esperando entrar a la cirugía y aunque tenía un miedo bárbaro, sonreía. Salí del quirófano sonriendo. Tuve una muy buena recuperación, sin ninguno de los inconvenientes que podía haber tenido y para los cuales me había estado mentalizando. La única marca que me hace recordar que tuve la operación son unos puntitos en el abdomen” repasa conmovida: “me sentí bien en todo momento. Tuve que hacer una dieta antes y una después, nunca me parecieron muy estrictas y el sentir que las iba pudiendo hacer me daba confianza en dar un paso más. Sigo con la nutricionista, porque es un gran acompañamiento. Antes cada 15 días, ahora una vez por mes. Porque los hábitos se van internalizando. Nunca pensé que iba a llegar a estar al estado en que estoy hoy. ¡Hice una hermosa fiesta para mis 50, el año pasado, porque tenía mucho que celebrar!... Y agradezco todos los días el haberme dado esta oportunidad”.

“La vida me cambió en que me doy oportunidades en todo sentido: puedo cambiar de opinión, quiero sonreír todo el tiempo, quiero disfrutar. La terapia me ayudó a darme cuenta de que tenerme como prioridad no es un acto egoísta. Esta transformación trajo una nueva Silvina, para mí misma y también para todo mi entorno” concluye: “a veces no me reconozco en las fotos. Ahora me miro al espejo, me encanta vestirme, arreglarme. En esta cuarentena me visto como si fuera a salir todos los días. Lo hago muy consciente, para alejarme de esa versión mía que se refugiaba en la casa, en pijama, y se daba grandes atracones de comida con ropa cómoda. Si bien yo siento que no voy a volver a eso, no digo que nunca voy a hacerlo más. Busco la manera para no hacerlo. Siento profundamente que no lo voy a hacer más. También hago gimnasia, yoga, siento mi cuerpo liviano, me siento bien”.

“RESILIENCIA EN CUARENTENA”

“La menopausia me dejó diez kilos de regalo. Ya me negaba al espejo y hace rato venía leyendo en grupos cerrados de Facebook los beneficios de alimentos sin harinas, de tomar agua, de las vitaminas y minerales que aportan ciertas frutas y verduras, y demás. La mía, me gusta decir, es una historia de resiliencia en cuarentena. O sea, la excusa de no tener tiempo ya no existía más y las casi tres cuarentenas que estamos transitando me ayudaron a empezar lo que ya venía gestando en mi cabeza”, dice Gabriela Cuacci (54).

La diseñadora de interiores empezó comprando viandas saludables; probando varias. “Eso lo empecé a hacer ante de la pandemia. Como tenían un costo de 180 pesos cada una, me parecieron accesibles, porque al trabajar no tenía ganas ni tiempo para cocinar”, recuerda: “cuando empezó la cuarentena, después de serias charlas familiares, de los cuatro que éramos en casa -3 varones mayores-, uno empezó la dieta ‘paleo’ para mejorar de una dolencia en la rodilla crónica, guiado por médicos y nutricionista; entonces le dije ‘yo te banco y te ayudo, vos ayúdame a mí’. Luego mis hijos empezaron a trabajar y se fueron de casa, y me afloró un nuevo desafío por delante; que mi pareja me ayudara. Me ayudó... y más se ayudó él, que ya bajó 10 kilos en cuarentena”.

“La mía, me gusta decir, es una historia de resiliencia en cuarentena”

 

“El proceso empezó muy de a poco, no es una dieta especifica -nunca duré haciéndolas-, pero la clave es ir negociando entre la ansiedad y los alimentos” explica Gabriela. La pareja comenzó a ser constante en determinados hábitos: tomar mucha agua, en ayunas, antes de las comidas; tomar un limón exprimido antes del desayuno; desayunar café con leche sin lactosa o fortificada en calcio con sólo una tostada de pan ‘del peregrino’; merendar con 2 frutas cortadas con granola y yoghurt fortificado con calcio o descremado.

“Antes las frutas y verduras se me echaban a perder en la heladera” advierte la platense, que ahora come muchos verdes y trata de ingerir apenas una vez por semana carne roja. Todos nuevos hábitos en los que sigue confiando para sentirse y verse mejor: “también me bajé una aplicación al celular para contarme los pasos y camino aunque sea alrededor de la mesa; achiqué las porciones y no llevo fuentes a la mesa, para no tentarnos. Me hice amiga de ir a las dietéticas y traer un producto distinto cada vez”.

“Con mi esposo empezamos a pesarnos una vez por semana, y la balanza empezó a dar lentamente a mi favor; me sentí más liviana, de mejor humor, menos hinchada, la piel mucho mejor. Si bien soy inconstante para la gimnasia, tengo mis mini rutinas de abdominales y planchas. Hoy estoy feliz: el espejo dejó de deformar y eso me retroalimenta y me dan ganas de más, tengo mucha energía positiva”, sentencia Cuacci, quien intenta propagar la buena vibra desde su cuenta de Instagram @cuindeco, donde comparte su experiencia y su día a día en este cambio.

INFLUENCERS AGELESS

En La Plata hay varias “influencers” que se desmarcan del estereotipo de adolescentes y jóvenes que muestran productos y marcas para que sus pares los adopten. Ellas hacen lo mismo, pero han pasado los 40 y tienen seguidores y seguidoras de toda las edades, para quienes son referentes de una juventud sin edad.

Una de ellas es Roxana Salomé (52), que desde su cuenta @rox.trend contagia energía y hábitos saludables (alimentación sana, entrenamiento diario, meditación), y también brinda tips de moda. “Creo que no tiene mucho sentido hablar de la edad. Hoy vemos modelos ‘grandes’ en las pasarelas o en campañas de toda clase de marcas top. Estoy convencida de que cada uno tiene que ser su mejor versión siempre, sin importar la edad. En la moda, hay que tener en cuenta la ocasión de uso, pero eso ocurre a cualquier edad”, esclarece.

Otra de las mujeres que se destacan por su convicción y estilo es Matilde Carlos (49), quien desde @tendenciera ve entre sus seguidoras “muchas mujeres que pasaron los 40, que trabajan en sentirse bien, comiendo sano, con rutinas de belleza… Algunas veces recibo comentarios de que uno de mis looks ‘no es apto para alguien de mi edad’, pero respondo que no hay que encasillar. A esta edad, más que nunca, tenés una libertad absoluta para decidir cómo vestir y cómo lucir”, afirma.

 

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