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¿Y dónde está el piloto?

¿Y dónde está el piloto?

Juan Negri *

12 de Febrero de 2024 | 02:55
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eleconomista.com.ar

El Gobierno experimentó su primera derrota legislativa, marcando un primer hito significativo (y negativo) en su trayectoria. Dada la minoría de representación congresional del oficialismo, es probable que esta no sea la única. Sin embargo, como suele suceder en toda primera experiencia, deja la sensación de un cambio y marca el inicio de una etapa menos ideal para la administración de Javier Milei.

En los últimos dos meses, hemos sido testigos de dos dinámicas opuestas.

Por un lado, el Gobierno contaba con algunos factores a su favor que podrían haber contrarrestado su debilidad. Por otro lado, el oficialismo pareció empeñarse en socavar esas oportunidades hasta lograrlo.

A pesar de su precaria situación legislativa, el oficialismo disponía de ciertos recursos que podrían haberlo ayudado a superar esta coyuntura.

En primer lugar, contaba con el respaldo político inherente a un nuevo Gobierno en ejercicio.

En segundo lugar, y relacionado con lo anterior, había una disposición por parte de algunos sectores de la oposición, como el PRO, el radicalismo y el peronismo disidente, de brindar cierto apoyo antes que asociarse con el desprestigiado justicialismo. En el PRO posiblemente haya algo de reivindicación de sus propias ideas, que tuvieron que moderar durante el macrismo y por eso el apoyo incondicional. Pero en el radicalismo y en el peronismo disidente se veía también una preferencia por darle una posibilidad al Gobierno antes de aparecer bloqueando. El hecho de que muchos votantes radicales hayan votado por Milei en la segunda vuelta explica esta decisión.

Sin embargo, el oficialismo pareció decidido a desperdiciar estas ventajas. El proceso dio la impresión de que, con un poco más de voluntad por parte de la Casa Rosada, el curso legislativo podría haber sido más favorable. Aquí es donde la segunda dinámica se hizo evidente: por falta de habilidad, desprecio por los procedimientos legislativos, soberbia o incluso por mantener una mentalidad de campaña, el Gobierno alienó a sus potenciales aliados, despreciándolos.

Esta dinámica autodestructiva puede explicarse por la incapacidad del Gobierno para reconocer su propia debilidad. Además, parece común entre los políticos argentinos la creencia de que el capital político ganado en una elección perdura indefinidamente. Como resultado, la administración de Milei no hizo esfuerzos por ampliar su coalición, convencido de que goza del apoyo incondicional de la sociedad y de que posee un mandato casi bíblico. Todo este mesianismo puede satisfacer a sus votantes pero dificulta su futuro.

El curso de los acontecimientos nos dará una idea más clara del tipo de presidencia que nos espera. Si el Gobierno cambia la estrategia y busca apoyos para lograr construir una coalición en el Congreso para aprobar su agenda de aquí al futuro, puede generar un horizonte de durabilidad. Aunque su popularidad sigue siendo considerable y Milei ha sido transparente sobre la fragilidad económica heredada, el Presidente debe ser consciente de sus herramientas políticas y reevaluar su estrategia para evitar una parálisis institucional. Todavía está a tiempo ya que el escenario sigue siendo positivo. La coalición informal de la segunda vuelta todavía existe.

Riesgos

Sin embargo, si el Gobierno no ajusta su estrategia a tiempo, corre el riesgo de quedar estancado en una parálisis institucional a medida que su popularidad y capital político disminuyen.

Si la sociedad no percibe ninguna mejora en la estabilización de la economía en algún momento, le dará la espalda al Gobierno y en ese momento la decisión de no construir ningún tipo de soporte institucional se pagará caro.

También sería preocupante si el Gobierno optara por un plebiscito como una salida, ya que socavaría la imagen y el papel del Poder Legislativo en la democracia y deja la puerta abierta para la construcción de una democracia delegativa en la que las instituciones de control son irrelevantes.

En resumen, el Gobierno enfrenta un momento crucial en su gestión, donde debe aprender de sus errores, reconocer su debilidad y trabajar en la construcción de coaliciones sólidas para llevar adelante su agenda. De lo contrario, corre el riesgo de quedar atrapado en una parálisis institucional que solo socavará su capacidad de gobernar y minará la confianza del pueblo argentino en sus instituciones democráticas.

Para que el escenario positivo se concrete, se necesita un liderazgo político que busque consensos en lugar de confrontaciones. En resumen, se requiere un líder que asuma el control y pueda conducir el avión, como en la famosa comedia estadounidense de los ochenta.

* Director de la carrera de ciencia política, Universidad Torcuato Di Tella.

 

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