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La madre patria: los Borbones, una familia disfuncional

Intimidades, anécdotas e historias de la corona española, de la que fuimos colonia hasta principios del Siglo XIX

La madre patria: los Borbones, una familia disfuncional

La familia de Carlos IV, pintado por Francisco Goya

Por: VIRGINIA BLONDEAU
vivirbien@eldia.com

17 de Mayo de 2020 | 08:03
Edición impresa

Recordarán los lectores (los más jóvenes aún con fastidio y los mayores con nostalgia) que era por estos días cuando en clase nos hacían la misma pregunta cuya respuesta, a esas edades, poco nos importaba: “Alumnos ¿pueden ustedes decir las causas y consecuencias de la Revolución de Mayo?” Y, si habíamos estudiado, lanzábamos un párrafo relacionado con las Invasiones Inglesas, la Revolución Francesa y con unos borbones que eran reyes de España pero que, en realidad, no lo eran. E iniciábamos así un período en que se repasaba cada uno de los actos que habían tenido lugar en esa gesta patriótica conocida como la Semana de Mayo. Era un grupo de criollos, primera o segunda generación de españoles nacidos en el Río de la Plata, que estaba un poco harto de depender administrativamente de una Madre Patria indiferente, de ser gobernados por virreyes incompetentes y corruptos y de tener que rendir pleitesía a un monarca lejano que había sido depuesto por un tal Bonaparte. De modo que, como ya sabemos, se desplazó al virrey Cisneros y se formó una Junta de Gobierno con hombres valientes y visionarios que sentaron las bases para la posterior independencia definitiva.

Haremos desde estas páginas y en dos entregas un homenaje a mayo, nuestro mes patrio y conoceremos a aquellos personajes por los que nuestros libros de historia llamaban “realistas” a esos enemigos que dependían de un rey.

Pero… ¿quién era ese rey lejano contra el que luchábamos? Y lo que más nos importa ¿cómo era ese rey?

“Además de feo (lo llamaban Narizota), con una expresión torva y fofa, Fernando VII era un malo absoluto tan perfecto como si lo hubieran hecho en un laboratorio”. Así lo define el escritor Arturo Pérez Reverte. (Lo que en términos actuales se perfila como un verdadero virus). Y, como con miedo a quedarse corto, agrega: “Porque además de mal encarado, nuestro Fernando VII era cobarde, vil, cínico, hipócrita, rijoso, bajuno, abyecto, desleal, embustero, rencoroso y vengativo”. Evidentemente a don Arturo no le cae bien este rey que, aunque parezca mentira, al inicio de su reinado fue conocido como “El Deseado”.

Y es que su padre, el que reinó como Carlos IV no era mucho mejor. Así que cuando en 1808 abdicó a favor de Fernando, el pueblo español celebró a su nuevo y joven rey. Pero la historia recién comenzaba.

Manuel Godoy contentaba en el lecho tanto a la reina como al rey de España

 

A favor de Fernando, nacido en 1784, diremos que creció en una familia que por no llamarla rara, la llamaremos disfuncional. Fue el séptimo hijo de la reina María Luisa, una mujer que tuvo a lo largo de su vida fértil 24 embarazos, que dio a luz a 14 hijos y que de ellos, solo vio crecer a siete ya que los otros se malograron en su infancia. María Luisa, como ven, era una mujer muy fértil pero no sabemos si su marido, el rey Carlos IV, lo era tanto. Porque hay que tener en cuenta que el hombre contó con la invalorable ayuda de algunos mozalbetes de la corte y, en especial, de Manuel Godoy que contentaba en el lecho tanto a la reina como al rey. Godoy se mantuvo primero en las sombras pero luego alcanzó notoriedad y llegó a ser el hombre más poderoso del reino. El ménage à trois fue el más estable de la historia y se prolongó hasta la muerte de los reyes. “¡Somos la Trinidad sobre la tierra!” se ufanaba la propia María Luisa ante la humillación del rey, a quien su propio morbo y su carácter displicente le impedían modificar la situación.

La de Carlos IV fue una corte abúlica pero sin preocupaciones: las innumerables colonias aún rendían sus frutos y les permitían sostener los caprichos propios, de sus hijos y de su corte. El pueblo, bien gracias, pasaba hambre.

Carlos era tan indiferente y se creía tan inmune que ni siquiera prestó atención a la Revolución Francesa de 1789 ni al asesinato de su primo Luis XVII y recién vio una amenaza de sus vecinos cuando, ya a principios del siglo XIX empezó a vislumbrarse el poderío de Napoleón Bonaparte.

Es justo rescatar de la total mala prensa a las figuras de Carlos y María Luisa ya que fueron mecenas de grandes artistas y a ellos les debemos muchas de las obras de Francisco Goya como por ejemplo “La familia de Carlos IV”. Es una pintura con dos particularidades: por un lado, el propio Goya se ha incluido en el cuadro y por otro, no se ha disimulado la fealdad de los personajes retratados. Solemnes y acicalados están, pero con sus rostros poco agraciados.

