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Séptimo Día |NUEVOS CUENTOS
Alejandra Kamiya: la simpleza como forma de síntesis

La escritora se refirió a sus libros “Los árboles caídos también son el bosque” y “El sol mueve la sombra de las cosas quietas”

Alejandra Kamiya: la simpleza como forma de síntesis

Alejandra Kamiya despliega un lenguaje austero y preciso, con finales muchas veces inquietantes / Télam

15 de Mayo de 2022 | 04:28
Edición impresa

“Mi padre eligió quedarse en esta tierra por mi mamá, y otros motivos. Los busco. Una vez me dijo que se había quedado por el puente que está frente a la Facultad de Derecho en la avenida Figueroa Alcorta, y porque en un bosque del sur (creo que en Bariloche) los árboles que se caen no son retirados sino que se dejan para que formen parte del paisaje. Los árboles caídos también son el bosque”.

Los títulos de los últimos libros de Alejandra Kamiya despiertan curiosidad por lo filosóficos y poéticos, son frases tomadas de sus cuentos: “Los árboles caídos también son del bosque” (2015) y “El sol mueve la sombra de las cosas quietas” (2019), ambos publicados por editorial Bajo la Luna. Si bien se trata de relatos muy distintos, tanto en lo argumental como en el tono, todos comparten ser breves e intensos, con una prosa austera, precisa, con finales muchas veces inquietantes.

Leer los cuentos de Alejandra es emprender un viaje iniciático en dos sentidos; uno interior porque sus historias comparten detalles cotidianos, fotos y diálogos familiares, y también un viaje a Oriente porque encontramos las huellas de su padre japonés en esa danza de sabores con arroz, pescado fresco, espinacas con semillas de sésamo, nori y té. Japón vive en las pequeñas ceremonias, en el valor de los silencios y en una forma muy distinta a la occidental de pensar la muerte: “La idea de la muerte siempre fue muy distinta en mi casa. No era lo opuesto a la vida, sino una parte de ella”, relata Kamiya en “Partir”. En el mismo cuento hay una lista de palabras que en su casa tenían un significado distinto al que tenían afuera, como “yo, invierno, otro, sal, esfuerzo, espera, honor, abuelo, aceptar, dolor”.

LA NATURALEZA

La naturaleza está muy presente en los cuentos; los árboles, el bosque, los pájaros. Y también el tiempo, el viento, el rocío, las tormentas. “Cuando entra al bosque siempre siente que vuelve a algo. Aún hechos de diferentes plantas, todos los bosques son el mismo bosque”, narra Alejandra en “El pozo”.

Kamiya nació en Buenos Aires en 1966. Se formó en el taller de Abelardo Castillo entre 2009 y 2014. En la actualidad dicta talleres literarios y escribe artículos de crítica literaria en la revista “La otra parte”, de Marcelo Cohen. Sus cuentos forman parte de las antologías “Por favor sea breve” (Editorial Páginas de Espuma, España), “Los que vienen y los que se van” (Editorial Fundación El Libro, Buenos Aires) y “Bailarinas” (Editorial Desde la Gente), entre otras. Publicó “Los restos del secreto” (Editorial Olmo, Buenos Aires), “Los árboles caídos también son del bosque” (2015) y “El sol mueve la sombra de las cosas quietas” (2019), ambos en editorial Bajo la Luna. Recibió numerosos premios, entre ellos el Premio Feria del Libro de Buenos Aires (2008), Premio Fondo Nacional de las Artes 50 Aniversario (2009), Premio Horacio Quiroga (Uruguay, 2012) y Premio Unicaja (España, 2014).

Los relatos de Kamiya también son “espantosamente bellos”, como describe el padre en “Partir”. Los oxímoron abundan, ese recurso de contrapuestos que generan tensión y disparan poesía: “Y la flor, abierta como una boca que grita. Muda de sentido en su belleza”, dice en “Desayuno perfecto”. En “El último paseo” leemos: “Pero la belleza trae, como todas las cosas, inevitablemente atada a ella, su sombra”.

Las palabras, la gestualidad y los silencios se hacen tangibles; en “Arroz” cuando la protagonista dialoga con su padre, “las palabras van formando pequeños montículos que lentamente se transforman en montañas. Entre una y otra hacemos silencios largos: valles en los que pensamos como si anduviéramos”. En “La oscuridad es una intemperie” la autora narra: “Más tarde descubrí que esa sería la forma de todas nuestras conversaciones: un círculo (…) Eso dibujaban nuestras palabras al conversar”.

INFLUENCIAS

Según la autora, todos los libros que leyó la han influido. “No sólo los libros –aclara-, también las películas, otras formas de arte, conversaciones, viajes. Soy muy permeable. Empecé a hacer taller con Inés Fernández Moreno y muy pronto ella me indicó que pasara al taller del que había sido su maestro: Abelardo Castillo. Inés fue una especie de invitación amable, Castillo fue la exigencia de un compromiso, o al menos, la exigencia de tomar una decisión con respecto a ese compromiso con la literatura”.

En “Elefantes”, uno de los cuentos más conmovedores de su último libro “El sol mueve las cosas de las cosas quietas”, también se encuentra con su padre, y están presentes la memoria y los recuerdos que habitan a los objetos: “Había una pequeña caja de plata, un elefante de piedra, dos copas de cognac, libretas a medio escribir. Me di cuenta de que los recuerdos son el alma de las cosas. Sin mi padre todo aquello no era más que basura”. Kamiya crea con las palabras justas un estilo magnético y sorprendente. Leerla es ingresar en un nuevo universo literario, inaugurar una mirada, redescubrir lo simple, llegar al hueso, a las raíces y conmoverse con eso.

 

Los árboles caídos también son el bosque
KAMIYA ALEJANDRA
Editorial: Bajo la luna
Páginas: 128
Precio: $1.250

 

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