El “efecto olímpico”, un bálsamo para el Gobierno
| 14 de Agosto de 2016 | 02:19
Twitter: @mnspezzapria
“Aranguren no estuvo ni cerca de renunciar”. La frase pertenece a uno de los integrantes de la mesa chica del gobierno nacional, que todas las tardes se reúne por una hora en la Casa Rosada. En esos encuentros, los funcionarios y también los referentes de Cambiemos en el Congreso vienen explorando distintos caminos para salir de la encerrona en el conflicto de las tarifas.
Pero más allá de que lo intentaron, desde que comenzaron a emitirse los fallos judiciales que frenaron el tarifazo, nunca lograron recuperar el control de la agenda en favor del presidente Mauricio Macri. Y ahora se enfrentan a una semana decisiva, no sólo para el devenir de esa polémica medida, sino también para el futuro del ministro que se encargó de implementarla, aunque cada vez circula con mayor intensidad el dato de que él propuso, en realidad, aumentos graduales.
Después del feriado de mañana, Aranguren deberá asistir el martes a un plenario de comisiones de la Cámara de Diputados, para explicar cuál fue el plan de “sinceramiento” tarifario, que a todas luces no salió como el funcionario lo pensó. Luego de su exposición inicial, será sometido a una catarata de preguntas por parte de los legisladores, sobre todo los de los bloques opositores.
Para evitar que el ministro quede contra las cuerdas, en Cambiemos ya pensaron jugar una carta política en el debate: apuntar los cañones contra el diputado kirchnerista Julio de Vido, el ministro de Planificación, cuya área de gestión abarcaba el sistema energético nacional. De Vido preside la comisión de Energía pero todo este año la tuvo en un “freezer” para mantener un bajo perfil.
El ex ministro afronta un cúmulo de acusaciones judiciales y quien era su segundo, José López, está detenido luego de ser atrapado “in fraganti” revoleando bolsos repletos de dólares al interior de un monasterio. Aunque Aranguren tendría que contar con argumentos más sólidos que no hagan eje sólo en el desprestigio de De Vido. Su origen empresario también estará bajo la lupa.
El ministro de Energía fue el CEO de la filial argentina de Shell y los diputados de la oposición cuestionarán la importación de combustible a esa petrolera, a la que también apuntarán por haber aportado a las campañas presidenciales de Macri y Elisa Carrió. Desde el PRO y la Coalición Cívica lo defienden afirmando que fue uno de los pocos empresarios que saltó el cerco kirchnerista.
Aranguren viene de descartar la convocatoria a audiencias informativas sobre el aumento de las tarifas, como había pensado el gobierno como un gesto a la Corte Suprema de Justicia, antes de que emita su resolución probablemente el próximo jueves. Para un día antes se espera el dictamen de la procuradora Gils Carbó, que no estaría en sintonía con la línea gubernamental.
Según trascendió en los tribunales, los propios jueces supremos apelarían al criterio de la racionalidad en el fallo sobre las tarifas. Esto es, a exigirle al gobierno que el ajuste debe realizarse en forma escalonada, gradual, conforme a las posibilidades económicas de los usuarios. En la Casa Rosada siguen pensando que el problema no fue la implementación sino la mala comunicación.
Ese error de diagnóstico explica que cinco meses después, el tarifazo esté lejos de ser un asunto resuelto por la administración macrista. En la fallida sesión del último miércoles, hubo sin embargo entre los diputados –oficialistas y opositores- una coincidencia manifiesta: la solución al conflicto debe ser política. Algunos, incluso, reflotaron la propuesta para convocar a una mesa de diálogo.
Esa idea, en rigor, es más amplia que el mero tratamiento del cuadro tarifario. Significa un intento por convencer al Presidente de la necesidad de recurrir a un acuerdo económico y social para salir del estancamiento y darle un corte a la inflación. También para contener una oleada de protestas sindicales y sociales que irá creciendo hasta fin de año si no se revierte la tendencia actual.
Pero Macri sigue convencido de que le queda “margen de gobernabilidad” pese al rumbo inestable de la economía: “Avanzamos lo más rápidamente posible en la primera mitad del año y por eso vamos a tener crédito de la sociedad”, estimó el miembro de la mesa chica gubernamental. No obstante, admitió que “se puede convertir en una constante” la confluencia de la oposición.
En ese punto, el gobierno cuenta con un elemento de división en la figura de Cristina Kirchner. La ex presidenta logró hacer ruido en la interna peronista al reunirse con Daniel Scioli, quien venía jugando dentro de la estructura formal del PJ, pero que fue al pie de la dama provocando el enojo de sus compañeros del Consejo Nacional. Y le habría ofrecido formar una dupla electoral en 2017.
En la estrategia de Cristina Kirchner, Scioli sería un buen segundo candidato a senador nacional por la Provincia. En primer lugar, claro, estaría ella. De todos modos, hubo en la semana algunas señales de que no se la van a hacer fácil en el PJ. La más contundente fue la designación de Oscar Lamberto como nuevo auditor general de la Nación, en reemplazo del renunciante Echegaray. Por otra parte, en el massismo dicen que su líder no sería candidato a senador por la Provincia.
La famosa grieta, antes agitada por el kirchnerismo y ahora utilizada en beneficio propio por el macrismo, adquiere ribetes preocupantes cuando el enfrentamiento dialéctico deja paso a las acciones violentas. Eso fue lo que sucedió en Mar del Plata, donde Macri y la gobernadora Vidal fueron agredidos el último viernes tras un acto oficial y ante una frágil custodia presidencial.
Tampoco funcionó por cierto la inteligencia previa, pero lo que más llamó la atención a los miembros de la comitiva presidencial fue cierta pasividad que observaron en el desempeño de la Policía bonaerense para contener a los manifestantes. Por lo demás, entre los agresores hubo personas –según consta en material fotográfico- que estuvieron en actos de Cristina Kirchner.
“No hemos escuchado a ningún dirigente kirchnerista repudiar estos hechos”, sostuvo en ese sentido el jefe de Gabinete, Marcos Peña. El funcionario toma la posta que deja el Presidente cuando se retira a descansar, como este fin de semana largo en Villa La Angostura. La salud de Macri ya es otro ingrediente de la política local, como lo fue con otros presidentes argentinos.
El ejercicio del poder es desgastante. Los cuestionamientos pueden transformarse en pesadas mochilas, sobre todo cuando llaman la atención sobre la situación social. La Iglesia católica viene poniendo el dedo en esa llaga, bajo la impronta jesuita del Papa Francisco. El Barómetro de la Deuda Social de la UCA no dudó en advertir que el modelo del derrame genera más pobreza, y en un gesto sin antecedentes en los últimos sesenta años, la Iglesia prácticamente encabezó una manifestación a la Plaza de Mayo.
En medio de una situación adversa, el gobierno festejó puertas adentro la desaceleración del proceso inflacionario registrada en julio último, tanto por la medición oficial del INDEC como por la del IPC-Congreso. Aunque éste último indicador estableció una suba de precios del 46% anual.
La semana próxima, en tanto, tendrá lugar el congreso de reunificación de la CGT, que establecerá un triunvirato de conducción y que se lanzaría a un “plan de lucha” contra la política económica de Cambiemos en forma progresiva, sin descartar un paro nacional. Por el momento, el gobierno puede respirar aliviado por el éxito de los deportistas argentinos en los Juegos de Río de Janeiro.
Eso produce una descompresión y cierta toma de distancia entre el agitado clima político y el estado de ánimo colectivo. El “efecto olímpico” es por eso como un bálsamo para el gobierno.
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