Llegar a los 100 años: las recetas de los adultos platenses

En la Región, cada vez más personas buscan su bienestar con actividad física, vínculos sociales y hábitos saludables. La longevidad deja de ser suerte y se convierte en una construcción diaria basada en movimiento, comunidad y mente activa

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En las veredas arboladas de La Plata, en las plazas de Berisso y en los clubes de barrio de Ensenada, una escena se repite cada vez con más fuerza: grupos de adultos mayores que caminan a paso sostenido, hacen gimnasia suave, se reúnen a jugar al ajedrez o simplemente se encuentran para conversar. No es una postal aislada ni una moda pasajera. Es el síntoma de un cambio profundo en la manera de transitar la vejez.

La idea de “envejecer bien” dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en una práctica cotidiana. En el Gran La Plata, cada vez más personas mayores de 60, 70 y hasta 80 años organizan sus rutinas alrededor del movimiento, la alimentación consciente y, sobre todo, la sociabilidad. La longevidad, en este nuevo escenario, ya no se mide solo en años sino en calidad de vida.

Detrás de esta transformación hay múltiples factores. Por un lado, una mayor conciencia sobre la salud física y mental; por otro, una red creciente de espacios comunitarios que promueven la participación activa. Pero también hay una decisión individual, silenciosa y persistente: la de no resignarse al aislamiento ni a la inactividad.

En ese contexto, la región del Gran La Plata se consolida como un verdadero ecosistema de longevidad activa. Aquí, la búsqueda de los cien años no aparece como una meta lejana, sino como una construcción diaria sostenida en la comunidad, el movimiento y una red de vínculos que se refuerza con el paso del tiempo.

EL CUERPO EN MOVIMIENTO, LA MENTE DESPIERTA

El ejercicio físico ocupa un lugar central en esta nueva forma de vivir la vejez. No se trata de rutinas extenuantes ni de objetivos deportivos, sino de sostener el movimiento como hábito. Caminatas en espacios como el Paseo del Bosque o parques urbanos, gimnasia adaptada, natación o incluso baile aparecen como prácticas frecuentes.

Sin embargo, en el Gran La Plata el fenómeno va más allá de la caminata tradicional. Disciplinas como el newcom —una versión adaptada del vóley— se expandieron con fuerza, generando equipos que entrenan, compiten y construyen identidad colectiva. El deporte deja de ser solo ejercicio para convertirse en pertenencia.

A la par, la estimulación cognitiva gana protagonismo. Talleres de memoria, ajedrez, uso de tecnología o lectura obligan al cerebro a seguir activo, incorporando nuevas lógicas. Aprender a usar un celular o resolver un crucigrama se vuelve tan importante como caminar.

El baile completa este circuito. Tango y folklore funcionan como ejercicios físicos, pero también como espacios de contacto, emoción y sociabilidad. En cada encuentro hay una síntesis perfecta entre cuerpo, mente y vínculo.

COMER MEJOR PARA VIVIR MÁS

La alimentación también ocupa un lugar central en esta transformación. Lejos de las dietas extremas, lo que predomina es el equilibrio: porciones moderadas, alimentos frescos y una fuerte presencia de comidas caseras.

En zonas como Arana o las quintas de Berisso, muchos adultos mayores sostienen prácticas ligadas al cultivo propio. La llamada “dieta del huerto” aparece como un rasgo distintivo: verduras frescas, legumbres y preparaciones simples que se repiten a lo largo de los años.

Más que restricciones, domina la lógica de la moderación. “Comer de todo, pero poco” es una frase que se repite entre quienes alcanzan edades avanzadas. Se evita el exceso de sal, grasas y productos ultraprocesados, sin perder el disfrute. Incluso hay lugar para pequeños rituales. La copa de vino compartida, el almuerzo con amigos o la comida familiar refuerzan la idea de que alimentarse también es un acto social, un momento de encuentro que impacta tanto como la calidad de los alimentos.

LA FUERZA DE LOS VÍNCULOS

Si hay un factor determinante en la longevidad activa es la sociabilidad. En La Plata, los clubes, centros de jubilados y grupos autogestionados funcionan como verdaderas segundas casas donde el tiempo se comparte.

Los grupos de egresados de colegios tradicionales sostienen reuniones mensuales que operan como un anclaje emocional. Reencontrarse con compañeros de juventud activa la memoria, refuerza la identidad y combate el aislamiento.

En Berisso y Ensenada, los centros de jubilados replican esa lógica con un fuerte componente comunitario. Los juegos de mesa —truco, burako, escoba de 15— son excusas para reunirse, pero también herramientas para mantener la mente ágil.

Incluso emergen espacios informales que crecen por fuera de las instituciones tradicionales. Grupos como los encuentros de burako en bares o clubes barriales reúnen a decenas de adultos mayores varias veces por semana, donde la competencia es secundaria frente a la amistad.

Las historias de personas que superan los cien años en el Gran La Plata muestran patrones que se repiten. Caminar todos los días, mantener una alimentación simple, sostener vínculos y evitar el aislamiento aparecen como constantes. Lo cierto es que los adultos mayores de la región no buscan solo vivir más años. Buscan vivir mejor. Y en ese camino, construyen día a día una fórmula propia: moverse, vincularse, alimentarse bien, mantener la mente activa y, sobre todo, seguir teniendo motivos para levantarse cada mañana.

 

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