La menopausia suele asociarse con los sofocos, los cambios en el sueño y las alteraciones del estado de ánimo. Sin embargo, hay otro síntoma que puede afectar la vida cotidiana de las mujeres y que no siempre llega al consultorio: la sequedad vaginal. Aunque puede provocar dolor durante las relaciones sexuales, ardor, picazón y molestias urinarias, muchas mujeres no lo identifican como un problema de salud que merece atención.
“Hay mucho tabú todavía. Si en la consulta no lo preguntás, hay mujeres que directamente no lo plantean”, advierte Macarena Alimón, ginecóloga especializada en menopausia y en el abordaje de la salud hormonal de mujeres mayores de 40 años, que trabaja en consultorios de la Ciudad. En su experiencia profesional, la sequedad vaginal es uno de los motivos de consulta más frecuentes y, al mismo tiempo, una molestia que puede permanecer durante años sin una respuesta adecuada.
El problema está relacionado con la disminución de los estrógenos, las hormonas que intervienen en la lubricación, la hidratación y la elasticidad de los tejidos de la zona vulvovaginal. Durante la transición hacia la menopausia, esos cambios pueden generar sequedad y una mayor sensibilidad de la zona. Las molestias no son iguales en todas las mujeres: pueden variar en intensidad y manifestarse de distintas maneras.
Alimón explica que el cuadro se conoce como síndrome genitourinario de la menopausia. Aunque está especialmente asociado con la etapa posterior al cese de la menstruación, la especialista señala que los cambios hormonales pueden comenzar antes, alrededor de los 35 o 40 años. La edad de aparición y la intensidad de los síntomas, de todos modos, no son iguales para todas.
En su consultorio, calcula que una de cada dos pacientes consulta por esta problemática. También estima que alrededor del 95% de las mujeres llega a la menopausia con algún grado de sequedad vaginal. Se trata de cifras basadas en su experiencia y su estimación profesional, no de datos de un estudio epidemiológico citado por la especialista.
UN PROBLEMA QUE VA MÁS ALLÁ DE LA SEXUALIDAD
La sequedad vaginal suele hacerse visible durante las relaciones sexuales. La falta de lubricación y elasticidad puede provocar dolor, lo que lleva a algunas mujeres a evitar los encuentros o a atravesarlos con molestias. Pero reducir el problema a la sexualidad deja afuera otras consecuencias que pueden afectar la vida cotidiana.
“Muchas lo refieren porque no pueden tener relaciones con sus parejas, porque les duele”, cuenta Alimón. En algunos casos, la situación también genera preocupación por el vínculo: la especialista recuerda consultas de mujeres que llevaban años sin mantener relaciones sexuales y temían que sus parejas interpretaran esa distancia como una pérdida de interés.
Sin embargo, las molestias no necesariamente tienen que ver con el deseo. El dolor puede convertirse en un obstáculo para la intimidad y generar angustia cuando no se encuentra una explicación o una alternativa para aliviarlo.
A eso se suman los síntomas urinarios. Según explica la ginecóloga, los cambios hormonales también afectan los tejidos del aparato urinario, que cuentan con receptores hormonales. Algunas mujeres pueden experimentar molestias al orinar, mayor frecuencia urinaria o episodios de incontinencia. También pueden aparecer ardor, picazón y sensibilidad en la zona vulvovaginal, incluso ante el roce de la ropa.
La disminución de estrógenos generar problemas en la lubricación, hidratación y elasticidad de los tejidos de la zona vulvovaginal
“Más allá de la sexualidad, que no digo que no sea importante, también tiene otra repercusión mucho más allá de eso”, señala. La dificultad para usar prendas ajustadas, las molestias persistentes y las interrupciones del descanso para ir al baño son algunas de las situaciones que pueden alterar la rutina.
La variedad de síntomas también puede hacer que el problema no se identifique de inmediato. Una mujer puede consultar por una molestia puntual sin relacionarla con los cambios hormonales de la menopausia. Por eso, para Alimón, preguntar por la salud íntima es una parte importante de la consulta ginecológica.
