¿Qué hacer con esta rareza que significa estar aislados?

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Por MARIELA SÁNCHEZ (*)

Es muy precipitado situar efectos generales respecto del aislamiento provocado por la pandemia de la que todos tienen conocimiento, en mayor o menor medida. Venimos conversando con colegas, venimos pensando con otros sobre los mismos, y hasta el momento, de manera preliminar podemos estimar que hay al menos, efectos en dos direcciones. Primero lo que está a la vista de todos, es como un contenido manifiesto de la situación: lo que perdemos con el aislamiento, lo que dejamos de hacer, lo que nos vemos impedidos. Quizá es de lo primero que hablamos... Lo del coronavirus no nos deja seguir del mismo modo. Y eso lleva a una cierta detención, se escucha eso de parar, de graduar, de detenerse. Pues bien, no queda otra.

Hay momentos de sustos, de temores, de invasiones, de impotencias y una repetición, insistente: ¡qué raro es esto! Con ello las desregulaciones simbólicas, desde los horarios de comidas, horarios del dormir con días de insomnios y de desvelos. Pero también se escucha otra cosa: la otra dirección, un qué hacer con esa rareza. Se habla de creación, de invención en estas coordenadas nuevas de tiempo y espacio. Es notable esa vuelta a las recetas caseras, por ejemplo, las comunicaciones con las madres y abuelas: desde los panqueques, el pan, las tortas fritas, los buñuelos y miles y diversas recetas de nuestros legados más próximos. A la vez, la oportunidad de poder tomar nota de nuevo de aquello que sabemos hacer pero que de algún modo hemos olvidado.

También hay las personas que se animan a hacer eso que siempre dejaron pendiente o que empiezan a darse cuenta de lo pendiente en sus vidas, de lo postergado. También está el incansable, que desea descansar, y no sabe bien cómo se hace eso. Y ese “para todos” que se dice por ahí: que hay que ‘armarse hábitos’ a muchos no les funciona porque todos sus actos fallidos van en otra dirección. También hay que hablar de los efectos pacificantes en muchas personas, de encuentro con sus cosas, de cierto retorno a lo propio. Se me ocurre algo así como el contenido latente del aislamiento, lo que realmente implica, no perder de vista lo que significa para cada uno, caso por caso, este antes y este después incierto.

Digamos que hay una interrupción de la vida cotidiana, comparto la idea de Jorge Alemán (psicoanalista y escritor) que nos hace llegar desde Madrid respecto de que en el aislamiento uno es arrojado a sí mismo y tiene que volver sobre sí, y allí pueden surgir muchos planteos sobre lo que es la propia existencia, y eso no abarca solamente la relación con uno mismo sino la relación con los otros, con los proyectos, la relación con el deseo y con los deseos en general; en ese punto, como no podemos garantizar nada, vamos a tener que esperar las sorpresas y los efectos inquietantes a raíz del aislamiento.

Sin embargo, hay una interesante apuesta de hacer con los otros, al menos aquí en nuestro país, de ser parte con lo que a cada cual le toca, entonces no solo está o cobra relevancia lo que demando o espero del Otro (en este momento esencial el papel del Estado y su intervención en materia de política sanitaria) sino también empieza a jugar su papel, lo que puedo hacer, lo que cada cual puede hacer con los otros para cuidarse y cuidarlo.

Eso me parece, al menos hoy, de un efecto sorprendente, y hasta diría, una luz en el camino.

Y estas pequeñas líneas punteadas, como acostumbramos a decir, piezas sueltas, pequeños trazos, son parte de mi nuevo hacer, escribir algunas ideas.

 

(*) Psicoanalista. Docente de la UNLP: Proyecto “Palabras que abren puertas”

 

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