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Juan Duarte y sus mujeres

Evita, con quien supo construir una estrecha relación, era su hermana menor. Una vida rodeada de poder, millones, placeres y actrices

Juan Duarte y sus mujeres

juan duarte, hermano de evita y el hombre que concentró el poder / web

Por: Ricardo Jaén
@r_jaen

5 de Enero de 2020 | 04:55
Edición impresa

Norma Mileo, una querida amiga y una de las más lúcidas profesoras de historia que he conocido, que han sido muchas/muchos, en una charla ocasional sobre peronismo, cine y vino me acercó el libro de Jorge Camarasa: “La última noche de Juan Duarte”. (Ed. Sudamericana. 2003).

Conocía vagamente su “historia” y el tema de su “misterioso suicidio”, pero su lectura me introdujo en un mundo más apasionante para mí que fue su relación con las mujeres y que me llevó a hacer algún tipo de investigación que ahora vuelco en esta crónica que no tiene más pretensiones que entretener.

En lo que podría ser una típica postal de Mar del Plata, tres mujeres muy jóvenes, muy bellas y actrices de cine se sacan una foto en el Puerto, hace mucho calor y correnlos primeros días de enero de 1944.

Ninguna puede imaginar que el 15 de enero el terremoto de San Juan provocará una extraña carambola en el destino de las tres.

Elisa Galve tiene 22 años, tiempo después se casará en México con el arquitecto Cecilio Arpesani y será protagonista de varias películas.

Florence Marly tiene 24 años y es la esposa del director de cine Pierre Chenal con quien escapó de Francia ante la invasión nazi por separado. Él logró la visa para Argentina, pero ella no. Aunque gracias al director Luis Saslavsky que la contrató para filmar tres películas, finalmente, pudo encontrarse con su pareja en Buenos Aires.

Elina Colomer tiene 22 años y proviene, a diferencia de las otras dos, de un hogar de clase media alta del barrio de San Telmo.

Su familia posee una estancia en General Villegas y la vida en el campo le resultaba familiar. Caballo, auto y tractores fueron de manejo frecuente desde muy corta edad, lo que le valió un apodo que la siguió hasta Buenos Aires: “La gauchita”.

Las tres cruzaron destino con Juan Duarte, pero la última fue una de las mujeres que lo inventaron y que escribieron el guióin cinematográfico que resultó su vida.

En los primeros años de la década del treinta, el protagonista de esta historia recaló en Junín, ciudad que lo deslumbra y que adoptó como propia. Juan trabaja como viajante de comercio y aunque no se queja, tiene más éxito con las mujeres que con las ventas.

Auto y un poco de dinero en el bolsillo, fuerte estampa de época, caminos de tierra y mujeres de pueblo con sueños perdidos, hacían cierta esa frase que a veces repetía su madre: “Bendito tu eres entre todas las mujeres”.

Había nacido en Los Toldos, era el tercero de cinco hijos, y el único varon con cuatro hermanas: Blanca Amelia, Juana Elisa, Erminda y la más pequeña Eva.

En 1934 se fue a Buenos Aires para cumplir con el servicio militar. Al año siguiente lo siguió Evita, con quien compartió pensión. En aquellos días estrechó un fuerte vínculo que fue pasando por distintas etapas. Primero era Juan quien cuidaba a su hermana menor, que daba los primeros pasos en el teatro; luego sería ella quien cuidaría de él.

Los años cuarenta los encuentra alquilando un departamento en Carlos Pellegrini al 1300. Juan trabajapara la empresa Guereño en la venta de productos de limpieza. El sueldo y las comisiones que percibe le permiten cambiar la voiturette algo vieja por un un Packard que le asegura “una buena llegada” al Chantecler o al hipódromo de Palermo.

Dos restaurantes podrían enmarcar la vida de Juan. Pedemonte donde en un almuerzo su hermana le presentó a Juan Perón. Cuenta la historia que fue el 6 de septiembre de 1945, lo que podría entonces considerarse como el punto de partida de una verdadera montaña rusa de experiencias y sensaciones.

Juan aún no lo sabía, pero en ese momento su vida entraba en otra dimensión, la del poder. Poder prestado, pero poder al fin.

Su otro lugar de encuenro era el Tropezón, sitio de políticos y legisladores. Tras la cena de rigor, la noche continuaba en su privado en el Tabarís. Fue allí precisamente donde le contó a Fanny sobre el médico gringo que venía a revisar a Evita.

