Un vecino de la ciudad de La Plata llamado Mario Spicoli llevó adelante junto a más de treinta personas una hazaña inolvidable. Un día de pesca en la Bahía de San Blas, este hombre se encontró con una lobita de mar varada en esa costa y en muy mal estado.
Al final del camino, este animal pudo regresar a su hábitat natural pero no sin antes comenzar un trabajo de recuperación que duró cerca de 28 días. La historia es tan emocionante como inolvidable para aquellos que participaron del proceso y para quienes siguieron la historia desde distintas ópticas.
A Mario Spicoli se le ocurrió que sería una buena forma de compartir esta experiencia, registrando cada avance de la lobita marina que se robó el corazón de todos. En un primer acercamiento, el animal temeroso se dejó llevar por sus necesidades y se acercó en busca de alimentos. Hace once años que él se trasladó hacia ese punto de la provincia de Buenos Aires y, si tiene que hacer una reflexión, comenta: “Es la primera vez que puedo hacer algo así, devolverle algo a este lindo lugar, como recuperar a este animalito”.
Mario se encargó de crear un lazo mientras que vecinos y bomberos le acercaban pescados para alimentarla. “Su estado corporal era preocupante”, cuenta. Luego de dar aviso a las autoridades, se armó un recinto precario pero que cumplía con sus necesidades para protegerla y ayudarla.
Hubo protocolos sanitarios y una dieta suplementaria para que la lobita pueda recuperar peso, más tarde se sumó un tanque de agua y trabajos de estimulación, para que pudiera vivir en su ámbito natural con otros animales. Una vez recuperada, sus ojos aumentaban el brillo y su ánimo indicaba que la recuperación estaba cada vez más cerca de terminar.
“Pasó de pesar 12 kilos a 25,3 kilos”, reveló Mario a través de una producción audiovisual. Todo estaba listo, el plan de reubicación estaba en marcha y un día, la lancha hacia Lobería zarpó. Navegaron cerca de 40 kilómetros y, con ayuda de la Prefectura, el animal recuperó la libertad. Este hombre no dejó de agradecer a las más de treinta personas que lo acompañaron.
Amor por la profesión
Mario es de La Plata pero se trasladó hace tiempo al sur de la Provincia. Se desarrolla como veterinario dentro del Servicio Penitenciario Bonaerense, en la Unidad de Bahía Blanca. Desde hacía algunos días que había podido visualizar al pequeño animal, que recientemente pudo destetar de su madre pero “no supo cómo desenvolverse”.
El veterinario platense relata: “La encontré un sábado 6 de noviembre, después de verla tres o cuatro días antes. Había una bajante importante y estaba lejos del agua. Cuando la ví, pensé que estaba muerta pero se despertó, vino hacía mí (que es lo más difícil) y enseguida empezó a comer”.
Junto a la delegación municipal, vecinos y decenas de personas interesadas, ayudaron a la lobita en mal estado. Desde que se la rescató hasta que se la reubicó en su lugar natural, todos los días cada dos horas desde las 7 de la mañana hasta las 20 se la alimentó y medicó.
“Fue una linda experiencia donde casi todo el pueblo estuvo detrás y desde mi señora, Claudia hasta el delegado municipal, el de Loureiro y la licenciada Massa, todos colaboraron y prefectura también con el traslado”, cierra.
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