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Espectáculos |EN DIÁLOGO CON EL DIA
Toquinho: “Separar la música de un músico es excluirlo de la vida”

A los 76 años, el emblemático guitarrista paulista, referente de la bossa nova, llega a La Plata para recordar sus años de gloria con Vinicius de Moraes, el maestro que le enseñó a valorar los detalles “tan importantes en la composición final”

Toquinho: “Separar la música de un músico es excluirlo de la vida”
María Virginia Bruno

Por: María Virginia Bruno
vbruno@eldia.com

22 de Mayo de 2022 | 03:29
Edición impresa

Abrazado fuerte a su guitarra, una extensión de su cuerpo que se ha transformado en su “psicóloga” y en “el altar donde rezo las oraciones que me protegen tanto de las calmas como de los vendavales”, Toquinho logró atravesar el aislamiento por la pandemia de manera optimista, consciente de que “el arte se ha convertido en la salida más curativa para este período de preparación para un futuro más prometedor” que, dice, finalmente llegó.

De regreso a los escenarios, el mítico guitarrista paulista vuelve a girar por el país en el marco de un tour que lo traerá el lunes 30 de mayo (el show iba a ser el viernes 27 de mayo pero fue reprogramado a último momento) al Coliseo Podestá de la mano de un show con el que recordará los clásicos de La Fusa, aquella mítica grabación con Vinicius de Moraes y Maria Creuza que, hace ya 52 años, dejó registrados temas como “Garota de Ipanema”, “A felicidade”, “Chega de saudade” y “Tarde em Itapoã”, entre más. Las entradas están disponibles en Plateanet.

En diálogo con EL DIA, este referente de la música popular de Brasil se refirió a su visita a nuestra ciudad, a la vigencia de la bossa nova, a su asociación con Moraes y a las cualidades de un país que siente como propio, aunque también se refirió a su vínculo inalterable con la guitarra y la música, una “adicción beneficiosa” de la que no se imagina retirado.

-¿Con qué expectativas espera el concierto en La Plata?

-Desde mi primer trabajo en La Fusa, en 1970, con Vinicius de Moraes y Maria Creuza, Argentina ha sido un bastión constante en mi agenda, siempre renovando la importancia de ese show. Brasileños y argentinos se confunden en sus deseos y costumbres y la música es una de esas conexiones llamativas, al igual que el fútbol, ​​que genera una gran competitividad, pero una inmensa admiración por ambos lados. Y es este cariño el que sin duda encontraré en La Plata, una ciudad que es hermosa por su arquitectura y urbanización.

-¿Qué nos puede adelantar sobre el show que traerá el viernes al Coliseo Podestá?

-Será, por supuesto, un concierto íntimo, destacando éxitos de mi carrera, acompañado de mi guitarra, con la participación de la joven intérprete Camilla Faustino. No faltarán los solos de guitarra y algunos relatos interesantes sobre lo vivido a lo largo de mi carrera.

- ¿Por qué eligió a Camilla para acompañarlo en su travesía musical por nuestro país?

-Siempre estoy pendiente de la aparición de nuevos talentos en la música popular. Camilla se reveló a sí misma como parte de un famoso programa de música de televisión. Me impresionó su timbre vocal, su afinación, la extensión de su voz y su postura en el escenario, ligera y relajada. No tuve dudas, la invité a participar en mis shows, como había hecho con otros cantantes. Nuestra relación fue perfecta y ella se mantuvo fiel a mis programas, apreciándolos con su talento e ingenio.

Toquinho gira por Argentina con la joven Camilla Faustino, con quien llegará a la ciudad

-¿Cómo ve el legado de la bossa nova en las nuevas generaciones?