Para volver en “la caída” al Pedemonte con Apold y Bertolini en una cena que parecía el último acto de una obra que para el 7 de Abril de 1953 presagiaba su trágico final.

Pero volvamos a cierta cronología de hechos, Juan pasa rápidamente de secretario privado del coronel Perón a secretario privado del Presidente. Sus oficinas de Casa de Gobierno se lo confirman, eran más lujosas y grandes que su suite del hotel. Entonces por fin entendió lo que su hermanita menor le había dicho en los momentos aciagos de las semanas de octubre: “… cuando se tenía el poder, las cosas pasadas, presentes y futuras eran como uno quería que fuesen.”

Y las cosas empezaron a ser como Juan quería: lo empezaban a llamar señor y esperaban sus órdenes.

Pero su perspectiva cambió definitivamente el 6 de junio de 1947 cuando la Primera Dama lo lleva a Europa. Allí el empresario naviero Alberto Dodero se hará cargo de “su educación como hombre de mundo”.

Fue Paris, y se alojó en una suite del Hotel Ritz frente a la Place Vendome. Luego, la Costa Azul, y según sus propias palabras estaba en “la gloria” con la inestimable ayuda que siempre la daban a Juan las mujeres, en este caso francesas.

A su vuelta, era otro y el año siguiente, en 1948 lo demostró.

Otro accidente afortunado, un pedido de Perón para representarlo durante el Primer Festival de Cine Argentino en Mar del Plata en Marzo de 1948, hizo que su vida se cruce con el cine del que será en poco tiempo el principal productor, y con Elina Colomer, quizás la mujer que mejor lo entendió, con quien desarrolla una fuerte relación donde la cama y la condición que ella misma se daba de amante ocasional se volvió indispensable en su vida.

También a fines de ese año, Iris Marga quien era pareja de Raúl Apold, el todo poderoso subsecretario de Prensa y Difusión, le presentó a Fanny Navarro y Juan enloqueció al instante.

Dicen las revistas de espectáculos de aquella época que “la Colomer y la Navarro eran como las dos máximas figuras de Hollywood: Lana Turner y Rita Hayworth”. La rubia o la morocha. La amante, o la novia.

En realidad mejor las dos, pensó Juan y a partir de allí se armó un triángulo amoroso con cierta complicidad de todas las partes que duró, con sus idas y vueltas, hasta su muerte.

Solo Elina logró “reconvertirse” en el pos peronismo y evitar el destino trágico de los otros dos.

Pero sigamos, para 1949 Juan Duarte era millonario y según el decir popular el “más grande coleccionista de bombachas.”

Le había regalado un Cadillac a Fanny y otro a Elina imprudentemente pagados con cheques de presidencia de la Nación.

Vivía en un suntuoso piso a nombre de la Fundación.

Se había comprado una estancia en Monte.

Manejaba la industria del cine.

Adjudicaba directamente créditos de fomento.

Controlaba el abastecimiento de carne.

Tenía participación en bancos, cadenas hoteleras y empresas petroleras. (Esto podría ser discutible)

Lo que era indiscutible es que seis años antes vendía jabones.

Pero volvamos a las chicas. Como no podía ser de otra manera, la familia de Juan se dividió por una y por otra.

Para su Madre, Elina era la preferida. Sabía manejar bien a Juan y le gustaba el campo. Solía acompañarlos en la estancia.

En cambio para Evita, Fanny era una militante y el triunfo y la carrera ascendente en el cine de la “Negrita” lo sentía como propio. En 1950 Fanny apareció como una de las fundadoras del Ateneo Cultural, con Virginia Luque, Sabina Olmos y Silvana Roth.

Luego será la presidenta. Su compromiso con Eva fue admirable y en general utilizó su influencia para beneficiar compañeros actores inclusive enfrentando a Apold en sus famosas “listas negras”.

Aquel verano de 1952 Juan le decía a Fanny que “ya no sabía dónde estaba parado”. Todo comenzaba a derrumbarse frente a él y tenía muy en claro que su suerte estaba echada como la de su hermana.

La muerte de Evita lo sumió en una mezcla de miedo y depresión.

Cuando se volvió a encontrar con Perón, este le dio la mano y no el abrazo habitual, para Juan el gesto había sido demoledor más allá de alguna tarea personal que le encomendaba sobre la sucesión de su hermana.

