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Lo que no necesitamos

Lo que no necesitamos

William Takaku (Viernes) y Pierce Brosnan (Robinson Crusoe) / web

SERGIO SINAY (*)
Por SERGIO SINAY (*)

2 de Octubre de 2022 | 08:17
Edición impresa

En octubre de 1704 el barco inglés “Cinque Ports” navegaba en el archipiélago Juan Fernández, en Chile, cuando se suscitó una discusión entre el capitán y el marinero escocés Alexander Selkirk. Todo terminó con una drástica decisión del capitán: abandonar a Selkirk en una isla desierta, en el Pacífico. El barco se hundiría poco después, mientras el marinero castigado permanecía abandonado hasta 1709, cuando otro buque, el “Duke”, lo rescató y lo llevó de regreso a Inglaterra. Muy difundido en su época, el hecho inspiró, al parecer, al escritor, periodista y activista social Daniel Defoe (1660-1731) para escribir “Robinson Crusoe”, novela que, publicada en 1719, es un clásico de la literatura universal. Defoe relata la peripecia de un marinero cuyo barco es capturado por una nave pirata portuguesa en aguas cercanas a África. Convertido en esclavo, Robinson consigue escapar con ayuda de un capitán y recala en Brasil. Allí se le presenta la oportunidad de incluirse en un barco que irá nuevamente a África en busca de esclavos. Pero este naufraga y esta vez Crusoe, como único sobreviviente, logra llegar a una isla en la desembocadura del río Orinoco, en la cual vivirá durante los siguientes veintiocho años. A lo largo de buena parte de ese tiempo se creerá único habitante de la isla y, antes de descubrir que no es así, deberá fortalecer su fe religiosa y, al mismo, tiempo abandonar sus hábitos y tradiciones para aprender a sobrevivir con lo que la naturaleza le ofrece y a tenerse a sí como único interlocutor de largos, variados y profundos diálogos interiores.

MIRAR HACIA ADENTRO

“Robinson Crusoe” se interpretó, y se sigue interpretando, desde diferentes perspectivas, que van desde una mirada sobre las consecuencias del colonialismo hasta una meditación sobre las creencias religiosas, pasando por un análisis de la relación entre el hombre y la naturaleza. Pero lo que interesa rescatar en esta oportunidad es una frase que se puede leer en una de sus páginas: “Todo nuestro descontento por aquello que no tenemos parece provenir solamente de nuestra falta de gratitud por aquello que tenemos”. De algún modo está emparentada con lo que expresaba Sócrates, uno de los padres de la filosofía occidental, trece siglos antes. El filósofo solía recorrer diariamente el concurrido y bullicioso mercado de Atenas con un único fin: “Comprobar cuán numerosas son las cosas que no necesito”.

Las conclusiones del imaginario Robinson Crusoe y del real Sócrates adquieren una poderosa vigencia en estos tiempos de extrema crisis económica y social, en las que, como el “Cinque Ports”, naufragan proyectos personales y colectivos, sueños, presupuestos familiares, emprendimientos laborales y profesionales y se hace imperioso revisar modos y hábitos de vida, restringir consumos, planificar cuidadosamente el destino de cada peso antes de que este se evapore. Como para el náufrago y el filósofo, es un tiempo en el que la realidad induce a examinar de qué disponemos, qué necesitamos, qué estamos dispuestos y qué estamos obligados a resignar. Un ejercicio recomendable en cualquier momento de la vida, aun en las épocas de vacas gordas, y que siempre es mejor acometer por elección que por obligación. Pero la vida no suele darnos a elegir cómo y cuándo escuchar sus preguntas, sino que simplemente las plantea. Y en este caso, aun cuando se trate de circunstancias difíciles, es una invitación a explorar nuestros propósitos existenciales, dónde ponemos el acento de nuestra vida, qué cosas nos distraen y alejan de esos propósitos (a menudo hipnotizándonos con promesas de placer, liviandad y hedonismo) y cuáles nos confirman en el camino hacia ellos.

