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Séptimo Día |LOLA RANDL
La grandeza de lo ínfimo

En “El gran jardín”, la autora alemana propone un registro irónico al que manipula sin caer en lugares comunes

La grandeza de lo ínfimo

Lola Randl retrata un mundo vegetal y animal lleno de humanidad / web

Por: DANIEL KRUPA

25 de Julio de 2021 | 07:08
Edición impresa

Para empezar, una aclaración tan obvia como necesaria: efectivamente, esta novela de la hasta ahora desconocida Lola Randl versa sobre todas las idas y vueltas que puedan imaginarse en un espacio verde. No hay metáfora en el título, pero sí un sentido amplio del concepto “jardín”, que podría interpretarse en este caso como un gran ecosistema en el que se incluye, por supuesto, al género humano y toda esa larga lista de posibles interacciones sobre cualquier terreno que pise.

Ejemplo: “En alemán, ‘brote’ se dice igual que ‘pulsión’: Trieb. Una pulsión se siente como una urgencia irresistible. Las plantas y los animales no piensan en oponerle resistencia a la pulsión, mientras que el hombre posterga y transforma sus pulsiones cada vez más”. Otro ejemplo de ese ida y vuelta: “Una persona escindida es una persona que quiere diferentes cosas al mismo tiempo. Cuando estas cosas se contradicen entre sí, puede generarse un problema. Entonces, la persona se encuentra en una encrucijada. En los animales, la escisión sólo aparece por momentos y en general se resuelve rápidamente mediante una decisión. Huir, pelear o quedarse petrificados”. El último, por ahora: “El azúcar es el dinero de la naturaleza. Pero la gente prefiere prescindir del azúcar”. En pocas líneas, fotos de (esta) época.

Claro, Randl no es la primera en meterse en hacer literatura desde el jardín: desde los griegos a esta parte, se vienen ensayando asociaciones –a veces un poco demasiado libres– entre el mundo vegetal, animal y el de las personas. Uno de ellos fue el Nobel (1911) Maurice Maeterlinck, que en La inteligencia de la flores, publicado allá por 1907, sugiere: “Ese mundo vegetal que vemos tan tranquilo, tan resignado, en que todo parece aceptación, silencio, obediencia, recogimiento, es por el contrario aquel en que la rebelión contra el destino es la más vehemente y la más obstinada. (…) Veremos que la flor da al hombre un prodigioso ejemplo de insumisión, de valor, de perseverancia y de ingeniosidad. Si hubiésemos desplegado en levantar diversas necesidades que nos abruman, por ejemplo las del dolor, de la vejez y de la muerte, la mitad de la energía que ha desplegado tal o cual pequeña flor de nuestros jardines, es de creer que nuestra suerte sería muy diferente de lo que es”. En el prólogo de J.L. Borges a ese libro para su entrañable colección “Biblioteca Personal”, se lee una máxima: “Aristóteles escribe que la filosofía nace del asombro. Del asombro de ser, del asombro de ser en el tiempo, del asombro de ser en el mundo, en el que hay otros y animales y estrellas. Del asombro nace también la poesía”. Más acá, aparecen proyectos como Naturaleza moderna (editado en 2019 por el sello Caja Negra), del británico Dereck Jarman en el que el jardín como artefacto para sembrar ideas también ocupa un lugar central en el texto.

Volviendo a Randl, nacida en 1980 en Munich (Alemania), propone –de la mano de Chai, editorial cordobesa que apuesta, como ya se dijo en esta misma sección, a un catálogo de autores y autoras prácticamente desconocidos y desconocidas por estos lares, con cuidadas traducciones locales, como esta de Ariel Magnus para El gran jardín– un registro irónico que es a la literatura contemporánea lo que la harina al pan, pero que Randl manipula durante todo el libro sin caer en lugares comunes.

Más ejemplos: “El horticultor nunca puede depender de los caprichos del clima, porque agua se necesita siempre. Pero en algún momento debe darse cuenta de que en el fondo sí depende de los caprichos del clima. Un verdadero dios, tarde o temprano necesita un invernadero”.

El mundo vegetal y animal que retrata Randl está plagado de humanidad. Si bien en el texto abundan los previsibles avatares del ansiado crecimiento de tubérculos, hortalizas y animales varios, de los domesticados y de los salvajes –como el entrañable topo al que quieren exterminar–, esta autora alemana, a partir del uso de entradas que pueden llevar como título “Abejas” o “Lombrices de tierra III”, exhibe una colección de seres vivos que en una suerte de pecera también incluyen marido, amante, madre y vecinos: “Cuando llegaron los japoneses al pueblo, todo cambió. Esa no era la primera vez que todo cambiaba aquí, sino la segunda o tercera. En realidad, todo cambió cuando llegó el amante y por tercera vez cuando vinieron los japoneses”.

Randl puede ser leída a partir de esa mirada que oscila entre lo detallista y lo panorámico, entre las alas de las mariposas y la idiosincrasia pueblerina, en una asociación de ideas que decanta en un tono novedoso, cosa que siempre se celebra.

El gran jardín
LOLA RANDL
Editorial: Chai Editora
Páginas: 308
Precio: $ 1.200

 

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