La mansión de Shakira y Piqué no se vende, y el ex futbolista se pone nervioso. Él quería bajar el precio a la mitad, pero ella quiere los 14 millones (y molestar a su ex), así que allí sigue la casa de Barcelona. Mientras tanto, los dos la usan bajo ciertas condiciones: nunca coinciden en el lugar, y cuando la colombiana, que vive en Miami con sus hijos, visita Barcelona y va a la casa, hace que los empleados tiren las sábanas, los almohadones y todo lo que Clara Chía, noviecita de Gerard, haya tocado. Todo lo de Clara Chía se va a la basura.
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