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TALLERES DESTINADOS A NIÑOS CON PROBLEMAS AUDITIVOS. REPERCUSIONES DE LA EXPERIENCIA EN ESCUELAS DE COLOMBIA

Llamados de la música para chicos hipoacúsicos

El lenguaje musical no es sólo auditivo. Divulgacion en Los Hornos y Chascomús

Maria Fernanda Hamberg, gestora cultural y a Mariano Irigoyen, músico

Por MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

Las manos del Maestro tamborilean sobre cada uno de los hombros del “chino” o “pelado” colombiano, que con una sonrisa sin límites repite fielmente con sus manos ese ritmo en el parche del tambor que sostiene entre las piernas. Se trata de una suerte de festivo morse musical.

El “chino” o “pelao” es un niño de Calí, de unos ocho años, que sufre de sordera total. Sin embargo, el pequeño muestra la dentadura más feliz porque sabe que está haciendo música y, cuando termina ese solo de percusión, los aplausos (que no escucha) y las sonrisas que le llegan del público le iluminan su rostro mulato.

El Maestro que lo guió en una escuela de Calí es el platense Mariano Irigoyen, baterista, percusionista y maestro ahora en la Escuela Taller de Los Hornos. En una mesa del bar del pasaje Rocha, Irigoyen reseña que fue baterista estable de Nito Mestre (ex Sui Generis) durante siete años y que tocó en tres noches consecutivas en River, en la banda soporte del recital que dio Paul McCartney.

Pero Irigoyen –que también hizo producciones para Luciano Pereyra, Soledad, Patricia Sosa, Antonio Birbent y el Chango Nieto- fue perdiendo la audición, viajó a los Estados Unidos para tratarse, empezó a utilizar audífonos y en 2008 inició su propia reeducación auditiva “para poder tocar otra vez”.

“Un sordo total puede hacer música, porque la música no es solo auditiva”

 

En esos años se recibió de abogado, se especializó en derecho municipal –rama en la que exhibe una copiosa experiencia laboral y académica- a la vez que, mientras tanto, dicta en forma desinteresada talleres de percusión interactiva para chicos hipoacúsicos. Como instrumentos de enseñanza y aprendizaje utilizan el cajón peruano, panderetas y bombos legüeros, enetre otros.

“Un sordo total puede hacer música, porque la música no es sólo auditiva. La idea es trabajar la música utilizando todos los sentidos, la vista, el movimiento del cuerpo, de modo que los chicos con diferentes grados de pérdida auditiva se animen a participar de manera secundaria en grupos. Desde luego que en forma aislada, también muchos chicos hipoacúsicos se animan a subir a las tarimas a tocar la batería frente al público, sin inhibición alguna”, dice Irigoyen.

“Entiendo que la música no nace exclusivamente de la audición. Un hipoacùsico puede ejecutar cualquier instrumento, pero desde luego que la percusión es la más visual de todos y permite la guía de las señales”, agrega.

Pese a su juventud, Irigoyen ha encontrado también tiempo para haber sido arreglador y músico de Fito Páez, Celeste Carballo, Sandra Mihanovich, Nito Mestre y Pedro Aznar, entre otros. Como abogado, es asesor en temas municipales de la Vicegobernación, consultor externo de cinco municipios bonaerenses y autor de cinco libros sobre temas de municipalismo.

Ahora, en su condición de divulgador de la música entre niños hipoacúsicos, lo secunda y apuntala Fernanda Hamberg, artista plástica y gestora cultural. Ella colaboró con Irigoyen para que pudiera dictar talleres en Colombia y Chile, que resultaron exitosos, tanto como lo son los que brinda en Chascomús, Lincoln y Ameghino, entre otros distritos bonaerenses.

Siempre sonrientes los dos dicen que están bregando para crear talleres en escuelas públicas y abrir espacios en los que se puedan ofrecer estos servicios. Con una sonrisa, también, dicen que “no se nos han abierto demasiadas puertas”. Nadie es profeta en su tierra, se sabe.