EL TABÚ Y LA FALTA DE INFORMACIÓN
Aunque se habla cada vez más de menopausia, la salud vulvovaginal todavía tiene un lugar incómodo en muchas conversaciones. La vergüenza puede dificultar que las mujeres describan lo que sienten, especialmente cuando se trata de dolor durante las relaciones sexuales, sequedad o molestias en una zona del cuerpo que suele quedar fuera de las consultas generales.
Alimón considera que la responsabilidad no recae únicamente en las pacientes. También señala las limitaciones de las consultas médicas breves, en las que el tiempo disponible puede dificultar que se aborden cuestiones que no aparecen como motivo principal de la visita.
“Una de cada dos mujeres llega a mi consultorio con este cuadro. Es que el 95% de las mujeres van a llegar a la menopausia -con mayor o menor medida- con sequedad vaginal”
Macarena Alimón,
Ginecóloga especialista en menopausia
“Muchas veces las consultas son muy rápidas y el médico tiende a resolverte la vida en 15 minutos”, plantea. En su práctica, cuenta que procura trabajar con turnos más extensos para escuchar a las pacientes, preguntar por síntomas que quizá no se animan a mencionar y evaluar su situación de manera integral.
La falta de información también influye. Algunas mujeres pueden interpretar las molestias como una consecuencia inevitable del envejecimiento y asumir que deben acostumbrarse a ellas. Otras desconocen que existen alternativas para mejorar los síntomas o no saben a qué profesional recurrir.
“Antes era como que había que aguantársela, no había opción”, resume la especialista al comparar las posibilidades actuales con las que tenían generaciones anteriores. La diferencia, sostiene, está en reconocer el problema y buscar una respuesta en lugar de naturalizar el dolor.
La menopausia, además, no representa el final de la vida sexual ni implica que todas las mujeres deban atravesar los mismos síntomas. La experiencia varía y las molestias pueden tener distintos grados de intensidad. Identificarlas permite evaluar qué está ocurriendo y qué abordaje puede resultar adecuado en cada caso.
QUÉ ALTERNATIVAS EXISTEN PARA TRATARLA
Alimón explica que existen distintas opciones, desde productos de uso local hasta tratamientos que se realizan en consultorio. La elección depende de los síntomas, los antecedentes y la evaluación médica.
Entre las alternativas menciona los hidratantes vaginales, los productos con ácido hialurónico y los tratamientos hormonales locales, que deben indicarse de acuerdo con las necesidades y los antecedentes de cada paciente. También señala que existen procedimientos de ginecología regenerativa, como el láser, el plasma y otras técnicas que buscan mejorar las condiciones de los tejidos.
No todas las opciones son equivalentes ni tienen las mismas indicaciones. La conveniencia, los beneficios esperables, los riesgos y la evidencia disponible deben evaluarse con un profesional, sin asumir que un procedimiento es necesario para todas las mujeres. Tampoco corresponde iniciar tratamientos hormonales por cuenta propia.
La especialista también destaca la importancia de la prevención y del seguimiento. Consultar antes de que las molestias se vuelvan persistentes puede permitir identificar los síntomas y analizar alternativas. En ese sentido, recomienda no esperar a que el dolor interfiera con las relaciones sexuales o con las actividades habituales para plantear el problema.
La propuesta parte de una idea: la salud durante esta etapa no se limita a controlar los síntomas que aparecen con el descenso hormonal, sino que también implica atender la calidad de vida. Para eso, sostiene, es necesario que las mujeres puedan hablar de lo que les pasa y que los profesionales incorporen estas preguntas a las consultas.
La sequedad vaginal puede ser frecuente, pero eso no significa que deba naturalizarse. Cuando aparecen dolor, ardor, picazón o molestias urinarias, la consulta médica permite evaluar las causas y conocer las opciones disponibles. El primer paso, muchas veces, es hablar de un problema que todavía permanece en silencio.
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