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Historias platenses

“La Máquina de los Sueños” fabrica una vida mejor para los chicos

Los egresaditos del jardín que crearon a pulmón

En los 20 años de vida de la asociación, cientos de chicos pudieron terminar sus estudios

VALERIA NATALIA SANCHEZ
historiasplatenses@gmail.com

En 1997 la inspectora de colegios Graciela Cavalieri, junto a su hermano José Luis, que en ese momento vivía en Roma, se imaginaron un proyecto solidario para chicos. Al tiempo, José Luis publicó un libro que se llamó “La macchina dei sogni” y trataba sobre cómo acercarse a los sueños. Ese libro motivó a Graciela a reunir en el living de su casa a sus compañeras docentes para contarles su idea. Ese día nació “La máquina de los sueños”, la asociación civil que hoy cumple 20 años.

“La máquina no es nada tangible, no se puede tocar. Es esa parte de interioridad del ser que lucha por los valores del espíritu: el amor, la solidaridad, la participación. Y que está en pugna con la parte que te dice: no te metas, le toca al Estado, te vas a complicar la vida”, resume Cavalieri.

Graciela parece no cansarse nunca. Encaró hace 20 años el proyecto junto a Susana Rossi, Alicia Arbia, Susana Sánchez, Marta Fanjul, Mirta Melin, Lilia Agero, Nilda Tarquino, Liliana Álvarez, Margarita Gutiérrez y Lorena Pires, cuando todavía trabajaban como docentes. Hoy, ya jubiladas, mantienen el mismo compromiso y decidieron incorporar a Mario Fernando Araya, Osvaldo Pamparana y Nicolás Pérez, los únicos varones del equipo.

Todo empieza con la imaginación

Una tarde de octubre de 1998, Graciela visitó junto a su hermano José el jardín Josefina Vaquita, del barrio San Carlos. Un impulso los llevó a comprar el terreno de al lado, que en aquel entonces era un baldío lleno de cañas. Lo limpiaron con sus propias manos y lo donaron a la Asociación. Lo único que tenían era un proyecto educativo, un pedazo de tierra y muchas ideas. Al tiempo, ganaron un concurso internacional en Roma y con esa plata construyeron el primer módulo, que amueblaron con donaciones.

En ese entonces comenzó a funcionar el Proyecto Padrinos, que actualmente beneficia a 60 chicos. Una persona apadrina a un niño y paga una cuota mensual accesible. Con esa plata la Asociación le asegura zapatillas, guardapolvo, libro, útiles y fotocopias durante todo el trayecto escolar. Pero no todo es material, el lazo afectivo es muy importante para que se sostenga: “Los padrinos visitan a sus ahijados, les traen regalos, los sacan a pasear, todo desde el amor. La idea es que el padrino los acompañe a crecer”, cuenta Graciela.

Mario Fernando Araya (29) nació en barrio San Carlos. A los 14 llegó a la Asociación acompañado de su mamá. Ella le había hablado de estas personas que lo podían ayudar para terminar el colegio. Ahora estudia Licenciatura en Química y trabaja como Técnico en un instituto dependiente del CONICET de La Plata. Además, forma parte de la Comisión Directiva de la Máquina de los Sueños y cree, como todos los que trabajan ahí, que los valores que la sostienen son el amor y el cariño. “Me ayudaron mucho y todavía lo hacen desde lo afectivo. Hoy participo para agradecer todo lo que hicieron por mí”.

Creer que la educación puede cambiar el mundo, por más que suene utópico. Ese fue el motor que llevó a estas mujeres a ir por más. Primero, lograron construir un jardín maternal subsidiado por el grupo de abogados italianos “AxB Avvocatti per i bambini”. Después, con el reconocimiento de la Dirección General de Escuelas, pudieron subsidiar los sueldos y con rifas y mucho pulmón construyeron un jardín de infantes.

Todo lo que sucede se reproduce. Hoy en día funciona una biblioteca pública, una sala de informática, un aula de apoyo escolar, un consultorio jurídico gratuito, dos ludotecas (una para bebés y otra para chicos de 3 a 12 años), una consultoría pedagógica y diferentes talleres. Muchos de los espacios subsisten por convenios con diferentes facultades, como también por rifas, cenas, conciertos, cuotas de los socios, venta de productos y donaciones.

Desde Italia, José Luis trabaja a la par. En este momento coordina un grupo de personas interesadas en colaborar con los chicos de la Máquina platense. Creó un programa desde allá para apadrinar niños para que puedan terminar el colegio y entrar a la universidad. A su vez, hace tres años funciona el “Cesc Project”, un voluntariado italiano. La asociación armó una sala de estar, con una pieza y un baño para recibir a los jóvenes extranjeros.

Una de las voluntarias es en este momento es Valentina Zanetello (25), licenciada Ciencias de la Educación y Pedagogía. A pesar de las dificultades de adaptación reconoce que lo que la sostuvo fue la familia que armó. “Acá siempre hubo gente que nos ayudó y que estaba disponible”. Pero su gran aprendizaje fue tomarse la vida de otra manera y, sobre todo, “aprender a trabajar con lo que hay y no con lo que falta”.

¿Cuál es la receta? “Es una máquina que funciona y hace cosas. Hoy hacés una y mañana otra. Estemos nosotras o no, sigue funcionando”, explica Graciela, que ya está pensando a futuro un colegio primario y un aula taller con una escuela de oficios.

Recuerda que cuando le entregaron el reconocimiento a la “Mujer Solidaria Platense” le dieron una placa con la frase de María Teresa de Calcuta que decía: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”. Es cierto, reflexiona: “Somos una gota, no vamos a cambiar el mundo, pero algo vamos a hacer. Peor es quedarse sentado protestando delante del televisor”.

Si estás interesado en el Proyecto Padrino o querés hacer una donación para La Máquina de los sueños te podés comunicar al (0221) 4790265, escribir a lamaquinadelosuenos@yahoo.com.ar o acercarte a la calle 148, entre 35 y 36.

 

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