Hartazgo total en Villa Castells: electrifican alambrados por la inseguridad

Es en la esquina de 7 y 503. Vecinos de la zona denunciaron que una banda de adolescentes “hace rato” vienen apoderándose de diversos objetos de valor en patios y jardines de viviendas en horarios nocturnos

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Cuando la noche cae y el barrio se apaga, en Villa Castells empieza otra rutina: la de los ladrones que se mueven con sigilo entre casas, patios y jardines, aprovechando la ausencia de testigos y la escasa presencia policial. No es un hecho aislado ni un episodio menor. Es una modalidad que, según denuncian los vecinos, se repite cada vez con más frecuencia y los obliga a vivir en alerta permanente.

Los ataques, por ahora, no suelen ser violentos en términos de contacto directo, pero sí dejan una sensación de vulnerabilidad que crece. Se trata de robos rápidos, casi quirúrgicos, en los que los delincuentes se llevan todo lo que encuentran a mano: desde bicicletas hasta herramientas, pasando por objetos que forman parte de la vida cotidiana y que, en muchos casos, costaron años de esfuerzo.

El caso más reciente expone con crudeza ese escenario. Analía, de 64 años, se despertó el viernes pasado en su casa de 8 y 503 con una escena difícil de asimilar: le habían robado el tanque de agua de 1.000 litros. No estaba en la vereda ni en un lugar visible, sino en un pasillo interno al que los delincuentes accedieron por el jardín.

“No solo se llevaron el tanque, también la bomba que alimenta la cisterna y rompieron caños”, contó a EL DIA, con bronca. El daño no fue solo el robo, sino también la destrucción. “Era nuevo. Nos mudamos hace poco y tuvimos que hacer la instalación porque no hay presión de agua”, agregó.

Sería una misma “bandita”

Lo que podría parecer un hecho insólito, lejos está de ser excepcional. Los vecinos aseguran que este tipo de hechos se repite siempre con la misma lógica: ingresar de noche, tomar lo que esté a la vista y escapar antes de ser detectados. En 8 y 504, en 7 y 503, y en otros puntos cercanos, ya ocurrió. Bicicletas, escaleras y otros elementos desaparecen sin dejar rastros.

En medio de esa incertidumbre, algunos apuntan a un grupo de jóvenes de la zona, conocidos por varios frentistas. Sin embargo, no hay certezas. “Queremos saber si son los mismos o si hay otros detrás”, planteó Analía, quien pidió colaboración para acceder a imágenes de cámaras de seguridad que puedan haber registrado el movimiento durante la madrugada en que ocurrió el robo. Hasta ahora, no hubo resultados.

Tras el robo hizo saber, al respecto, que tendrán que comprar un tanque de agua nuevo: “a este lo protegeremos con una cabina que lo recubra, para lo cual le pagaremos a un albañil, mientras que a la bomba de agua la cubriremos con un enrejado. Da mucha bronca porque cuesta comprar cosas nuevas”.

Una decisión extrema

La falta de respuestas profundiza el malestar y el miedo empieza a traducirse en decisiones cada vez más extremas. Algunos vecinos ya resolvieron instalar cámaras, reforzar rejas y proteger incluso los objetos más básicos. En ese contexto, un caso cercano expone hasta dónde llegó el hartazgo: un propietario optó por electrificar un alambre perimetral mediante una conexión a batería -no a la red domiciliaria de 220 volts-, una alternativa de menor potencia pero que igualmente implica riesgos.

Especialistas advierten que este tipo de dispositivos, aun sin alta tensión, pueden provocar descargas peligrosas, especialmente en niños, mascotas o incluso en los propios moradores. La escena, más allá de su legalidad o eficacia, refleja con crudeza el punto al que están llegando los vecinos, que empiezan a recurrir a medidas límite para intentar defender lo suyo.

Analía también tomó medidas. “Vivimos con el pulsador en la mano”, resumió la vecina indignada, en una frase que sintetiza el clima que atraviesa Villa Castells.

 

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