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Animales de goma perdidos: un inesperado aporte a la ciencia

Cayeron al océano hace 30 años y sirvieron para medir y comprender las corrientes marinas en varios puntos del mundo

Animales de goma perdidos: un inesperado aporte a la ciencia

Estos patos de goma del Museo Marítimo de Stralsund son parte de la carga rescatada del accidente / dpa

9 de Enero de 2022 | 04:53
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El 10 de enero de 1992, un buque portacontenedores procedente de Hong Kong con destino a Estados Unidos fue sorprendido por una fuerte tormenta en el Océano Pacífico Norte.

Debido a los fuertes vientos y a las altas olas, varios contenedores cayeron por la borda. Al menos uno se abrió y vertió su carga en el mar: patitos, castores, tortugas y ranas. Casi 30.000 animales de plástico para la bañera flotaban en el mar.

La historia podría haber terminado en ese momento, pero en realidad recién comenzaba. Impulsados por el viento y las corrientes, los animales bañistas emprendieron un viaje, llegaron a diversas costas, fueron recogidos por los paseantes en las playas y finalmente se convirtieron en objeto de investigación científica.

Los lugares en los que fueron encontrados permitieron reconstruir sus rutas y tiempos de viaje y, por lo tanto, obtener numerosos datos sobre las corrientes marítimas.

La información fue recogida principalmente por el oceanógrafo estadounidense Curtis Ebbesmeyer, que ya está retirado.

Unos años antes, Ebbesmeyer había recogido información científica de un accidente de barco similar, en el que más de 60.000 zapatillas Nike se perdieron por la borda y llegaron a la costa oeste de Estados Unidos y Canadá en los meses siguientes.

Ebbesmeyer creó una red de buscadores de objetos en playas, que le suministraban datos sobre todo tipo de hallazgos. Tras el accidente en el Océano Pacífico, los recolectores le volvieron a informar del encuentro de los animales de goma. A través de los datos del fabricante grabados en los juguetes fue posible constatar el origen de los mismos.

“El accidente de los animales de goma aportó un verdadero tesoro a la investigación”, destaca Johanna Baehr, oceanógrafa de la Universidad de Hamburgo. “De pronto había miles de puntos de datos. No hubiésemos podido contar nunca con tantos instrumentos de medición científica a la vez”, apunta.

La idea de investigar las corrientes oceánicas con la ayuda de dispositivos de medición flotantes no es nueva. El uso de los llamados “drifters” (cosas que flotan sin rumbo de un lugar a otro), es uno de los métodos más antiguos de investigación marina”, afirma el oceanógrafo Jörg-Olaf Wolff, de la Universidad de Oldenburg.

Ya en 1864, el investigador Georg von Neumayer, del entonces Observatorio Naval Alemán de Hamburgo, hizo arrojar una botella con un mensaje por la borda de un barco frente al Cabo de Hornos. En el mensaje Neumayer pedía que se le informara dónde y cuándo se había encontrado la botella. Esta se encontró posteriormente en Australia.

“Eso fue hace más de 150 años y ayudó a comprender mejor las corrientes marítimas a gran escala”, señala Wolff.

Hoy en día, los investigadores utilizan dispositivos de medición más precisos equipados con un Sistema de Posicionamiento Global (GPS) y que pueden registrar datos como la temperatura, la salinidad del agua o la presión del aire y enviarlos por radio a los satélites.

“También hay dispositivos de flotación, que se hunden repetidamente desde la superficie hasta profundidades de uno y dos kilómetros, y van recogiendo datos a medida que avanzan”, explica Wolff.

En comparación con estos, los “drifter”, como los animales de goma para la bañera, solo proporcionan datos muy imprecisos.

“Pero es mejor que nada, sobre todo porque los datos se generaron de forma gratuita”, señala el oceanógrafo alemán, y acota que los aparatos de medición digitales son caros y no pueden utilizarse en un número elevado.

¿Por dónde viajaron los animalitos de goma? Tras analizar los datos se descubrió que primero se movilizaron en sentido contrario a las agujas del reloj en la corriente del Pacífico Norte. Circularon desde Sitka, en la costa de Alaska, a lo largo de las islas Aleutianas, pasando por la península de Kamchatka y, finalmente, volvieron a cruzar el Pacífico recorriendo la costa occidental de Estados Unidos hasta Alaska. (DPA)

 

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