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Tristeza generalizada: cómo superar el mal clima social que vivimos

La pandemia no sólo nos afecta la salud física. Sus consecuencias repercuten en la economía, educación, la vida social y se reflejan en el estado emocional. Qué hacer para surfear la segunda ola

Tristeza generalizada: cómo superar el mal clima social que vivimos

Las clases virtuales tienen un poco cansados a los chicos que quieren ver a sus compañeros

16 de Mayo de 2021 | 05:22
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La calidez del verano, con una curva de contagios de coronavirus mucho menor que la actual y la esperanza de volver de a poco a la normalidad con el comienzo de la vacunación contra el Covid-19 generaban un mejor semblante social: gente en las calles de cara al sol y buscando una salida a la pandemia, que no sólo golpeó la salud, sino que también perjudicó la vida social, la educación y la economía.

Los casos positivos de coronavirus se multiplicaron y volvieron las restricciones: los chicos volvieron a las clases virtuales, los comercios tienen que cerrar alas 19 y ya no se puede circular por las calles después de las 20. Menos que menos se permiten las actividades sociales y recreativas en espacios cerrados.

Casi como un déjà vu de lo que ocurría hace un año, sumado al cansancio acumulado que tenemos desde ese entonces.

La ciudad no está en su mejor momento y nosotros tampoco

Agustín (7) había ido con su mamá a comprar los útiles para empezar la escuela. Estaba ansioso, contento y con muchas ganas de ver a sus compañeritos después de casi un año de tener contacto con ellos sólo por Zoom. “A él le encanta ir al colegio, aprender cosas nuevas y este año otra vez se frustró con la suspensión de las clases presenciales. Ya el hecho de que lo separar de su mejor amigo porque quedó en la otra burbuja lo había puesto triste y con esto de tener que volver a usar la computadora todos los días no está para nada contento. para colmo tampoco puede ir a fútbol, que es otra cosa que le apasiona. Él la pasa mal y yo sufro también. Mis otros hijos son más chiquitos y tanto no padecen las restricciones por suerte”. La que cuenta la situación es María (33), la madre de este pequeño que por más que juegue con sus dos hermanos, prefiere madrugar todos los días y ponerse el uniforme para ir a estudiar.

María, además de ver la tristeza de su hijo, lucha con su agotamiento: “estoy todo el día con ellos. Muy pocas veces se quedaron con los abuelos y mi marido trabaja casi todo el día. No doy más. Por suerte trabajo en la administración pública y hago home office, pero me quedo a la madrugada conectada al sistema del ministerio, porque durante el día es imposible concentrarme con los chicos dando vueltas por toda la casa. Ni hablar que tengo que `ir a la escuela con ellos´”, bromea en referencia a que acompaña a los chicos durante las clases de Zoom de la escuela y el jardín de infantes.

Durante varias meses las plazas tuvieron sus juegos clausurados. Una imagen desoladora

“La conocemos por videollamada. Al menos ya nos reconoce la voz y se ríe cuando le hablamos”, dice Elvira (67) sobre el vínculo que construyó con su nieta Irene que nació a mediados de 2020 en Santiago de Compostela, España. “Sabíamos que no íbamos a tener una relación de abuelos como con nuestros otros nietos porque mi hija vive lejos y eligió esa vida, pero pensábamos que íbamos a poder viajar en algún momento. Entre los cierres de fronteras y la crisis económica, se nos hizo imposible. Además, recién tenemos la primera dosis de la vacuna con Néstor (70) -su marido- y nos animábamos a salir demasiado. A los hijos de mi otro hijo los vimos poco también, más que nada en el verano. Es muy triste la situación”, resume.

