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Un cirujano platense desarrolló una técnica para salvar a niños con cardiopatías congénitas

Creó un novedoso método que permite el reemplazo de la válvula aórtica, una opción que hasta ahora no era viable a corta edad

Un cirujano platense desarrolló una técnica para salvar a niños con cardiopatías congénitas

El doctor Ignacio lugones / Gentileza Hernán Lattanzio, Neurona BA

Nicolás Maldonado

Por: Nicolás Maldonado
nmaldonado@eldia.com

26 de Febrero de 2020 | 01:53
Edición impresa

Si bien la disfunción de la válvula aórtica no suele plantear un problema mayor cuando afecta a personas adultas, ya que existen desde hace tiempo opciones quirúrgicas para solucionarlo, el panorama al tratarse de niños no resulta tan alentador. Por su rápido crecimiento el uso de prótesis convencionales no es viable, lo que obliga a los médicos a esperar a que sean mayores para poder operarlos, una carrera contrarreloj que muchas veces no termina bien: muchos de ellos no llegan a vivir lo suficiente para beneficiarse con esta opción.

Justamente tras la muerte de un paciente suyo por esta causa, el cirujano cardiovascular pediátrico Ignacio Lugones (42) comenzó hace tres años a buscar un posible sustituto de válvula aórtica que pudiera aplicarse en niños. Producto de esa búsqueda es un novedoso método basado en tecnología de impresión 3D que ha permitido operar ya con éxito a diez niños.

El problema de las valvulopatías aórticas en los niños es que “las alternativas de tratamiento disponibles no son muy efectivas”, cuenta Lugones, que si bien es platense y se formó en la Universidad Nacional de La Plata ha hecho gran parte de su carrera profesional en Buenos Aires, donde actualmente está a cargo del Servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital General de Niños Doctor Pedro de Elizalde.

“A diferencia de los que pasa con los adultos, a los chicos no se les puede reemplazar la válvula aórtica con una prótesis rígida porque, al crecer tan rápido, no sólo obstaculiza el crecimiento del resto de las estructuras sino que obliga a reemplazarla con cierta frecuencia. Es por eso que directamente no se hace. En su lugar, se espera a que los pacientes alcancen la adolescencia para operarlos, pero muchos no llegan por el deterioro que sufre su corazón”, explica el cirujanos, quien también trabaja en IPENSA y el Hospital Español.

Frente a esta limitación, Ignacio Lugones dedicó seis meses junto a su hermano Germán, que es físico, a tratar de entender con exactitud a través de cálculos cómo funciona una válvula normal. Y a partir de ese modelo teórico desarrollaron un diseño tridimensional en una computadora, que primero recrearon con un maqueta casera y luego con tejido animal.

Con el apoyo de la Facultad de Veterinaria de la UNLP e impresoras 3D para crear moldes de alta precisión, los hermanos lograron reconstruir válvulas aórticas de chanchos utilizando para ello fragmentos de su pericardio, la membrana que recubre el corazón.

“Llevamos los resultados de nuestro trabajo a un congreso internacional y despertó el interés de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, donde me invitaron a trabajar. Empecé a viajar e hicimos testeos in vitro: fabricamos la válvula, la pusimos en una máquina que emula a un corazón y funcionó perfecta”, cuenta Lugones, quien tras probar con éxito treinta válvulas similares comenzó a pensar en la posibilidad de dar el próximo paso.

La oportunidad se le presentó en agosto de 2018 con un paciente de 9 años a quien le habían detectado una insuficiencia cardíaca a los pocos días de vida. Y si bien su cuadro había sido contenido durante años había llegado a un punto en que era difícil que pudiera continuar así: “se agitaba mucho, se ponía como morado y transpiraba mucho al dormir”, recuerda su mamá.

“Cuando llegó no podía ni subir un piso por la escalera. Hablamos con la familia, le explicamos el método y construimos la válvula con su propio pericardio. Estuvo un día y medio en terapia intensiva, y a los cinco días se fue a la casa. Tres meses después ya estaba jugando al fútbol”, asegura Lugones, quien realizó aquella primera intervención en el Hospital Elizalde y desde entonces ha realizado con éxito otras nueve más en distintos establecimientos públicos y privados.

“La válvula se construye con el propio tejido del paciente, lo que imprimimos en 3D son moldes con marcadores para la colocación de las suturas y la triple corona donde va colocada. Es una herramienta vital”, dice Lugones, quien hoy aspira a que su desarrollo llegue a ser aplicado a nivel mundial.

Para ello, asegura, “lo que se necesita ahora es inversión, ya que de otro modo siempre va a depender de lo que pueda hacer yo. Por eso la idea es crear moldes y dispositivos para que esto se extienda a los demás países. Nuestro sueño es que ningún chico se muera por una valvulopatía aórtica nunca más”.

 

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