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La crisis del virus y la de 2008, con escenarios diferentes

La crisis del virus y la de 2008, con escenarios diferentes

Por: Ricardo Rosales
prensa.rosalesr@gmail.com

23 de Marzo de 2020 | 02:58
Edición impresa

Hacia 2008 un crac financiero de varios bancos norteamericanos por préstamos inmobiliarios desembocó en una debacle de Wall Street, que se extendió al resto del mundo, ocurriendo la mayor crisis en décadas de la economía mundial. Aún subsisten consecuencias de esa recesión global en la que EE UU, Europa, Japón e incluso China coordinaron acciones para contener la caída y evitar el desorden, costos y los sufrimientos del crac de 1930. Hoy, la debacle es por la expansión de una pandemia, ocasionada por un virus que la única forma de combatirlo es mediante el aislamiento de la población y la supresión de la mayoría de las actividades productivas.

China parece estar superando la epidemia, pero se expande sin contención en Europa y los EE UU, en tanto que América latina y África empiezan a recibir los primeros impactos que se anticipan desbastadores. La Argentina no está exenta a esa realidad. Las últimas decisiones en el terreno sanitario del Presidente Alberto F. sugieren que son las acertadas para atemperar la pandemia y cuentan con amplio apoyo de todo el arco político. Las económicas, por el contrario, han quedado atrasadas a una realidad anterior y seguramente deberán ser revisadas.

El escenario mundial y el local son muy diferentes a la crisis del 2008. Como se señalo, en esa crisis hubo colaboración y coordinación de acciones de los bancos centrales de las mayores economías. Hoy prevalece una escena de conflictos comerciales, desconfianzas y enfoques nacionalistas que impiden cualquier tipo de acción colectiva del G-20 o las principales potencias como hace 12 años atrás. China y EE UU vienen de una dura disputa comercial que se suma a las recientes declaraciones de sus presidentes. Donald Trump habla del “virus chino” y echa leña al fuego de las conspiraciones sobre una pandemia originada en ese país asiático, mientras que China responsabiliza ahora a soldados norteamericanos que estuvieron en la provincia de Huan, previo al inicio de la epidemia. Trump está en campaña, con elecciones a fines de este año. Xi Jinping se lanzó a asesorar y ayudar a Europa y Latinoamérica para superar la pandemia y ampliar la influencia mundial. China es hoy la segunda economía del mundo.

Pero la diáspora de las potencia no termina allí. Los ingleses buscaron otra salida, como en el caso del Brexit, y tratan de eludir los costos económicos de la pandemia, aunque a último momento su primer ministro, Boris Johnson debió dar marcha atrás. Y la coordinación sanitaria de los países europeos deja enormes lagunas, con cierre de fronteras, acciones aisladas y hasta contradictorias pese a existir un gobierno comunitario. Adicional a los chispazos entre la Unión Europea y Trump. En la economía las diferencias son aún más elocuentes. Y a esto se sumó el conflicto de Arabia Saudita con el premier ruso Vladimir Putin que desembocó en la mayor caída del precio del crudo, aumentando la incertidumbre sobre la actividad económica global. Y las rutas comerciales, vitales para eludir una recesión mundial, se encuentran interrumpidas o fuertemente dañadas. China, luego de meses volvió a reabrir su frontera y comercio, pero Europa las tiene virtualmente cerradas y EE UU a medias, con un futuro inmediato de incertidumbre. Evitar que la recesión se profundice exigiría una colaboración del G-20, además de China. Esta semana está prevista una reunión por la marcha económica, pero no parece sencillo que surjan iniciativas comunes.

La Argentina, a su vez, también enfrenta una situación en las antípodas del 2008. En esos años las reservas en el Banco Central superaban los 35 mil millones de dólares y el Tesoro era superavitario, adicional a haber acumulado varios años de recuperación económica luego de la crisis del 2001.

La administración de Alberto F. se encuentra con exiguas reservas internacionales, una economía que viene en caída y sin crecer desde hace 8 años, y con un sector privado golpeado por la carga impositiva, la caída de la demanda y una enorme incertidumbre sobre el futuro. Y a esto se suma el problema de la deuda y el temor a un default. En este contexto, la Argentina está otra vez a la intemperie y con herramientas de política económica muy precarias. Las adoptadas en los primeros 100 días de gobierno y en particular las de diciembre pasado, no tienen nada que ver con el escenario actual. En primer lugar, y siguiendo el ejemplo adoptado por otros países, surge imprescindible dar algún alivio impositivo al sector privado para contener los despidos, cierres de empresas, etc. La caída de recaudación ocurrirá de cualquier forma y podría ser dramática si no se establecen reglas claras y postergación de las obligaciones. Igual con respecto a la suba de retenciones, y otros sectores exportadores, precisamente en una coyuntura que se requiere alentar las ventas al exterior.

Existen también recomendaciones para modificar el sistema cambiario que, a pesar de estar fuertemente controlado, continúa afectando las reservas y la recaudación del impuesto al turismo es prácticamente nula. La división del mercado, con un mercado financiero para el dólar, reaparece otra vez como opción, ya que evitaría la existencia de innumerables dólares y fuga de reservas. Igual sucede con la actualización del dólar oficial y la intención de que haga de ancla de la inflación. Tras el golpe mundial del virus y la devaluación de otras monedas regionales, como el real de Brasil, sería lógico una actualización en lugar de reprimir para que luego estalle una cotización sin control que se extienda a la inflación. Una acción en esa dirección también debiera cambiar el impuesto al turismo a una tasa moderada, y que sea efectiva en la recaudación. Y en el tema del gasto, seguramente existen enormes partidas improductivas que el gobierno pudiera reasignar para cubrir las necesidades del programa sanitario, e incluso asistir a los sectores más afectados, que quedan sin trabajo y sin ingresos.

Con respecto a la deuda, las chances de una negociación exitosa en corto plazo se han diluido totalmente, al igual que una supuesta intención de los tenedores de bonos de arreglar por debajo de sus expectativas algunas semanas atrás. Un default del país en el actual contexto mundial, podría ser dramático: con escasas reservas, y cerrado los mercados de capitales, incluso el de las agencias internacionales, habría recursos para algunas pocas semanas de importaciones. La estrategia original del ministro Martín Guzmán, seguramente también requeriría cambios importantes.

 

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