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Séptimo Día |INFLUENCIAS DE MATHESON, BRADBURY, CORTÁZAR, STEPHEN KING Y UNAMUNO
Cuando el lector se convierte en narrador y en protagonista

“Matilde debe morir”, la novela de Cristian Acevedo que detonó en las redes sociales con más de un millón de reproducciones. Se prepara una nueva edición. El autor que nació en seis ciudades de nuestro país

Cuando el lector se convierte en narrador y en protagonista

La novela ”Matilde debe morir”, de Cristian Acevedo, se hizo viral en las redes sociales / web

Por: MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

11 de Octubre de 2020 | 06:58
Edición impresa

El argentino Cristian Acevedo (40), cuentista y novelista, fue redescubierto hace pocos meses por los “youtubers”. Su novela “Matilde debe morir” (Editorial Barenhaus, 2016) se viralizó en la red social TikTok y obtuvo más de un millón de reproducciones.

El resultado fue tan detonante que la editorial prepara ahora una reedición en soporte papel. La primera tirada, después de haber estado en una meseta, viene vendiendo ahora a razón de 150 libros por semana, algo que no es común. “No encuentro ninguna explicación...Se multiplicó el interés por este libro”, dice Acevedo al iniciarse la entrevista.

Si hubiera que clasificarlo, él mismo considera que su último libro pertenece al género policial y que en cambio, los anteriores -“Canibalísmico”, “Somelier de infiernos” y otros- se ajustaron más a las formas del terror y de la ciencia ficción. Pero en realidad, desde hace años escribe sobre lo que quiere y en la forma en que le sale. “A veces empiezo un libro y no sé adónde va a parar”.

Todo lo de Acevedo es singular, como sacado de contexto. Ahora, con su Matilde, experimentó a fondo la interacción entre el narrador y el lector. Es una propuesta que al lector lo obliga a participar en la trama de la novela. Mientras tanto, en su vida ajena a la literatura, Acevedo trabaja como administrativo en una conocida empresa de agua saborizada, en el Gran Buenos Aires.

Está satisfecho con su tarea: “un laburo tranquilo, con ese empleo mantengo al escritor, no necesito más”. Media hora de micro todos los días “que aprovecho para leer”. Pero de inmediato aclara: “soy un lector caótico”.

Es caótico si se analiza la lista de sus autores predilectos, que son Richard Matheson, Julio Cortázar, Ray Bradbury, Stephen King y Miguel de Unamuno. Asimismo, reconoce que en su literatura influyeron mucho dos series de TV: una muy exitosa en su momento, “Dimensión Desconocida” y otra no tanto, “Cuentos asombrosos”. También admira al director de cine Alfred Hitchcock.

“Se multiplicó el interés por este libro y no encuentro ninguna explicación”

 

Sin embargo, a poco que se pase una capa de removedor, aparece una base literaria diversa y colorida. Allí se insinúa, por ejemplo, la distante maestría de Macedonio Fernández, sobre todo en el manejo de la autoría. “Si usted está pensando en Museo de la Novela de la Eterna, puede ser...Sí, es así”, confiesa. Alude a esa novela experimental de Macedonio, que va precedida por cincuenta prólogos escritos por el autor y que forman parte del libro. Acá es donde también se vislumbra, como lo explicará más adelante, la influencia de Unamuno.

UN CRITICO

Hace pocos días, el 26 de septiembre pasado en el diario La Nación, Daniel Gigena se ocupó del verdadero fenómeno que rodea a “Matilde debe morir” que es una suerte de novela policial porteña, en la que los lectores –cada uno de los que vaya leyendo esa obra- deberá cumplir una suerte de inesperado papel protagónico. A tal punto que cada uno de los lectores se sentirá sospechoso de la muerte de Matilde. Y, a lo mejor, termina procesado y encarcelado.

Dijo Gigena: “C.S. Lewis, Stephen King, Sarah J. Maas, Cassandra Clare, John Green y autores argentinos como Cristian Acevedo son algunos de los nombres de escritores recomendados por los nuevos influencers de lecturas en la red social más joven (y la más cuestionada por el gobierno de Donald Trump). Se trata de los “tiktokers”, que en la red social TikTok comparten sus impresiones de lectura con los que participan de la aplicación de videoselfies. Las editoriales argentinas ya tienen el foco puesto en la red que causa furor entre jóvenes y no tan jóvenes, no solo para promocionar sus novedades sino además para encontrar a nuevos autores”.

Acevedo, acaso contra su propia voluntad, muestra que ninguna novela es un juego

 

Gigena añadió que “en el momento de su lanzamiento, la novela de Acevedo se había vendido muy bien, pero después de un tiempo, como suele ocurrir, se ubicó en una meseta. Desde hace un mes, a raíz de una videorreseña de una tiktoker, empezaron a llegar muchos pedidos de reposición y las ventas se dispararon nuevamente. En la lista de libros más vendidos de las grandes cadenas de librerías, “Matilde debe morir” aparece en los primeros puestos del ranking y está entre los más leídos en el género de ficción”.

