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"Chubut, libertad y tierra" La Patagonia, zona de conflicto, ayer como hoy

A partir de la figura del médico Juan Carlos Espina, el documentalista Carlos Echeverría recorre la larga historia de apropiación de tierras en la Patagonia en el documental que se verá en el Malvinas mañana y el domingo

"Chubut, libertad y tierra" La Patagonia, zona de conflicto, ayer como hoy

Durante años, el documentalista Carlos Echeverría vivió, filmó y atravesó Cushamen, la región de Chubut que se volvió tristemente célebre en 2017 por ser el escenario de la muerte de Santiago Maldonado. Su padre había sido médico en la zona, y al dejar el cargo buscó un reemplazo, y encontró a Juan Carlos Espina, que fue el único médico de la región durante años, trabajó en la zona durante tres décadas, fundó el primer hospital de El Maitén y es eje del documental de Echeverría “Chubut, libertad y tierra”, que se podrá ver en el Cine Eco Select del Centro Cultural Malvinas, mañana y el miércoles a las 17, y que volverá del 15 al 22 de agosto.

Espina trabajó en esa zona de histórico conflicto, donde grandes extensiones de tierras fueron dadas en concesión primero a los ingleses y más tarde a Benetton, que fueron ganando hectáreas a las comunidades mapuches de la zona, que, a la vez, “eran usados como mano de obra casi esclava por los terratenientes”, revela el cineasta en diálogo con EL DIA. A esa zona llegó Espina, y encontró “tuberculosis, producto del hambre y la pobreza”, además de “cantidades de problemáticas sociales”.

Espina lucharía durante años con mil y un obstáculos desde médicos a políticos que, sin embargo, Echeverría prefiere no adelantar para que “el espectador lo vaya conociendo junto a las protagonistas”: su documental está protagonizado por dos mujeres, una supuesta nieta de Espina (aunque es en realidad “una construcción del documental”), que indagan en el pasado del médico mientras recorren en tren la región y descubren la historia política de la región.

El trabajo, que cuenta también con los pocos testigos del pueblo que todavía perduran, comenzó hace más de tres décadas: Echeverría se acercó a Espina en 1987 con un walkman, en lo que fue la primera entrevista para el documental. El proyecto, sin embargo, quedó pendiente, desarrollado esporádicamente en paralelo a otros trabajos, a la vida. Echeverría relata que cuando pasaba por la zona, aprovechaba para filmar, pero también relata complicaciones “de toda índole”: fueron falleciendo los testigos, y otros temían hablar. Es, después de todo, una película con fuertes ecos en el presente: allí siguen habiendo poderes importantes interesados en que se conozca solo la historia oficial; “quedó miedo en la zona, uno de los entrevistados tardó diez años en hablar conmigo. En los pueblos chicos uno queda muy expuesto”, dice la respecto el realizador.

Sin embargo, 20 años después de aquella primera entrevista, Echeverría, que ya había retratado el lado B de la Patagonia en trabajos como “Pacto de silencio” o al mítica investigación sobre el único desaparecido en Dictadura de Bariloche, “Juan, como si nada hubiera sucedido”, decidió dar el envión final y filmar lo que necesitaba para completar el trabajo. “Fue a raíz de la Dictadura, pensé en el cine como una herramienta política”, afirma el cineasta.

Con el material completo, sin embargo, su trabajo de entonces solo le permitía editar en vacaciones. “Cuando me echaron, me pude sentar a trabajar”, se ríe mientras explica el motivo del paso del tiempo entre el final del rodaje y el estreno de la cinta que relata con Espina como centro la larga historia de apropiación de tierras en la Patagonia.

Y en medio del proceso de edición, Santiago Maldonado murió en aquella región de conflicto, escapando de la represión de Gendarmería. Entonces, Echeverría entendió que el armado del documental que había pensado debía atravesar “cambios estructurales”.

Claro que en todos esos años, “se juntó mucho material: los documentalistas somos recolectores de historias, como los artistas plásticos que hacen obras con distintos elementos…”, dice Echeverría.

El realizador acepta que “estamos en un momento de estancamiento notorio, hay una política destinada a paralizar la producción, el conocimiento, la cultura”, y “un momento muy bloqueado por las multinacionales del cine”, que hace que la difusión de este cine de raigambre política se vea. 

“Tenemos ventanas pequeñas como el Select o en Buenos Aires, pero en el resto del país es difícil”, dice. Sin embargo, para Echeverría “la disputa siempre estuvo”. Cuando él comenzó estrenar en cine un documental era impensado, y hoy no solo hay otras ventanas, sino que está el poder de internet, que permitió que el cineasta dejara de girar por las ciudades con sus películas bajo el brazo para difundirlas.

 

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