Cuando se les pregunta qué lograron en nuestro país, aluden a una exitosa experiencia que realizan en la Escuela 501 de Chascomús y al taller que pueden ofrecer en el Centro Cultural y Polideportivo Los Hornos. Todo a pulmón y ad-honorem. Ellos pueden ser contactados en marianoirigoyen@yahoo.com.ar y en fer.hamberg-74@hotmail.com.

HIPOACUSIA

En las últimas décadas, mientras tanto, se vienen sumando evidencias sobre los altos niveles de hipoacusia que padece la población. Sondeos realizados hace poco tiempo por el Colegio de Fonoaudiólogos de La Plata demostraron un preocupante avance de la hipoacusia, sin que estos alertas –por lo que se sabe- hayan generado en las autoridades una excesiva inquietud ni la puesta en marcha de mecanismos de prevención.

El estudio realizado por el Colegio profesional determinó que el 65 por ciento de los casos que se revisaron demostró poseer algún grado de hipoacusia, derivándose el 40 por ciento de ese porcentaje a un especialista. De los afectados, el 5 por ciento padecía hipoacusia severa.

Cabe recordar que, en muchas oportunidades, los fonoaudiólogos platenses alertaron sobre las consecuencias de la contaminación sonora. Hubo llamados de alerta a tener en cuenta. Uno que vincula a los adolescentes a los que consideran segmento en riesgo, por la costumbre de escuchar música a todo volumen. Lo que exigiría una campaña educativa tendiente a modificar los hábitos. Pero también apuntan los especialistas al ruido, sobre todo el urbano provocado por la concentración de tránsito y de vehículos que no cumplen con las normativas vigentes, lo que obliga a las autoridades a un urgente control.

Por experiencia propia y por estudios realizados, Irigoyen puede ofrecer una completa descripción sobre los efectos nocivos que puede producir la música emitida a todo volumen y, sobre todo, transmitida a millones de oídos infantiles y juveniles a través de auriculares y de fuentes emisoras cada vez más potentes.

LA MUSICA Y LOS CHICOS

Hijo de Mario Irigoyen, que fue diputado radical bonaerense, Mariano hace tres años que dicta talleres en donde encuentra un espacio para poder ofrecerlos. Empezó y sigue en el taller de Los Hornos, en donde enseña batería y percusión a un grupo de unos doce pibes hipoacúsicos. Lo mismo hace en las escuelas de Chascomús y Lincoln.

“Fuimos a unas pocas escuelas colombianas y terminamos yendo a muchas más”

 

Hace unas tres semanas viajó a Colombia, llamado por varias escuelas de Calí. Ver los videos resulta una experiencia enriquecedora, además de emotiva. “Empezamos con los padres, sobre quienes desarrollamos la misma clase que les daríamos después sus chicos que, en este caso, eran sordos, hipoacúsicos y algunos también ciegos. Los padres respondieron de maravillas y participaron después, al igual que muchas maestras, de los talleres”

“Nos llamaron de unas pocas escuelas colombianas y después tuvimos que ir a muchas otras. Allí probamos que cualquier chico con desigualdades puede hacer música, porque la música también es un arte para todos los sentidos. La mayoría de los chicos de Calí eran sordos completos”. Además, dijeron, los chicos aprenden que la música se puede contar rítmicamente. Si uno cuenta la música batiendo palmas o con señas –uno, dos, tres- los chicos empiezan a comprenderla. “Quiero demostrar que la sordera no es un impedimento para hacer música...La música no es solamente auditiva”, agregó.

Ver la felicidad de esos chicos termina por humedecer los ojos más resecos. Muchos más pibes nuestros, sordos o hipoacúsicos, podrían disfrutar con la música, verse integrados por ella, si las autoridades educativas abrieran más puertas. Si respondieran a los llamados. ¿Qué siente el Maestro Irigoyen al ofrecer un taller? “Me vibra el alma. Siento que el verdadero significado de la vida no son las cosas materiales. Una sonrisa, una mirada con brillo no tiene comparación con nada. Todos podemos ser felices con lo que tenemos, si sabemos ubicar los valores de la vida. Sencillamente siento amor...”

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