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Las expectativas van y vienen sobre el futuro inmediato

Las expectativas van y vienen sobre el futuro inmediato

Por: Ricardo Rosales
prensa.rosalesr@gmail.com

24 de Febrero de 2020 | 04:15
Edición impresa

Las expectativas otra vez van y vienen en el capítulo económico, al ritmo de las negociaciones externas, algunas declaraciones y las interpretaciones que giran sobre el futuro inmediato del país con la inflación, el valor del dólar, los ingresos salariales, el nivel de las tarifas después de junio o las actualizaciones de las jubilaciones.

La ausencia de una ley de Presupuesto 2020, y de definiciones precisas del Gobierno sobre los gastos y el resultado fiscal abre margen para muchas interpretaciones. Y esa incertidumbre se mantiene, aún tras un acercamiento del Fondo Monetario Internacional y la Argentina que, aleja la opción de un default. Incluso, esas expresiones tienen interpretaciones diversas, además que el propio presidente Alberto Fernández abre otros interrogantes, por ejemplo, desmiente el descongelamiento de las tarifas admitido por su jefe de Gabinete, o deja inconcluso un encuentro con Bolsonaro, su par brasileño, siendo ese país el mayor socio comercial de la Argentina.

Un reciente trabajo del Instituto Argentino de Análisis Fiscal, estima en base a distintos supuestos que, este año el desequilibrio fiscal del Estado será similar al de 2019, considerando el último paquete impositivo con subas, la nueva formula para las jubilaciones y que los subsidios a las tarifas se limitarían en el segundo semestre del año. La proyección de Nadín Argañaraz, no puede considerarse como definitiva, y dependerá de lo que decida la Nación con sus gastos, pero surgen como una expectativa que parecería coincidir con las declaraciones del ministro Martín Guzmán en el Congreso. El IAAF se destaca por lo acertado de sus trabajos. El sendero fiscal que tendría el Gobierno este año llevaría casi de manera inevitable a una postergación de los vencimientos de deuda. ¿Cómo será la propuesta argentina? ¿Qué otros aspectos tendría? ¿Cuánto se pediría postergar el capital y que ocurriría con los intereses?

Son muchas incógnitas. La negociación por la deuda contempla tres partes, como si fuera una ecuación con tres variables desconocidas. Los bonistas, el FMI y la Argentina. Como se señaló, un acercamiento de posiciones con el organismo internacional abre un escenario amigable. En su misión en Buenos Aires, consideró que la deuda pública argentina no es sostenible, por lo que sus acreedores privados deben hacer una contribución apreciable. Esto abrió una primera interpretación sobre una quita importante para los bonistas. ¿Cuán importante: el 20, 30 ó 50 por ciento? Nada se sabe sobre ese porcentaje y tampoco hasta donde habría consenso en los grandes fondos que liderarán las negociaciones para aceptarlo, y a cambio de que.

Del lado argentino, una solución amigable también representa un beneficio más o menos inmediato. En caso de una negociación amigable, el riesgo país podría bajar abruptamente de los 2.000 puntos actuales a cerca de 500 puntos básicos. En términos de costo argentino, las tasas de interés para el país y el sector privado bajarían a valores similares que otros países de la región. El retorno de una corriente de inversiones podría ser posible. El ministro Guzmán, dijo que quiere evitar una reestructuración confrontativa y sostuvo que el país no puede seguir afrontando pagos de deuda insostenibles, ni imponer austeridad fiscal a una economía en recesión. La gira del ministro incluyó el viaje a Riad, Arabia Saudita, para participar de la reunión del G-20, un encuentro con la titular del FMI, Cristalina Georgieva, y con el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Steven Mnuchin.

El rol del Fondo parece presentar un beneficio a la negociación, aunque no es claro que papel exacto desempeñará. Ahora se menciona que la Argentina trabaja en un programa con el organismo y que vuelve la auditoria del Artículo IV. La declaración anterior, pidiendo una quita a los acreedores no es la primera que realiza el FMI. Ocurrió algo similar cuando la titular del organismo era Christine Lagarde en el caso de Ucrania. Aunque hay un aspecto que quizás esté más claro: la Argentina no pediría nuevo financiamiento al organismo internacional, sí la postergación de vencimientos.

De manera que si bien FMI podría dar su respaldo al programa económico del país, aspecto clave para que los acreedores acepten un cambio en las condiciones originales de emisión de deuda, es desconocido que tipo de programa estaría por alumbrar, stand by, de facilidades extendidas, otra formulación, y si habrá alguna asistencia de fondos o nada. Casi todo se mantiene aún en las sombras.

 

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