-La belleza de la bossa nova sigue encantando a las sucesivas generaciones. La bossa nova difundió al mundo la vitalidad del arte musical brasileño, todavía presente hoy, conocido y admirado por todos. Puedo, sin duda, decir que la bossa nova no tiene tiempo ni edad. Se renueva en el avance de generaciones que adoptan sus características con naturalidad y cada vez más. A veces incluso de manera inconsciente, ya que la esencia de la bossa nova está incrustada en la evolución de nuevos talentos. ¡De repente aparecen listos!

-¿Qué opina de los géneros urbanos tan consumidos en la actualidad?

-Siempre estoy abierto a nuevas tendencias musicales, priorizando mi técnica y mis conocimientos musicales. Me gustan las asociaciones. Por supuesto, hay cosas buenas y malas en cualquier segmento musical. Pero si hay calidad, participo con lo mejor de mi estilo. Esta fusión es saludable. Lo que nos saca de nuestra zona de confort es siempre un reto. Lo que importa es la creatividad y la satisfacción con el trabajo realizado. Esta fusión musical de artistas extranjeros con la cultura brasileña es sana y creativa, y existe desde hace muchos años, desde el principio, con Carmem Miranda y la música americana. Luego con la bossa nova, cuando los jazzistas estadounidenses incorporaron la música brasileña, armónica y rítmicamente, hasta las fusiones actuales, con el pop y el funk. Quien sustrae esto de su propia vida, los artistas consagrados, están preparando la mecedora para envejecer.

-En nuestra última conversación me dijo que el escenario, para usted, era una “extensión del hogar”. ¿Cómo fue entonces estar fuera de su casa durante dos años a causa de la pandemia?

-Las crisis son fuentes de renovación, tanto del espíritu como de la creatividad para superarlas. La necesidad crea la capacidad. En medio de esta pandemia, obligados al aislamiento, nos damos cuenta que la soledad es la mayor herencia del alma. Y se abre en nosotros un volumen optimista de estrategias que favorecen nuestra convivencia con las nuevas dificultades. El arte se ha convertido en la salida más curativa para este período de preparación para un futuro más prometedor. ¡Y vino!

-¿Cuáles son los recuerdos y sensaciones que lo embargan cada vez que vuelve a nuestro país?

-Siempre es emocionante volver a Argentina. Fue allí donde comencé mi trabajo con Vinicius de Moraes, que resultó en una exitosa asociación de 10 años. Hicimos de Buenos Aires y muchas otras ciudades de Buenos Aires una extensión de Brasil, y esto continuó después de su muerte y continúa hasta el día de hoy. Cuando estoy allí, me siento casi porteño, por la intimidad adquirida a lo largo de los años con la gente y sus costumbres tan cercanas a nosotros, los brasileños. La vibración humana es contagiosa en ambos pueblos. Vibramos en la misma línea con la buena comida, las mujeres hermosas, el fútbol y la música. Somos astutos y amables con la misma competencia. El cariño que recibo aquí es el mismo que recibo allá.

“La guitarra es mi compañera inseparable, mi psicóloga. El altar donde rezo las oraciones que me protegen tanto de las calmas como de los vendavales”

 

-Ha venido tantas veces a Argentina, en todas las etapas, que me gustaría preguntarle, ¿qué ve una persona que vive afuera cuando llega al país?

-Para los brasileños, Argentina siempre será un atractivo para relajarse o divertirse. Aunque no tiene el mismo glamour europeo de los años 50, 60 y parte de los 70, cuando la conocí, y de ahí en adelante fueron tantas, hasta el día de hoy. Somos “hermanos” que nos admiramos, a pesar de la engañosa arrogancia del argentino, que se deshace en el primer abrazo, transformando al que llega en un “amigo del alma”. Es hermoso apreciar el orgullo de su gente en sus hábitos y costumbres. Y no hay como no disfrutar de la carne, el asado, el mate, el vino, la música y las barras de las noches iluminadas. Me encanta la misma pasión que tienen los brasileños por el fútbol en la gente, solo que la del argentino, más fanático y atrevido. Conozco bien la exitosa historia de Estudiantes de La Plata con el técnico brasileño Osvaldo Brandão. No se puede convivir con el argentino sin sentir nostalgia por sus ídolos, y hay tantos desde Cortázar, Gardel. Mercedes Sossa, Piazzolla, Fangio, Di Stefano y muchos otros. Mueren por Maradona, insuperable, auténtica bandera argentina, y vibran por Messi. Argentina me tiene reservadas diferentes emociones desde 1970, en La Fusa, luego en Mar del Plata. Así pasé y me sentí como un verdadero porteño, por tantos pasajes por innumerables ciudades, conociendo en cada una la misma cálida vibración de su gente conmigo y con mi música.