Divorciado, residente en Bella Vista, con dos hijos –Facundo (16), Morena (15)- fumador que dejó el cigarrillo hace un año y por ahora, hincha manso, casi distante, de Boca, Acevedo ha sido literalmente indagado a fondo por diarios, revistas y portales para que cuente quién es y qué es su literatura. En esas entrevistas hay un dato singular. Aparece como nacido en, por lo menos, cinco ciudades de nuestro país.

Según sea en esas reseñas se lo da como nacido en Misiones, Tristán Suárez, Ushuaia, ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Chubut...De modo que, también a título experimental y sin preavisarle (que está al tanto de estas cinco posibles locaciones natales) el entrevistador le preguntó a Acevedo en dónde nació. El escritor contesta: “Nací en La Plata...”. Allí entonces, se le hace ver que los datos sobre este punto son cambiantes. El hombre sonríe: “lo felicito, se dio cuenta. Es un juego...”. ¿En qué quedamos? Acevedo, tentado por completo, responde: “Insisto, diga que nací en La Plata...”. Acá también los lectores están invitados a participar de la ficción.

Se puede añadir un dato. Los padres de Acevedo, Oscar y Angélica Alfonso, el primero aficionado a la pintura, la mujer muy lectora, viven desde hace años en Tristán Suárez. Es un indicio.

LA AUTORÍA

Entre sus modelos a seguir, Acevedo mencionó a Unamuno, muerto hace casi noventa años. Ocurre que Unamuno jugó con el tema de la autoría y con las relaciones entre realidad y ficción, aunque también con la de escritor-lector. Unamuno, en su novela “Niebla” anula esas fronteras y todo se diluye o unifica.

El autor da un paso al costado y lo incita al lector, lo invita, a participar. Algo similar a al famoso poema unamuniano “Me destierro a la memoria”, cuya última estrofa dice así: “Aquí os dejo mi alma-libro / hombre mundo verdadero/ Cuando vibres todo entero/ soy yo, lector, que en ti vibro”. Sobre esta relación dice Acevedo: “Cuando leí a Unamuno...me voló la cabeza. Le habla al lector, lo acicatea, lo hace participar. La primer lectura de Unamuno me abrió esa puerta, la de poder estar participando en una relación directa con el lector...”

Su novela “Matilde debe morir”, tiene un inicio que conviene reproducir. Así arranca el Capítulo Uno: “La novela transcurrirá en un bar. Del bar bastará decir, por si llegara a interesarle, que existe y que está ubicado en la esquina de Charcas y Armenia. Sí: es un típico bar de Palermo. Uno de los tantos que se desparraman por la ciudad. En él, apenas usted pase al siguiente capítulo, verá que hay tres personas. Y enseguida llegará una cuarta. En realidad habrá más personas entrando y saliendo, por supuesto: se trata de un bar. Pero, las personas que podrían considerarse el motor de esta historia, aquellas que califican como personajes, serán apenas cuatro”.

El segundo párrafo expresa: “Uno será Valentín. Otro, el bigotudo de la mesa 2. Y el personaje principal será la mujer que muy pronto entrará al bar y se sentará a la mesa que da a la ventana de la calle Charcas. Más atrás, a un lado de la barra, siguiendo el pasillo que da a los baños, habrá otro personaje. Ahí es donde usted se ubicará. Caminará hasta esa mesa y se ubicará en ese personaje. No a un costado, no frente a él, Sino en él. Usted será ese que ahora se mantiene estático, aquel que sostiene un pequeño libro y que ni parpadea. Desde allí, desde aquel insulso hombre, usted atestiguará los sucesos que justificarán –o no- el desarrollo de esta novela. Pero cuidado, usted no será un mero testigo, usted participará de los acontecimientos”.

Además de esta cambiante relación en la autoría y con una trama que crece en intrigas –hay escenas en los baños y pasillos interiores del bar dignas del mejor cine de suspenso- el libro de Acevedo se afianza también como un ejemplo de lo que resultan ser las comunicaciones en la era digital. Jóvenes veinteañeros, “tiktokeros”, catapultaron casi con furor en estos días una obra literaria que, en esencia, respeta los cánones clásicos. La adhesión de los jóvenes no deja de asombrar a Acevedo.

Lo sorprende porque parece ser un hombre tranquilo. Porque la mayor parte de su obra la manuscribe paciente sobre un cuaderno, así no se distrae tanto con la PC que siempre invita a navegar. Un hombre que le gusta mucho escribir, sobre todo cuando no sabe en dónde terminara la historia que va redactando.

Acevedo, acaso contra su propia voluntad, demuestra que ninguna novela es un juego. Esa es una de las conclusiones principales. Y a medida que cada lector vaya avanzando en “Matilde debe morir”, cada uno irá descubriendo que no es un simple espectador en ese mundo, que tendrá que participar en la partida, mover las piezas, arriesgarse, ganar o, al menos, evitar que le hagan jaque mate.

El culpable de que el lector haya caído en esa trampa es un avezado creador de ficciones, que todos los días toma un micro y se convierte en sedentario empleado de una empresa que produce aguas saborizadas en Santos Lugares, allá por el oeste del Conurbano.

 

Matilde debe morir
CRISTIAN ACEVEDO
Editorial: Barenhaus
Páginas: 144
Precio: $715

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Con su Matilde, Acevedo experimentó a fondo la interacción entre el narrador y el lector / web

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