Si no poder ver a los amigos y seres queridos nos pone mal, el impedimento de despedirlos cuando fallecen es para muchos muy angustiante. “Siento que me faltó algo. Que no pude decirle nada, que no alcanzó con las veces que hablamos por teléfono”, explica Jorge (72) sobre su amigo de toda la vida que murió hace unos meses sin que se hiciera un velatorio como se acostumbraba antes de la pandemia de coronavirus. “Él ya estaba enfermo, pero el encierro lo bajoneó. Para nosotros, los viejos, esto es muy complicado. No podés disfrutar de los últimos días de tu vida como querés. A veces pienso que voy a hacer una vida normal y que sea lo que tenga que ser. Porque así me vuelvo loco”, agrega este jubilado que enviudó hace unos años y tenía como espacio de mayor socialización el centro de jubilados de su barrio donde compartía su vida cotidiana.

“Durante el verano me encargué de visitar, aunque sea en la puerta, a todos mis amigos. Iba casi disfrazado: barbijo, máscara y guantes. Me llevaba el mate o me compraba una gaseosa fría y charlábamos. No quiero que me pase lo mismo que con el que murió. Tengo miedo a enfermarme, pero es peor no ver a tu gente. Mis hijas vienen cuando pueden porque trabajan mucho y también tienen miedo de contagiarme. Esto ya parece una pesadilla”, se lamenta Jorge.

“No es la primera, ni será la última vez que la humanidad se enfrente a desafíos como este”

 

“Por momentos no quiero ni pensar. Ando con lo justo, haciendo malabares con la poca plata que logro juntar con las ventas que hago por internet, porque el local lo tuve que cerrar. Era imposible seguir pagando el alquiler ya que la gente compra muy poco”. Santiago (48) es uno de los tantos comerciantes que “la rema” en una economía que pareciera estar en medio de la corriente hacia una importante cascada. Tenía un negocio de ropa masculina en el Centro y ahora ofrece la indumentaria por redes sociales. En pocos meses tuvo que aprender a manejar Facebook, Instagram y poner costo a los envíos a domicilio.

Estos testimonios ejemplifican algunas de las realidades que vivimos hace más de un año. El clima pareciera no despejarse y con la llegada del otoño se instaló en la Ciudad, además de los días más frescos y los tonos ocres y rojizos en las calles, una suerte de aire social cabizbajo.

¿Cómo se puede afrontar esta realidad y no caer en el pesimismo? “Desde la perspectiva del coaching, lo que decimos y lo que nos decimos es generativo. Somos de acuerdo a como interpretamos la realidad. El ser humano se construye desde el lenguaje, tanto a nivel individual como social. Nuestra manera de afrontar la realidad, está en coherencia con nuestra actitud de vida. Y nuestra actitud de vida se construye en base a nuestros pensamientos, emociones y acciones”, explica Roxana Anahí Timo, médica (MN 8.8956) y health coach.

“Para quien tiene un propósito y sentido de vida, el futuro siempre será esperanzador”

 

La reconocida especialista indica que una buena tarea que podemos hacer frente a este panorama es hacernos algunas preguntas a diario: ¿dónde estoy poniendo mi energía y en qué aspectos de mi vida me estoy enfocando? ¿Qué me estoy diciendo frente a lo que sucede en el mundo? ¿Qué acciones llevo adelante para no caer en el pesimismo? ¿Qué aporte estoy haciendo para construir una realidad distinta?

“Por otro lado, un aspecto fundamental, es detenernos a reflexionar qué aprendizaje podemos extraer, de todo lo que está sucediendo. Y ser proactivos, más allá de las restricciones impuestas. Por ejemplo, si no podemos ir al gimnasio, ¿qué nos impide llevar adelante una rutina de ejercicios en casa? O si los chicos no puede asistir a clases presenciales, ¿cómo podemos capitalizar ese tiempo que pasamos juntos en el hogar?”, subraya Timo.

Algo de todo esto se recomendó durante 2020, cuando no se sabía cuánto iba a durar la pandemia. Ahora tampoco es que haya una fecha tentativa de terminar con el virus, pero sí se cree que hay una luz al final del camino: la vacunación del total de la población, que podría darse este año. Además, si algo hemos aprendido con esta situación, es que nada debe darse por hecho y que la capacidad de adaptación es clave, sumada a una buena dosis de paciencia.