A mediados de los años 70 el periodista británico Patrick Rivers estaba al frente de una publicación por la que recibía reconocimiento y muy buenos ingresos, que le permitían un alto nivel de vida. Entonces los accionistas de la empresa le comunicaron que cerrarían esa publicación y le ofrecían una opción: irse ya con doce meses de salario anticipado, o quedarse a trabajar en algún proyecto nuevo sin garantía de permanencia. Lo consultó con Shirley, su esposa, analizaron a fondo el presente y el posible futuro, y tomó la decisión de irse en aquel momento e iniciar una nueva manera de vivir, con menos obligaciones externas y más satisfacción interior, con menos consumismo y más sentido. Relata su experiencia, una verdadera revelación existencial, en el libro “Vivir más con menos” y comparte un ejercicio que le resultó transformador. “¿Por qué no da un paseo por su casa haciéndose algunas preguntas? Al adquirir todo lo que tengo, ¿hasta qué punto fueron motivos para adquirirlo la convención, la codicia o la envidia? ¿Cuántos muebles realmente necesito? ¿Qué función cumple ese mueble, y ese otro? ¿Está diseñado para contener cosas necesarias, para sostener otras, para comer y sentarse? ¿O simplemente está allí porque contiene un montón de cosas innecesarias que hace tiempo hubiera tirado si no estuvieran guardadas porque sí?”. Lo que Rivers hizo con el mueble, apenas un ejemplo de las demás decisiones que tomó para simplificar y abaratar su vida consagrándola a aquello que le permitiría conectar con el sentido de esta, puede aplicarse a muchas de nuestras posesiones, adquisiciones y hábitos sin los cuales creemos que no podemos vivir. “Si sus preguntas y respuestas son honestas y agudas, apunta Rivers, y escucha su propia voz, puede quedar sorprendido por sus respuestas y sentirse impulsado a actuar de acuerdo con ellas”. Es decir, a vivir de acuerdo con las reales necesidades y no con los deseos, con lo que necesitamos para una vida digna y no con lo que nos hacen creer que necesitamos, empujándonos a consumir por consumir y haciéndonos sentir desgraciados y miserables cuando no podemos hacerlo.

LA MADRE Y EL FILÓSOFO

También el escritor y libretista alemán Michael Korth vivió una circunstancia personal extrema que lo llevó a replantearse su modo de vivir y lo narra en un libro emparentado con el de Rivers. El de Korth se titula “Descubre cómo ser feliz con menos”. Cuando se encontró con muchas deudas y pocos ingresos dos fuentes le señalaron un nuevo camino de vida. Una fue el filósofo griego Epicteto (55-135), quien fue esclavo durante muchos años y es considerado padre del estoicismo, y la otra fue su propia madre. De Epicteto lo marcó esta frase: “No tiene sentido pasarnos la vida atormentándonos con cosas que no dependen de nuestra voluntad, como el dinero, las propiedades, el prestigio o el poder político. Si una persona es infeliz, esa infelicidad es también culpa suya”. Y de su madre Korth tomó este consejo: “Lo que no tenemos no lo necesitamos”. Él convirtió esas sentencias en una consigna que, desde entonces, aplica a su vida: “Tener lo que necesitamos, necesitar lo que tenemos”. Y en su sustancioso libro ejemplifica cómo lleva eso a su vida diaria, a la que deshojó de lo superfluo. Y conviene tomar este interrogante que propone, muy orientador hoy y aquí: ¿Mis buenos amigos, mis afectos, mis circunstancias felices, mis gratos recuerdos, los momentos en que me digo que solo por eso valió la pena vivir, los tengo por mí, por manera de vivir y actuar, o por mi dinero?

 

(*) Escritor y ensayista, su último libro es "La ira de los varones"

 

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