En este entorno creció Fernando VII y a esta altura está de más decir que aborrecía a Godoy, que había llegado a ser todopoderoso, y que tampoco tenía en gran estima a sus padres. Y lo peor es que la animadversión era recíproca. Desde que tuvo uso de razón Fernando fantaseó con la idea de sublevarse y coronarse rey.

En 1802 lo casaron con su prima, la princesa María Antonia de Nápoles quien al llegar a España y conocerlo, quedó espantada de lo feo que era el novio. Para colmo ambos tenían 18 años y cero experiencia en el amor. A tal punto que tardaron meses en consumar el matrimonio. “El marido no es todavía marido y no parece tener ni deseo ni capacidad de serlo. Fernando es enteramente memo” escribía la madre de la muchacha a su confesor. No ayudaba el hecho de que Fernando, entre otras deformidades, tuviera los órganos genitales inusualmente grandes. De todas formas, parece que finalmente se entendieron y no solo en la cama. La pareja empezó a crear una especie de corte paralela para oponerse a la corte verdadera que ya a esa altura era la famosa Trinidad de los reyes y Godoy. Nuera y suegra se odiaban y “serpiente venenosa” era lo más dulce que decía una de la otra.

Pero la revolución no llegó a mayores porque en 1806 María Antonia falleció sin haber tenido hijos y porque Napoleón Bonaparte, con la excusa de ir a Portugal, pidió permiso para que sus tropas pasaran por España y resulta que allí se quedaron. Pero ni Carlos ni Fernando lo vieron como una amenaza sino que tomaron una actitud totalmente genuflexa, al punto que Carlos llegó a proponerle que se divorciara de la emperatriz Josefina y se casara con su hija. Él declinó el ofrecimiento y, según cuenta José María Solé en su libro “Los pícaros Borbones”, dijo que jamás se le ocurriría emparentar con elementos tan impresentables y corruptos como los de la familia real española.

En las guerras para defender a España, peleó el joven militar José de San Martín

 

En eso andaban los Borbones cuando en estas tierras se producían las Invasiones Inglesas. O sea que, mientras que en el Río de la Plata defendíamos a sus colonias, ellos se dejaban avasallar por el poder francés que los humillaba.

A su vez, Carlos y Fernando seguían peleando entre ellos por un reino que cada vez valía menos. Una noche, ya en 1808, los partidarios del padre lograron encarcelar al hijo, y pocas noches después, los partidarios del hijo, lograron hacer abdicar al padre. Incluso en una misma noche Carlos abdicó y a la hora se desdijo, ante una corte estupefacta.

El dicho “A río revuelto, ganancia de pescadores” lo debe haber inventado Napoleón para la ocasión. El muy vivo invitó a los reyes Carlos y María Luisa a Bayona. En realidad los tomó prisioneros pero ellos estaban en horas tan bajas, tan cansados y tenían tanto miedo de que su propio hijo los matara que fueron felices a la jaula de oro que el emperador francés les ofrecía.

Y así fue como, mientras sus padres preparaban la huida, Fernando VII se coronó rey el 19 de marzo de 1808 con gran júbilo de su inocente pueblo que vitoreaba al Deseado.

A los pocos días, el envalentonado rey también fue invitado a Bayona y, para su sorpresa, en cuanto llegó Napoleón le pidió que abdicara. Fernando, con la poca dignidad que le quedaba, dijo que no. Pero… cuando llegaron sus padres, con toda la familia y Godoy a cuestas, el gran corso les dijo que lo que en realidad él quería era la corona de España y que a cambio les daba castillos y un estipendio mensual. Ahí Fernando aceptó abdicar y, por las dudas, también abdicó nuevamente su padre. Para que quedara claro que le regalaban España a Napoleón. Fernando, que seguía enemistado con su padre, hasta le rogó a Bonaparte que lo adoptara como hijo…

Todo sería un gracioso paso de comedia si no fuera que cuando llegó a España la noticia de que ya no eran libres ni independientes, se produjo una defensa armada que pasó a la historia como el “Levantamiento del 2 de mayo de 1808” en que pueblo y ejército español fueron brutalmente reprimidos por las tropas francesas. La sanguinaria revuelta fue magistralmente retratada en una serie pictórica de Goya, con un estilo mucho más oscuro que los retratos de la corte que le habíamos conocido. Miles de españoles perdieron la vida en las luchas por la independencia y mientras, una vez más, los Borbones estaban en otro sitio tratando de sacar provecho en pos de su comodidad. Hay que decir que en esas guerras también peleó para defender la independencia de España, el joven militar José de San Martín quien años después se convertiría en el Libertador de América.

Napoleón ni siquiera se molestó en ir a España. Nombró rey a su hermano mayor que pasó a la historia como José I. O mejor aún, como Pepe Botella, por su supuesto amor a la bebida. José I fue, en verdad, el rey al que en 1810 dejamos de reconocer como tal.

En la segunda entrega conoceremos los tristes destinos de estos personajes y, también, sus desatinos. Mientras, celebremos el próximo 25 de mayo aventura de esos hombres que tomaron la valiente decisión de luchar unidos para iniciar el camino de la libertad.

 

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