El grado de exposición a la información y las noticias, también puede resultar negativo en este momento. “Es enorme la cantidad de estímulos que nuestro cerebro está recibiendo en torno al tema diariamente, y la mayoría son noticias alarmantes o negativas. Tanto la sobreinformación, como la desinformación, pueden generar mayor miedo, ansiedad y stress en las personas. Por eso, es tan importante tomarnos el tiempo justo y necesario para estar al tanto de las noticias, pero evitando sensacionalismos y sobreinformación”, aconseja la experta.

¿Qué hacer con el resto del tiempo?: “Enfocarnos en nuestras actividades y proyectos, cuidar nuestros vínculos, invertir en nuestro desarrollo personal, atender nuestro mundo interior y llevar adelante un estilo de vida saludable. Mas que nunca en tiempos difíciles, es clave cuidar nuestra calidad de vida”, resalta Timo.

Los adultos mayores están esperanzados con las vacunas

Por otra parte, esta médica nos invita a reflexionar sobre lo que está sucediendo, teniendo una mirada más global. “No es la primera, ni será la última vez que la humanidad se enfrente a desafíos de esta envergadura. La gran distinción con las crisis globales del pasado, es que hoy vivimos en la era de la información, en el contexto de un mundo globalizado, pero no sabemos cómo gestionar la gran cantidad de noticias y datos que recibimos. Esto le sucede a todos y genera stress y ansiedad”, dice la coach.

Eso no quita importancia a los hechos particulares que cada uno vive, como la imposibilidad de ver o despedir a los seres queridos. La idea es no ocupar la cabeza sólo con esas situaciones.

“Lo que está sucediendo hoy en día, es que tanta información y bombardeo de noticias, asociado al desgaste que genera un crisis global perpetuada en el tiempo, están sumiendo a la población en la preocupación y el pesimismo. En este sentido, los medios de comunicación tienen el gran desafío de informar con veracidad, pero también evaluando el impacto que su manera de informar está teniendo en la población. Como expresa el coaching ontológico, el lenguaje es generativo, crea realidad y construye nuestra forma de ver el mundo”, esboza la especialista y pasa a dar un ejemplo.

“Tengo miedo a enfermarme, pero creo que es peor no ver a tu gente y deprimirte”

 

“El coaching nos enseña que la perspectiva con la cual miramos la realidad habla mucho de como estamos siendo. Por ejemplo, sabemos que la tasa de mortalidad general de la infección por el Covid es menor al 1 por ciento. Sin embargo, en los medios poco se habla de la gran cantidad de personas que cursaron la infección en forma asintomática o con cuadros leves y diariamente se recupera. Todos esas personas también existen, pero el mayor foco se pone en los fallecidos. ¿Porqué no contabilizamos también a todas aquellas personas que vencieron al Covid?”, propone Timo.

En este sentido, la médica cree que hay que “aprender a convivir amable y amorosamente con las restricciones, la incomodidad, la incertidumbre o los cambios. Por otro lado, empezar a cuidar nuestro estilo de vida, comprendiendo el gran valor que representa la salud: buena alimentación y descanso, actividad física, gestión del stress, hacer todo lo posible para potenciar nuestro sistema inmunológico, cuidar nuestro universo mental y emocional: este es el enorme desafío que la vida nos está presentando hoy. Entonces, desconectemos un poco de las redes sociales y pantallas, y empecemos a mirar más hacia dentro, ocuparnos de nosotros mismos. Porque de nosotros depende que actitud vamos a asumir, como seres con libre albedrío, siempre la decisión será nuestra. Para quien tiene un propósito y sentido de vida, el futuro siempre será esperanzador. Es necesario comprender que lugar ocupamos en este escenario, asumir nuestra responsabilidad, confiar en nuestros recursos y enfrentar el enorme aprendizaje que representa esta pandemia, a nivel personal, familiar y global. Nuestra actitud frente a esta crisis es lo que hará la diferencia”.

 

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