Volvió a viajar a Europa, esta vez acompañado por Elina en “viaje no oficial” para tratar de arreglar algunos papeles pero fracaso. Ya de poco servía, aunque Fanny incondicional seguía siendo su consuelo.

Dice la tradición oral que una rubia platinada y estrellita en ascenso de tres películas (como la denominaba las revistas de chimentos de cine de la época), pareja de Roberto Petinatto, llamada Malisa Zini quien militaba en el ateneo cultural, se acercó una noche a la imponente casa de Fanny en Barrio Parque y muy nerviosa relató la intervención de Juan en lo que ya estaba en la calle y en boca de la oposición sobre los mataderos clandestinos y las exportaciones ilegales.

También dicen que aprovechando una conferencia de Perón en el teatro Colon en Abril de 1953 sobre el plan quinquenal, logro que él mismo la escuchara con su relato.

Lo cierto es que comenzó una investigación que estuvo a cargo del General Dalmiro Adaro y como tanta veces lo había imaginado Juan en sus pesadillas, muy rápidamente quedo solo y los diarios ya lo nombraban como sospechoso de los “negociados” y ni siquiera su renuncia había calmado los ánimos.

La última noche, en su departamento, Bertolini, Cámpora, Apold, Subiza, Margueirat y Melchor Costa frente a platitos de vermouth y una botella de White Horse sin empezar. Charla sin chicas. Perón que seguía sin atenderle el teléfono y la mañana siguiente tendría que ver al General Bengoa por el tema del acaparamiento de la carne. La reunión termina temprano, Bertolini es el último, declara después que lo noto profundamente deprimido.

Quizás pensó en esas horas que ya no estaba Evita para decirle a Perón que “se dejara de joder con su hermano y decirle a él “para boludo que lo comprometes a Perón con tus cagadas”.

El 9 de Abril suena el teléfono en la mañana temprano en la casa de Fanny Navarro: alguien dice Juan se pegó un tiro.

La “contra” rápidamente instaló que lo habían mandado a matar. Pero la autodenomina revolución libertadora que había creado una Comisión investigadora especial para el tema, la número 58, donde el subjefe de la Policía Federal le había dado plenos poderes a un psicópata, Prospero German Fernández Alvariño alias el Capitán Gandhi, cuya mayor “hazaña” fue en un interrogatorio a Fanny Navarro, abrir una caja y mostrar la cabeza seccionada de Juan, nunca logro demostrar tal cosa.

De las tres mujeres que hicieron a Juan, Evita fue perseguida después de muerta, la ultrajaron, la secuestraron y la hicieron desaparecer.

Fanny empezó a “pagar” inmediatamente a la muerte de Juan. Apold aprovecho para vengarse de las múltiples denuncias que ella le hacía con Evita de las arbitrariedades del “zar de la propaganda”. La coloco en las famosas listas negras de actores y muchas veces le sugirió a Perón que ella había sido cómplice de Juan en los negociados.

Después, cuando derrocaron a Perón, al no aceptar “invitaciones” de los nuevos funcionarios con galones, fue prohibida para trabajar en cine, ferozmente perseguida hasta que el episodio antes relatado la quebró emocionalmente para siempre. Murió a los 51 años en la indigencia muy comprometida psiquiátricamente.

Con Elina Colomer fue distinto. No tuvo consecuencias de persecución a la muerte de Juan, siguió siendo una actriz muy popular. Solo cuando vino el golpe de estado no trabajo por un par de años, pero luego de la mano de José Marrone un cómico en ascenso del teatro de revistas y que se convertiría en un icono de la televisión en las décadas del 60 y 70 “reingresa al circuito tímidamente” para terminar convirtiéndose en la madre de la familia más famosa de la televisión argentina: La Familia Falcón (1962-1969) en donde curiosamente otro peronista famoso, muy amigo de Juan junto con Osvaldo Miranda en el grupo de los actores, Pedro Quartucci desempeñaba el rol de padre en la típica familia de clase media argentina.

Vendía jabones para Guereño y seis años después era millonario

 

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Multimedia

juan duarte, hermano de evita y el hombre que concentró el poder / web

Evita Perón / archivo

Fany Navarro / archivo

Elisa Galvé y Elina Colomer, en mar del plata, en enero de 1944 / archivo

elina colomer fue integrante de uno de los mayores éxitos televisivos de los 60, la familia falcon / archivo

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