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“Señales de humo”: en un lejano paraje, el arriero va a la cumbre a reconectar internet

“Señales de humo”: en un lejano paraje, el arriero va a la cumbre a reconectar internet

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15 de Julio de 2020 | 04:17
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En una pequeña comunidad del norte argentino los servicios de telefonía e internet se cortan por los fuertes vientos que azotan la región. Mario, arriero y guardaparques de la comunidad, tendrá que subir a las altas cumbres intentando reparar el desperfecto. Esa es la premisa que propone “Señales de humo”, el documental del realizador tucumano Luis Sampieri que se estrena el jueves en el canal Cine.arTV y que desde el viernes se podrá ver, gratis, en la plataforma Cine.ar Play.

Una historia que nació hace tres décadas: Sampieri conoció a Mario Reyes cuando el arriero los llevó a tomar fotos a la cumbre de un cerro, y la memoria de cómo aquel hombre “al lomo de un caballo, y a más de cuatro mil metros de altura, intentaba proteger a los guanacos que trotaban en la altas cumbres”, quedó grabada en su memoria, cuenta el cineasta.

Pasaron los años. El cineasta tucumano se mudó a un pueblito cercano a Santa María de Catamarca, donde internet se cortaba constantemente. Sampieri reclamó, y le explicaron que “debido a los temporales en la alta montaña, los técnicos tenían que subir a reparar el desperfecto”. Para subir, tenían que esperar al arriero, quien los llevaría hasta el destino cuando pudieran sortear las inclemencias del tiempo. El arriero era Mario Reyes.

Así, hace cuatro años, se plantaba la semilla de “Señales de humo”: “La idea era retratar la vida de un pequeño pueblo en la montaña que se queda sin internet, el devenir de un pequeño pueblo dependiente de la tecnología en los tiempos que corren”, explica Sampieri, discípulo de José Martínez Suárez y ganador de premios internacionales, que coloca la cámara y la deja observar.

La historia, después de todo, se cuenta sola: sin que nadie lo haga explícito, allí se dibuja un relato de modernidad y pueblos marginados, de tecnología y naturaleza. “Yo he vivido en grandes ciudades, y allí uno cree que la vida pasa por las sociedades con estados de confort, donde casi todo está cubierto. Pero tenemos un país muy grande, con muchas necesidades, y muy distinto. La magia del cine es llevar historias que no son cotidianas para que las podamos visualizar y conocer cómo vive la gente en otros lugares del mundo”, dice Sampieri sobre las intenciones de su trabajo, el cuarto de su carrera después de “Cabecita rubia” (2001), “FIN” (2010) y “La hija” (2015).

EL CONTRASTE

El resultado es “una película contemplativa”, salpicada de un extraño humor, “que trata de una realidad muy particular, en un lugar particular y de personas especiales” donde “a pesar de que uno piensa que la tecnología no incide, sí incide, ha llegado de una manera tremenda. A veces para bien, a veces para mal. La película muestra ese constraste: la tecnología puede llegar a un lugar inhóspito, pero ese espacio también convive con lo arcaico, hay una puja permanente”.

Ese “uno” que piensa que la tecnología no incide en las vidas del interior del país, claro, es el espectador de la gran ciudad, acostumbrado a otros paisajes, otras realidades. La cinta, en ese sentido, refleja otros tiempos, otras formas de ser, mientras se enfoca en el ajado rostro de Mario. “Película de baqueano”, define Sampieri, dominada por paisajes implacables donde “el viento corroe el exterior, las caras, pero también el alma: son lugares ásperos para vivir, donde hay que vivir con lo que da la naturaleza. Bajan al pueblo, pueden hacer algunas compras, pero son lugares inhóspitos”, que resultan en “vidas taciturnas, solitarias: tienen una forma de ser bien introspectiva, no son de muchas palabras”.

A ese paraje desolador llevó su cámara Sampieri, todo un desafío: la película fue filmada

a 4000 metros de altura y sin conexión a internet, y lo peor, cuenta el director, fueron “los vientos fuertes, fríos, y que a determinada altura está el mal de altura, y mientras más alto, más difícil es moverse, filmar. Tuvo su complejidad, pero cuando uno está filmando se olvida de todo: uno entra en una nube y si quiere hacer la escena, la hace”.

Contra todo esto, Sampieri planificó un rodaje en varias etapas y consiguió terminar su filme, que ahora se estrenará en Cine.Ar. Un estreno en pantalla chica sobre el que el director se muestra algo contrariado: “No hay que sobredimensionar el poder de la tecnología”, advierte, y si bien celebra la existencia de una pantalla alternativa como Cine.Ar, “nunca va a poder reemplazar la proyección en cine”.

 

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