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Tomarse un descanso real no está bien visto en la cultura capitalista, donde hay que ser productivo todo el tiempo. Sin embargo, tomarse un recreo oxigena cuerpo y mente, dejando más espacio para las nuevas ideas y la felicidad
En un mundo donde la vorágine muchas veces no nos permite bajar un cambio, desde los Países Bajos llega un concepto para enfrentar los problemas y mejorar la calidad de vida. Se trata del “arte del Niksen”, que consiste en disfrutar de las pequeñas pausas de la vida, una filosofía de vida fácil de introducir en el día a día y esencial para cuidarnos de nosotros mismos. Ir más despacio y vivir bien, algo que puede ayudarnos mucho en la situación de pandemia en la que nos encontramos.
Con sus apenas 41.500 kilómetros cuadrados, Países Bajos es uno de los estados más pequeños de Europa. Y continuamente aparece como uno de los más felices del mundo. ¿Qué es lo que sus ciudadanos están haciendo bien y qué podemos aprender de ellos? Sencillamente, practicar el método Niksen.
La idea es romper el mito de que se está demasiado ocupado y que no hacer nada es una locura. De deben encontrar nuevas formas de relajarte, ir más despacio y combatir el estrés.
En ese juego entra el trabajo de poner límites y reajustar las prioridades. Encontrar el equilibrio entre el trabajo y la vida personal es clave.
Los beneficios de “no hacer nada” se ven en el impulso de la creatividad, el estado de ánimo e incluso en la productividad. Además, mejora los vínculos y las relaciones de amistad.
A muchos los abruma sólo pensar que tomándose una hora de no hacer nada pueden perder la optimización de su rutina organizada, donde cada actividad se une a la siguiente sin medio minuto de diferencia.
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¿Por qué no imaginar un mundo en el que dejásemos de intentar “ganar tiempo” y, en lugar de ello, dedicásemos el tiempo a aquello que verdaderamente lo merece? En resumen, rechazar la idea de querer hacerlo todo para, de vez en cuando, no hacer nada. Eso es el niksen.
Hay que discriminar lo que realmente importa de aquello que, en realidad, no es tan relevante.
Muchos entienden que el niksen es una corriente más dentro del mindfulness. Pero no es exactamente así.
Dominar el mindfulness requiere trabajo duro y perseverancia. El niksen, sin embargo, es muchísimo menos complicado.
Esta disciplina no obliga a doblar las extremidades entumecidas hasta lograr una perfecta postura del loto o a entrenar la mente hasta que ésta deje de divagar. De hecho, el niksen no obliga a nada salvo a permitirse a uno mismo un momento durante el cual no hacer nada, sin ningún objetivo o propósito específico.
Y es aquí donde la cosa se pone interesante. El niksen admite cualquier pasatiempo reconstituyente que ayude a apartar del pensamiento las preocupaciones del día a día, no requiere de nada en especial ni ocupa espacio mental, y no tiene que ver con generar beneficios económicos, ponerse en forma o medrar socialmente.
No es holgazanería ni transformarse en un ser antisocial. Ya sea en lo relativo a la mejora de la creatividad y la autoestima, o a la conciencia de uno mismo y la reducción de la ansiedad, no hacer nada posee las mismas cualidades beneficiosas que el mindfulness, salvo que se obtienen con mucho menos esfuerzo. Habituarse a tomar un momento para descansar, aumentan las probabilidades de convertirse en personas más felices, padres más relajados, trabajadores más eficientes y mejores amigos.
No hacer nada o dormir una pequeña siesta pueden ser un buen remedio contra el estrés.
Muchas investigaciones ya apuntan en sus resultados a mejoras en la productividad, la creatividad, la salud y la felicidad derivadas de no hacer nada.
Y es que estar descansado aumenta la energía, y no se puede ser productivo si uno se siente mentalmente vacío o agotado. Al tomar pequeños descansos para no hacer nada, se pueden recargar el cuerpo y la mente.
Los breves paréntesis evitan quedarse sin energía o concentración, reduciendo el riesgo de agotamiento y de sufrir otros problemas de salud.
Con más energía se puede dedicar más tiempo y energía a la vida hogareña.
“No hacer nada” impulsa la creatividad, el estado de ánimo e incluso la productividad
Al estar siempre ocupados, se pierde la capacidad de parar y sentarse a reflexionar o a estar a solas con nuestros pensamientos. Investigaciones del instituto Donders, en los Países Bajos, sugieren que esa ocupación constante altera el cerebro hasta el punto de disminuir la capacidad de razonamiento, la atención y la memoria. Un cerebro sano necesita descanso con el que reparar todo el daño sufrido.
Además, al desarrollar la capacidad de concentración, las tareas se realizan de forma más eficiente.
Hay que discriminar lo que realmente importa de aquello que, en realidad, no es tan relevante
Cuando se aparta la mente de las rutinas diarias se pueden examinar los problemas y las dudas con mejor perspectiva y mayor claridad. Al mismo tiempo, se adquieren más recursos y aumenta la capacidad de dar con soluciones e ideas creativas.
Un estudio publicado en 2012 por la revista Consciousness and Cognition concluyó que cuando se permite que la mente divague, se piensa en el futuro y en objetivos a largo plazo catorce veces más a menudo que cuando uno se obliga a centrarse.
Si se quiere empezar a practicar el niksen sólo hay que seguir su manifiesto de cinco pasos:
1. Hacer del “no hacer nada” una prioridad, ya que eso dará más productiva, más creatividad y, sobre todo, salud y felicidad.
2. Permitirse no hacer nada, incluso aunque eso signifique no ser productivo o parecer antisocial. Ignorar a cualquiera -ya sea un amigo, un compañero de trabajo o al crítico interior- que diga que no hacer nada es sinónimo de pereza, inutilidad o egoísmo.
3. Sacar algo de tiempo cada día para no hacer nada, poniendo límites saludables que abran ventanas de tiempo y oportunidad tanto en la agenda como en la mente, así como a través de una mejor gestión de las horas.
4. Hacer de esos momentos de nada en absoluto una parte integral de la vida, tanto profesional como privada, recibiendo de buen grado el potencial de cambio del niksen.
5. Hacer del “no hacer nada” un hábito para toda la vida, dedicando el tiempo a la relajación activa y pasiva y a las actividades sin objetivo, lo que permitirá que la mente se suelte y divague.
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