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Séptimo Día |PARA VENCER A LA PESTE, LOS LIBROS
Los escritores más leídos en tiempos de coronavirus

Es la época del delivery de libros en La Plata. En algunos casos, con más ventas que con el local abierto. También creció de manera exponencial la lectura a través de los medios digitales

Los escritores más leídos en tiempos de coronavirus

Por: MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

23 de Agosto de 2020 | 06:25
Edición impresa

Corre en nuestra ciudad la época del delivery de libros. El librero recibe pedidos por teléfono durante la cuarentena, se sube al auto, a la moto o a su bicicleta y el producto es llevado a su lugar de consumo. Tiempos modernos, servicio puerta a puerta. Los libreros de La Plata, sobre todo aquellos que tienen sus comercios en los barrios, están viviendo su primavera de Praga. “No es para volverse millonarios, pero me va bien, mejor que antes. Estoy haciendo tantos entregas a domicilio que, si juntara estas millas de recorrido, podría pagarme un viaje a Japón”, sintetizó uno de ellos.

Otro librero de la Zona Norte se muestra entusiasmado. “Uno le pone garra también. El otro día me llamó un lector de Berisso y me pidió un libro que vale 500 pesos...Me subí al auto y se lo llevé. He recorrido media ciudad en estos seis meses para llevar libro. Esto funciona bien”.

A poco que se rompa el hielo, la sinceridad aparece. “No le puedo mentir. No sé qué habrá pasado con las grandes librerías, pero yo en febrero pasado pensé que con la mía, de cuarenta metros cuadrados, me iba a la B...y sin embargo nunca bajé de media tabla...es más, estoy a punto de clasificarme para alguna copa...”, dijo así otro librero, para completar la metáfora futbolística.

Entre las obras más vendidas están las de Saccheri, Piñero, Romero y Allende

 

¿Cuál es el persistente misterio que explica la vigencia del libro? En estos meses no sólo compite contra la cuarentena, sino que, a partir del coronavirus en marzo pasado, también se vendieron en la Argentina muchos más libros electrónicos.

Sobre este punto, Verónica Abdala, en una nota publicada en Clarín, detalló que “la plataforma de lectura Bajalibros, que ofrece la descarga de ejemplares en formato digital, registró un aumento del 400 por ciento de las ventas durante la cuarentena (y un tráfico de 600 mil usuarios), mientras que editoriales comerciales como Random House aseguran haber incrementado sus ventas en un 50 por ciento en ese formato (Planeta prefiere no arriesgar cifras, aunque también confirma un incremento importante)”.

Entre las obras de ficción más vendidas –así se hable del libro físico o del digital- se encuentran las de Eduardo Saccheri (“Lo mucho que te amé”), Claudia Piñeiro (“Catedrales”), Viviana Rivero (“El alma de las flores”), Isabel Allende (“Largo pétalo de mar”), Almudena Grandes (”La madre de Frankestein”), Alejandro Roemmers (“Vivir se escribe en presente”), Mariana Enriquez (“Nuestra parte de noche”) y Sidi (“Arturo Pérez Reverte”).

Entre los de no ficción se menciona a obras de María O’Donnel (”Aramburu”), Daniel Balmaceda (”Belgrano, el gran patriota argentino”) y Gabriel Rolón (”El precio de la pasión”), entre otros. En realidad el libro físico y el digital no compiten, sino que el primero le va pasando el testimonio al segundo.

LA PARTE DEL LECTOR

¿Cuál es –como se preguntó antes- el persistente misterio que explica la vigencia del libro? En un artículo titulado “La parte del lector”, el escritor español Luis Goytisolo escribió lo que parece ser una clave: “Decir que el lector completa con su lectura el significado de la obra es decir poco. Antes que eso, el lector hace que la obra exista. A diferencia de un cuadro, que tiene una existencia objetiva a partir del momento en que está terminado, una novela no leída es como una partitura no interpretada, con independencia de que su autor sea un desconocido o un Cervantes”. En el libro físico, el lector palpa la obra.

Siguió diciendo Goytisolo: “Y no bien la obra arraiga en el público lector, es también la lectura lo que la mantiene viva. No se trata, por supuesto, de un favor que el lector esté haciendo al autor o a la obra, sino más bien de un trueque, de una especie de intercambio de energía, toda vez que, iniciada la lectura, el lector necesita imperiosamente acabarla. En ocasiones experimenta esa necesidad incluso antes de empezar a leer la obra, en razón de lo que le han contado o de lo que ha leído acerca de ella”.

“Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo lo hago por lo que he leído”, Borges

 

Cuenta después que en un pueblo de España un librero estaba confundido, casi perturbado, porque el ejemplar que más se había vendido en su librería se llamaba “El libro blanco”. Era un libro que, efectivamente, tenía todas sus páginas en blanco. Se trata en ese caso, dice, de la atracción que ejerce la extravagancia: “Lo cierto es que en un mundo donde el concepto de entretenimiento se antepone al de cultura, todo facilita que “El libro blanco” sea el ideal de libro. Pues si a los adultos se les trata como a niños a los que hay que tener entretenidos con lo que sea, el plan previsto para los niños es mucho más sistemático”.