-Juguemos a imaginar que Vinicius estuviera por aquí, ¿cómo imagina su reencuentro?

-Tal vez lo encontraría en la bañera, donde lo vi por última vez. Todavía con el vaso de whisky a un lado, la máquina de escribir apoyada en la mesita, animándome a escribir una nueva canción. Y también muchas otras, seguro.

-¿Qué fue lo más importante que ese vínculo con Moraes le dejó?

-La asociación llegó en el momento adecuado para cada uno. Vinicius necesitaba un músico joven y disponible. Y yo buscaba una letrista para un baúl lleno de melodías. Nos gustaban las mismas cosas, la música fluía al compás del placer de vivir. Anteponemos la vida al arte, y la vida cotidiana era nuestro mayor activo para la creatividad. Todo esto contribuyó a que la música fuera simple, armoniosa y agradable de escuchar. Así continúa a través de las generaciones. Vinicius no temía al “lugar común”. Tenía un oído interno muy agudo. Muchas veces improvisaba con la guitarra y me advertía: “Yo toco, ahí hay una melodía que acabas de pasar”. Luego recuperaría el acorde y saldría otra canción. Cada palabra tiene un sonido que se adapta a la melodía. Vinicius era un maestro en esto. Usaba la palabra exacta para cada acorde. Aprendí a valorar este detalle, tan importante en la composición final. Además de otros aspectos relacionados con la música. Cómo llevar un espectáculo, la elección del repertorio, la dinámica de un espectáculo, el trato a las personas, todo esto lo incorporé durante la sociedad con Vinicius y mejoré en la secuencia de mi carrera.

“La bossa nova no tiene tiempo ni edad. Se renueva en el avance de generaciones que adoptan sus características con naturalidad y cada vez más”

 

-¿Pasa algún día sin tener su guitarra en la mano?

-La guitarra se convirtió en la extensión de mi cuerpo. Cada día me dedico más, como si fuera un bebé recién nacido, siempre exigiendo mejores cuidados; y el instrumentista, padre cariñoso, ambos complementándose, dejando que la vida los confunda en madera y piel, cuerdas y corazón. Esta dedicación a la guitarra es transmitida y captada con naturalidad por el público, que percibe esta simbiosis instrumentista/instrumento, haciendo más íntimo y verdadero el espectáculo. La guitarra es mi compañera inseparable, mi psicóloga. El altar donde rezo las oraciones que me protegen tanto de las calmas como de los vendavales.

-¿Piensa en el retiro? ¿Puede un músico vivir sin la música?

-La música es como una adicción beneficiosa. Se apodera de nuestra alma una cicatriz tan curativa. Se mete con nuestra mente alterando nuestro estado de ánimo. Las vibraciones sonoras interfieren con nuestro organismo en el despertar de diferentes emociones. El hombre lleva consigo las marcas de su historia y la música está presente en todos estos signos. A través de la música expresamos alegrías, placeres, amores y dolores. Religiosidad y deseos. Según Darwin, el habla humana deriva de la música. Aquí está la responsabilidad de ser músico y crear canciones que se vuelvan perpetuas. Separar la música de un músico es excluirlo de la vida.

Inseparables, instrumentista e instrumento. Toquinho ha hecho de la guitarra una extensión de su cuerpo

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