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La musicalidad del discurso

La musicalidad del discurso

Nicolas Hogdes el fin de semana en el Teatro Argentino - teatro argentino

Por: Por Nicolás Isasi

28 de Agosto de 2017 | 02:33
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Después de su paso por el Teatro Colón, Nicolas Hodges brindó un exquisito y original programa en la sala Astor Piazzolla del Teatro Argentino. Quizás uno de los mejores conciertos que se haya realizado en esta temporada.

De origen inglés, nacido en 1970 en Londres, Hodges es uno de los pianistas más importantes de música contemporánea. Su formación comenzó ni más ni menos que en la Universidad de Cambridge y cursó sus estudios superiores en el Winchester College. Actualmente reside en Alemania y es profesor en la Musikhochschule de Stuttgart.

Entre sus maestros de piano se encuentran Robert Bottone, Susan Bradshaw y Sulamita Aronovsky. Su repertorio es tan extenso que abarca desde Brahms, Beethoven o Schubert, pasando por Debussy, Stravinsky o Berg; hasta recientes estrenos de Thomas Adès, Elliot Carter o Simon Steen Andersen. Grabó obras de Adams, Ferneyhough, Kagel o Stockhausen. En el concierto del Colón el miércoles pasado, interpretó obras de Domenico Scarlatti (1685-1757) y de Salvatore Sciarrino (1947).

En esta ocasión, el programa presentado fue parte de la obra “Voices and piano” del compositor austríaco Peter Ablinger (1959), que incluye grabaciones con discursos de grandes personalidades reproducidas por un parlante y el piano. La obra, todavía en período de creación, debería llegar a ochenta piezas (cada una con su propio discurso), conformando una duración aproximada de cuatro horas. De un carácter absolutamente original, la obra sorprendía y demostraba la técnica y musicalidad de Hodges en su instrumento.

La delicadeza con la que fueron escritas las pequeñas obras, recuerdan el detallista trabajo de un poeta que, pese a la brevedad de su formato, cuida cada palabra como si fuera la viga estructural de un edificio. Con un piano de cola y un parlante en el frente que reproducía los discursos, las melodías funcionaban como un contrapunto rítmico, y el poder de la palabra quedaba por momentos perdido en la sonoridad reinante del piano. En algunas ocasiones porque tocaba precisamente encima del discurso, y en otras, porque anticipaba la forma del habla. Un trabajo minucioso y prolijo desde la escritura e interpretación.

Aun así, la gente entraba y salía de la sala como si se tratara de un shopping. Como si nada les importara: ni el músico que estaba tocando, ni el público que estaba oyendo. En una de las sonoras retiradas, con zapatos de taco incluidos por las escaleras, hasta el maestro que pasaba las páginas de las partituras al pianista, tuvo que darse vuelta con una mirada fulminante. En el programa de mano, Ablinger (compositor de la obra y miembro de la Academia de Artes de Berlín) dice que su trabajo no es el sonido: “mi material es la audibilidad. Mientras otros trabajan con sonido, tal vez pautando un sonido y luego una pausa, yo pauto audibilidad y luego inaudibilidad. La inaudibilidad puede surgir por varios medios. Por el silencio, pero también por las intensidades excesivas. Por notas demasiado graves pero también demasiado agudas. Por la lentitud, pero también por la velocidad. Cuando ocurren muy pocas cosas pero también cuando ocurren demasiadas. Con mucha cercanía, pero también con mucha distancia. Con duraciones demasiado cortas, pero también demasiado largas. A través del vacío, pero también por medio de la saturación”.

Y es así como la forma de hablar de cada uno de los personajes seleccionados, imponía el tempo en el cual se interpretaba la pieza. La armonía entre la voz hablada y la melodía del piano generaba una nueva capa que unificaba ambos lenguajes, aun cuando el público no entendiese el mensaje real del discurso hablado.

Y esto claramente tiene que ver con la elección de los idiomas, que incluían francés, italiano, inglés o alemán. Entre ellos, se podían escuchar los discursos de: Bertolt Brecht (poeta alemán), Gertrude Stein (escritora estadounidense), Lech Wałęsa (político y presidente polaco, Premio Nobel de la Paz), Morton Feldman (compositor estadounidense), Hanna Schygulla (actriz y cantante alemana), Mao Tse-Tung (político y estadista chino), Guillaume Apollinaire (poeta, novelista y ensayista francés), Bonnie Barnett (cantante estadounidense), Jean-Paul Sartre (filósofo, escritor, novelista, dramaturgo y crítico literario francés), Martin Heidegger (filósofo y profesor alemán), Marcel Duchamp (artista y ajedrecista franco-estadounidense), Heimito von Doderer (escritor austríaco), Orson Welles (actor, guionista, director y productor de cine estadounidense), Agnes Gonxha Bojaxhiu​ “Santa Teresa de Calcuta” (monja albanesa-india fundadora de las Misioneras de la Caridad, Premio Nobel de la Paz), Rolf Dieter Brinkman (poeta, escritor y ensayista alemán), Hanns Eisler (compositor alemán-austríaco), Ezra Pound (poeta, ensayista, músico y crítico estadounidense), Ilya Prigogine (físico, químico, sistémico y profesor belga, Premio Nobel de Química), Pier Paolo Pasolini (poeta, escritor y director de cine italiano).

Definido por la crítica como un aventurero, el diario británico The Guardian consideró recientemente que “pocos se animan a ir hacia dónde va él”, por su gran potencial y diversidad en la selección de los programas a interpretar. Sea música clásica, romántica o contemporánea, Hodges demostró por qué es uno de los intérpretes más destacados de la escena actual internacional, y dejó su estela en la ciudad.

 

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