De todos modos, el agua verdadera sigue corriendo subterránea. Puede haber, dice, best sellers, de gran éxito de público, y pueden estar muy bien escritos. Pero más temprano que tarde dejarán de ser leídos y caerán en el olvido, ya que para el best sellers rige la ley del entretenimiento y ya vendrá otro “libro blanco” que se encargará de sustituir al anterior. El agua que sigue corriendo en las napas más puras son las obras de calidad literaria, concluye Goytisolo.

Unos cuarenta años antes, como para darle una profética razón a Goytisolo, había dicho Borges: “Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído”.

El libro, el libro intemporal, jamás terminado, el libro que dialoga entre el autor y el lector. También Miguel de Unamuno le había dedicado, a un libro suyo y a los lectores, estos versos: “Y os llevo conmigo, hermanos,/para poblar mi desierto./ Cuando me creáis más muerto/ retemblaré en vuestras manos./ Aquí os dejo mi alma-libro,/ hombre-mundo verdadero./ Cuando vibres todo entero,/soy yo, lector, que en ti vibro”.

Empezó jeroglífico esculpido en piedra, fue placa de arcilla en el siglo IV a de C., siguió tabla de madera o papiro que usaron los sumerios y egipcios en las inundadas riberas del Nilo, fue pergamino donde se grabaron las luchas entre Alejandría y la ciudad de Pérgamo por ver quién tenía la mejor biblioteca, fue papel y con la llegada de la imprenta tocó su techo, va siendo ahora ordenador, ebook o tableta en esta chispeante actualidad electrónica. Fue y sigue siendo libro, obra independiente, puente hacia la cultura.

LAS VENTAJAS

Aunque parezca cada vez más difícil encontrar tiempo para la lectura, el lector lo encuentra. Y mucho más ahora, con el confinamiento semestral que lleva encima.

Se dice que la escritura y la lectura son, acaso, los fenómenos más gravitantes en la evolución de la humanidad. Entre otros motivos, porque con ellas terminó la prehistoria y empezó la historia. Es decir, tuvo inicio la opción de elegir, el vivir ético. Como si hubiera cambiado de lugar el centro de gravedad.

La llamada “parte del lector” –su aparición para redondear la obra- tiene para quien lee diversas contraprestaciones. En el patio de tierra de una casa antigua, en el balcón de un departamento, en el asiento de un ómnibus, en la cama, en cualquier lugar en donde una persona abre un libro, lo primero que consigue –lo primero que defiende- es su lugar de libertad. Quien se sentía esclavo o cautivo, abre un libro y empieza a sentirse dueño de su libertad.

La apasionada periodista española, Yaiza Saiz, escribió en La Vanguardia sobre los beneficios “médicos” de la lectura y empezó: “leer favorece la concentración y la empatía, alimenta la imaginación, modifica para bien el cerebro, nos hace progresar...¡larga vida a los libros!”

Se dice que la lectura y la escritura son los fenómemos más gravitantes en la evolución humana

 

Y le pasa la posta al lector: “En este preciso instante, mientras usted lee este texto, el hemisferio izquierdo de su cerebro está trabajando a alta velocidad para activar diferentes áreas. Sus ojos recorren el texto buscando reconocer la forma de cada letra, y su corteza inferotemporal, área del cerebro especializada en detectar palabras escritas, se activa, transmitiendo la información hacia otras regiones cerebrales. Su cerebro repetirá constantemente este complejo proceso mientras usted siga leyendo el texto”.

La lectura hizo que la humanidad naciera en la historia. El centro de gravedad cambió de lugar, porque a partir de esa mutación el hombre debió elegir entre ser una persona ética o, por el contrario, elegir la falta de escrúpulos. Desde tiempos pretéritos, cada libro coloca a cada lector en la encrucijada: ser mejor o ser peor. O, acaso, cada persona que se convierte en lector es porque eligió ya mejorarse.

¿Cuál es el persistente misterio que explica la vigencia del libro? En estos días de tanta cerrazón, con la realidad acosada por un virus invisible que no se sabe de dónde vino y cuándo se irá y que, también, logró cambiar el centro de gravedad. Antes todo estaba permitido, menos aquello que estaba prohibido. Ahora es al revés: todo está prohibido, menos lo que se encuentra permitido.

¿Cómo salir del dilema que plantea la pandemia? Por el camino moral. Esa fue la conclusión de Albert Camus en “La Peste”. Es posible que en estos mismos días haya gente sin escrúpulos, dispuesta a despojar a la humanidad de sus virtudes y valores. Para resistir a ello, los libros abrieron sus puertas y es cada vez más la gente que entra en ellos. Nada mejor que la libertad, alumbrada por las grandes obras literarias. Los libros, para combatir a la peste.

 

Catedrales
CLAUDIA PIÑEIRO
Editorial: Alfaguara
Páginas: 336
Precio: $ 899
Lo mucho que te amé
EDUARDO SACHERI
Editorial: Alfaguara
Páginas: 384
Precio: $899
El alma de las flores
VIVIANA RIVERO
Editorial: Planeta
Páginas: 784
Precio: $1.270

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